Culiacán, Sin.- La incertidumbre colectiva que se apoderó de Culiacán el pasado 18 de junio llegó a su fin, pero no de la forma en que la memoria urbana lo anticipaba.
Los restos óseos localizados en las inmediaciones de la presa derivadora, a un costado del emblemático Puente Negro, no pertenecen a una vieja tragedia del clima, sino a un drama humano mucho más reciente.
Las pruebas de ADN confirmaron que la osamenta corresponde a Jesús Octavio Cázares Morán, un vigilante de 56 años que estuvo desaparecido durante 147 días.
El hallazgo, ocurrido minutos antes de las 18:00 horas gracias a un reporte anónimo al 911, desató de inmediato una ola de rumores entre los culichis.
Por la ubicación geográfica y el estado de los restos, las redes sociales y las conversaciones de pasillo no tardaron en revivir un fantasma del pasado: Doña Carmelita, la mujer de la tercera edad que en 2018 fue trágicamente arrastrada por la corriente de un arroyo durante las severas inundaciones de la depresión tropical 19-E.
Durante horas, los lectores devoraron las noticias con la sospecha de que el río finalmente había devuelto a la anciana.
Sin embargo, la ciencia forense del Servicio Médico Forense (Semefo) trazó una línea del tiempo muy distinta.
No eran ocho años de espera; eran poco más de cuatro meses.
Jesús Octavio era buscado desde las primeras horas del 22 de enero de 2026.
Aquella madrugada se le vio por última vez en las calles de la colonia Centro de Culiacán. Vestía su uniforme de trabajo: una camisa blanca de manga corta con un logotipo empresarial, pantalón de vestir y zapatos negros.
Sobre su pecho colgaba un escapulario de madera; en su cuerpo, las señas particulares que su familia memorizó para la ficha de búsqueda: una cicatriz de apendicitis y un pequeño tatuaje con la letra “A” en el brazo derecho.
La mañana de este miércoles, una vez concluido el minucioso proceso de confronta genética, la Fiscalía General del Estado entregó los restos a la familia Cázares Morán.
Mientras los deudos se preparan para darle sepultura y cerrar un ciclo de angustia, las autoridades mantienen abierta la carpeta de investigación.
El misterio sobre la identidad se ha resuelto, pero la pregunta de qué le ocurrió al vigilante del Centro de Culiacán sigue flotando bajo las sombras del Puente Negro.
Redacción/LaPared