LAS BRUJAS DE QUIRINO ORDAZ

Editorial

 

No hace falta una cacería de brujas, sino una donde se vaya detrás de los corruptos y se les aplique la ley, así de simple, algo que el señor gobernador todavía en turno no pudo hacer en torno a las corruptelas que lo antecedieron ya sea por política chicharronera, por pactos en lo oscuro, por quedar bien, o por sin y sencilla dejadez burocrática.

Si en el arranque del sexenio de Mario López Valdez las esperanzas cayeron a los suelos, téngase la próxima administración de Quirino Ordaz Coppel como una en donde la transparencia y la justicia no encontrarán un asidero benigno para una sociedad agraviada.

Lo que menos se mira ahora, de cara a esta dura y costosa transición iniciada este 1 de diciembre, es que la política del gobernador entrante sea diferente. ¿Podrá con el paquete más allá de la disputa por los huesos del gabinete? ¿Por qué tan de ahora tanta fila de aprontados? ¿Se atreverá a dar un golpe de timón para realmente dar paso a un Sinaloa con mayor estabilidad social, económica y de seguridad?

Al final, la estampa que nos ofrecen los días pasados es que Quirino está cediendo a la presión de los grupos de poder en el interior del PRI; de las filas del malovismo reclaman sus triunfos  y su derecho a la permanencia (“vivir fuera del presupuesto es vivir en el error”), y los otros calladitos solo esperan en ser llamados como si su sola ineficiencia bastara en un sistema sacralizado por la simulación y la tradición, las nóminas abultadas y las ganas de joder al pueblo.

Desde este espacio se ha percibido cómo la fauna de compañía del nuevo gobierno se frota las manos y mira con desprecio a los que se despiden de manera impune. (En las fotografías salen abrazados.)

Pero ojalá –por qué nadie conoce el fondo absoluto del sino de los hombres-, y nos equivoquemos en estos pronósticos tan funestos, y el de Quirino sea un gobierno que realmente busque la transparencia, que le dé certeza a los ciudadanos en la políticas públicas que desarrollará y que aplique candados rigurosos en el manejo de los recursos públicos. Ya es una obligación.

Durante la campaña los priistas lo presumieron como buen administrador al ahora gobernador electo, que con Jesús Aguilar fue muy eficiente. Y esperemos que eficiencia no conjugue con los apetitos de enriquecerse de sus colaboradores.

En la administración de López Valdez fueron muchos los dislates y despropósitos que cometió Armando Villarreal Ibarra en la Secretaría de Finanzas, por decir algo; el mochiteco simple y sencillamente no sirvió, fue mal administrador. Y no fueron las heladas ni la recesión económica ni ninguna otra hecatombe, sino sus pocas miras, su escaso talento para llevar la batuta de los dineros públicos. Punto.

Villarreal Ibarra aplicó aquella sentencia de Juárez, en el sentido que solo ayudó y benefició a los suyos, a los cercanos a su jefe y a todo aquel que López Valdez le ordenara que le abriera la chequera; los demás a la fila y aguántense, ya se fregaron. Se dedicó a tapar hoyos, a cerrar otros, pero no a invertir en lo urgente y necesario.

Como el caso de las becas de manutención de los estudiantes, un tema que debería ser prioridad a diferencia de las toneladas de dinero que se gastaron en publicitar un gobierno hueco, superficial y frívolo. ¿Ese es el trato a los jóvenes estudiantes que con esfuerzo se quieren abrir paso en este glorioso estado mexicano? Solo, como ya dijimos, por dar un ejemplo. ¡Viva la bonanza del malovismo!

 

Editorial y cartón publicado en la edición impresa de LA PARED número 15*

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