Los Carrillo Fuentes, la historia de un secuestro planeado

Culiacán, Sin.-La detención de uno de los involucrados en el secuestro del empresario restaurantero Ernesto Alonso Valdez Solano llevó primero a la captura de Jaime Eduardo Quevedo Gastélum y dos de sus escoltas, quienes habrían confesado que la víctima –con seguridad- ya había sido asesinada.

La Procuraduría General de Justicia del Estado emitió 24 horas después de la balacera en el fraccionamiento San Carlos la versión oficial de los acontecimientos.

Marco Antonio Higuera Gómez, procurador de Justicia, narró los hechos que culminaron con la muerte de Valdez Solano, la de dos presuntos secuestradores y el arresto de cuatro implicados.

Los detenidos son: Luis Alberto Pérez Jacobo, Jaime Eduardo Quevedo Gastélum y/o Jaime Eduardo Carrillo Quevedo (hijo de Rodolfo Carrillo Fuentes), su primo Miguel Ángel Castillo Carrillo (hijo de Luz Berthila Carrillo Fuentes, dueña de una tienda de pinturas en Navolato), y Nelson Quintero González.

Además, también están bajo arresto Juan Luis Castro Godoy y José de Jesús Sosa Paredes, que participaron al momento de la privación de la libertad del empresario.

Según la PGJE, Miguel Ángel y Nelson Quintero nada más fungían como escoltas de Jaime Eduardo, por lo que no fueron puestos a disposición por secuestro, sino por portación de armas de fuego.

Jaime Eduardo declaró a los oficiales que cuando nació, su padre Rodolfo Carrillo Fuentes y su madre Giovanna Quevedo Gastélum, decidieron que llevaría los apellidos de soltera de su mamá, para no tener problemas al momento de marchar a Estados Unidos y pasar desapercibido.

 

La historia “oficial”

Todo comenzó ayer después del mediodía, según Higuera Gómez. Elementos de la Unidad Especializada Antisecuestros lograron detener en un departamento del Tres Ríos a Luis Alberto Pérez Jacobo.

Esta persona rentó el inmueble días atrás para mantener vigilada a la víctima, a quien algunos de los involucrados conocían. Sin embargo, el procurador no aclaró de dónde conocían a Valdez Solano.

Desde el 9 de abril pasado, el hijo de El Rodolfillo y otro de sus cómplices comenzaron a seguir a Ernesto Valdez. Fue hasta el 11 de abril en que se decidieron a cometer el plagio, llevándolo a cabo durante la madrugada cuando la víctima arribaba a su domicilio en Bonanza, ubicado en el sector Tres Ríos.

Fueron tres los sujetos los que cometieron el secuestro y para ello usaron un automóvil Toyota Corolla.

Una vez en cautivo, la banda entabló comunicación con la familia para pedir de rescate la cantidad de 70 millones de pesos. Las negociaciones comenzaron así como la participación de la UEA.

Nueve días después, y sin revelar cómo, los agentes detuvieron a Pérez Jaboco en el departamento cercano al domicilio de Valdez Solano. Él confesó dónde se encontraba el líder de la célula, Jaime Eduardo Quevedo.

El también sobrino de El Señor de los Cielos estaba con sus escoltas en una casa de la privada Las Nubes, ubicada cerca del hotel Lucerna.

De Bonanza a Las Nubes son unos cuantos minutos. Al llegar la UEA capturó a Jaime Eduardo y a sus dos escoltas, su primo Miguel Ángel y Nelson Quintero.

Higuera Gómez aseguró que portaban armas, sobre todo fusiles AR-15 y usaban un automóvil Mustang color blanco para moverse.

Los minutos pasaban. Jaime Eduardo y Pérez Jacobo confesaron que a Ernesto Valdez lo tenían en una casa de seguridad de San Carlos. Allá estaban tres sujetos con ellos.

El fiscal mencionó que también un individuo de nombre José de Jesús Sosa Paredes, quien participó en la privación de la libertad, se encuentra detenido, pero no lo presentó en la conferencia de prensa.

Una vez con la información de dónde se encontraba la víctima, los agentes antisecuestros se dirigieron hacia Cañadas. Los detenidos lo advirtieron: a estas horas ya debe estar muerto.

Higuera Gómez justificó la irrupción de las corporaciones policiales en la vivienda de Sierra Tarahumara debido a que se contaba con la posibilidad de que Ernesto Valdez ya había sido asesinado.

 

La balacera

La UEA sabía que en la casa 165 de la Sierra Tarahumara estaban acantonados al menos tres plagiarios muy bien abastecidos con armas de fuego. Camino del Tres Ríos solicitaron refuerzos. Llegaron junto con ellos patrullas de ministeriales y dos camionetas blindadas tipo Tiger.

Fue antes de las 15:00 horas en que rodearon el domicilio. Pidieron a los atrincherados que se entregaran por las buenas. Según esto, se negaron y respondieron con plomo.

Los vecinos de San Carlos y Cañadas enloquecieron. Algunos otros, más arrojados, comenzaron a grabar y tomar fotografías desde donde podían. Simultáneamente en redes sociales se reventó la noticia.

La balacera se dejó escuchar con estruendo por entre los cerros urbanizados. A la zona comenzaron a llegar decenas de patrullas de estatales, municipales, militares y marinos.

Implementaron un cerco por varias cuadras, impidiendo el paso a los transeúntes y automóviles. Los vecinos cercanos se encerraron llaves adentro.

Mediante altavoces pidieron a los plagiarios que se entregaran. Respondieron con más plomo. La casa fue infestada con gases lacrimógenos.

La madre de uno de ellos habló por celular, pidió a su hijo que se entregaran. Nada más uno de ellos se entregó. Los otros dos quedaron perforados por las balas. Al entrar al inmueble, Ernesto Valdez yacía sin vida en el baño.

Según el procurador, el análisis de necropsia arrojó que fue asesinado entre la 1:30 y las 2 de la tarde. Es decir, antes del inicio del operativo. Al menos esa es la versión oficial. No hubo rescate fallido porque la víctima ya había sido privada de la vida, justificó el fiscal.

Adentro quedaron los cuerpos de Jorge Joel Echeverría Portillo y Cristian Paúl Benítez, dos de los tres que dieron guerra a los policías.

 

Sin entrega de rescate

Higuera Gómez afirmó que no se entregó ningún peso de los 70 millones que se pidieron, y que una vez con el líder de la banda detenido se dirigieron a Cañadas para ubicar el domicilio donde estaba la víctima.

Calificó a la célula como una banda dedicada al “secuestro y homicidio” pues su modus operandis era plagiar y una vez con el dinero del rescate en su poder matar a la víctima.

Al menos así habían actuado en otros dos casos con los que fueron vinculados los detenidos, en especial el hijo de El Rodolfillo.

Para cometer los secuestros se valían de un armamento sofisticado que incluía AR-15, aditamentos especiales, equipo táctico, fusiles automáticos, pistolas, etcétera. De hecho, en la casa de San Carlos fue encontrado un arsenal bastante grande.

El primer secuestro con el que se les vincula es el de Antonio Quevedo Barrero, abuelo de Jaime Eduardo Quevedo Gastélum. Secuestró a su propio abuelo por quien pidió de rescate 400 mil pesos.

A él no lo mató, pero sí a la persona que fue a dejar el dinero.

El segundo secuestro es el de un vecino de Guasave que mantuvieron cautivo en la comunidad de Los Pochotes, Navolato. Por él soltaron dos millones de pesos. Una vez con el dinero en sus manos mataron a la víctima y a la persona que entregó el rescate.

 

Martín Durán/La Pared

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