Si en el sentido aristotélico el hombre es un animal político, el exgobernador Juan Millán es uno de esos animales políticos que se han fraguado una leyenda negra que tiene la astucia de un zorro y el sigilo de un animal de presa; por mucho es uno de los que, sin ostentar un cargo real, influyen en el ánimo y hasta toda una hermenéutica del gesto y la frase se ha elaborado en torno a las señales que suele enviar. Es el Juan Millán de los hilos del poder.
Francisco de Asís Solís R.
Conocer a fondo al exgobernador de Sinaloa, Juan S. Millán Lizárraga, es difícil. Es hombre de pocas palabras y hábil en las negociaciones políticas. Ha influido en la designación de los tres últimos gobernadores, y aunque digan que en este último fue la mano David López Gutiérrez, la sombra de Millán gravita en la designación.
Ni Jesús Aguilar Padilla, Mario López Valdez y Quirino Ordaz Coppel pueden escapar a la influencia de Millán.
Desde sus inicios en la era sindical y política en el STIRT, como locutor de la XECQ de Culiacán, enseñó talento y disciplina con sus amigos Alfonso G. Calderón con quien trabajó en la Dirección de Tránsito y Transportes y Fidel Velázquez Sánchez, líder eterno de la Confederación de Trabajadores de México que lo impulsó para que llegara a la gubernatura de Sinaloa que ocupó de 1998 a 2004 con aciertos y desaciertos.
Para llegar a la candidatura, Maquiavelo de por medio, Millán dio dotes de sus estrategias para robarle el queso a la zorra.
El inicio del político
El locutor y maestro de historia nació el 15 de junio de 1943 cuando se asomaba la terrorífica Guerra Mundial que lideraron los alemanes al mando de Adolf Hitler y que terminaron por perder con la alianza de decenas de países de los cinco continentes entre ellos Inglaterra, Rusia, Francia, Estados Unidos, entre otros.
Hitler cometió el genocidio de judíos y otras razas que solo recuerdan con odio y en esos años el inocente niño Juan S. Millán creció entre El Rosario, Sinaloa, y Mexicali, Baja California, al lado de sus padres el empleado de correos, Enrique Millán y su esposa Lucía Lizárraga, una ilustre maestra de primaria que inculcaron muchos valores en el que llegaría a ser gobernador de Sinaloa, tras haber sido senador de la República Mexicana.
Salido de las filas del Partido Revolucionario Institucional -PRI- del cual fue secretario general del CEN del 19 de agosto de 1995 al 10 de septiembre de 1997. Antes, en 1989, había renunciado a la presidencia del CDE del PRI en Sinaloa al no admitir la derrota ante el PAN y su candidato Humberto Rice en Mazatlán y ganar apretadamente Culiacán con el Ingeniero Lauro Díaz Castro.
Eso fue como una bofetada al entonces gobernador Francisco Labastida Ochoa que había negociado junto a Gobernación en quedarse con Culiacán donde supuestamente perdió Rafael Morgan Ríos y en el bello puerto de Mazatlán, hicieron perder a Raúl Cárdenas Duarte.
Un enroque que solo entre panistas y priistas se ha dado. Labastida siempre ha respetado a Millán pero no lo tenía contemplado para ningún puesto en caso de haber ganado las elecciones presidenciales de 2000 ante Vicente Fox del PAN. Un regular empleado de le empresa Coca Cola que venía cada semana a Culiacán a ver a una novia con la cual sostenía relaciones sentimentales pero la exigente dama lo rechazó y casi se volvía loca cuando supo que iba a ser presidente de México.
EL SUSTO DE SU VIDA
EL 12 de diciembre del 2000, en un mini jet de 12 plazas junto a su secretario general de gobierno y su jefe de Comunicación Social, Rossy Lizárraga Félix, y otros funcionarios de su gabinete partieron de Mazatlán rumbo a Los Mochis, y unos kilómetros antes de sobrevolar la sindicatura de Pueblos Unidos, la aeronave empezó a fallar.
Un poco inquieto pero sin proferir ninguna palabra, Millán Lizárraga, se levantó de su asiento. Uno de los pilotos el Capi Salomón avanzó hacía él y le ordenó sentarse.
“¡Siéntese, señor gobernador, no pasa, ni pasará nada grave!”
En esos momentos uno de las turbinas tronó sin causa aparente. No estaba nublado ni menos con neblina.
Unos dos minutos después, tronó la otra. Todos, menos Millán, empezaron a orar en silencio. Sin embargo se acordó de Dios y algunos errores que como todo humano había cometido como el ser infiel a su esposa María Guadalupe Piestch, una fina dama que en su juventud vivía en la Colonia Guadalupe y visitaba la famosa Refresquería Los Rebeldes de gratos recuerdos.
Ruun, ruun, sonaba el mini jet y de repente una de las turbinas empezó a funcionar como un milagro que nadie esperaba y el audaz piloto y su copiloto lograron aterrizar de emergencia en la carretera que conduce al Corazón cerca de Quilá. Se dice que Rossy Lizárraga era la más católica y le pidió a Dios que la nave no se estrellara y se le concedió.
Al bajar de la aeronave Juan S. Millán le dijo: gracias Rossy, y acto seguido la abrazó en forma serena.
Entonces al recordar Millán que había prometido en su campaña hacia la gubernatura construir un templo católico en Pueblos Unidos donde se iba a estrellar el mini jet, ordenó en esos instantes que se construyera el sacro lugar.
Y… ,la pesadilla finalizó.
JSM EN EL PRESENTE
Dos años antes de que terminara la gestión de Mario López Valdez, en uno de los cuatro restaurantes que acostumbra visitar y que no revelamos por cuestiones de ultra seguridad le comentaba a una dama de sus confianzas que Malova terminará con mucha deudas y posibles desfalcos.
Juan Millán tiene decenas de reporteros a su servicio pero sus favoritos a quienes considera sus amigos son: Francisco Arizmendi Martínez, un joven originario de El Fuerte, Sinaloa, que empezó su carrera periodística en Noroeste y el defeño Javier Cabrera Martínez, también egresado de Noroeste, pero que ahora es corresponsal del periódico El Universal con circulación nacional. Ambos Francisco Arizmendi y Javier Cabrera colaboran en la mesa de análisis del cerrojo de Línea Directa, un sistema de noticias de conocido grupo radiofónico propiedad de Manuel Pérez, exdirector del PIDS.
Antes apoyaba a Carlos Velázquez, Isaías Ojeda y Arturo Reyes Razo, pero los sacó de sus favoritos, aunque con los dos últimos sigue como amigo y con el primero prefiere una sana distancia, según fuentes confiables.
Carlos Velázquez también llegó del Distrito Federal e inició su carrera en el hoy desaparecido Diario de Culiacán en la página deportiva y fue el primero en escribir la columna Diálogo Deportivo que retomó en los ochentas este reportero y que ha tenido mucho éxito.
A Millán le gusta comer con Arizmendi, que lo hace reír por sus ocurrencias oportunas sin llegar a bufón y Cabrera, lo mantiene informado de las principales noticias a nivel nacional. Arizmendi también sabe dar buenos consejos o sugerencias cuando deja de lado sus chistes o anécdotas.
Desde el año 2003, Juan S. Millán dejó de jugar baloncesto el deporte de su vida por dos serias lesiones y por recomendaciones médicas. O jugaba o quedaba en silla de ruedas. Prefirió gobernar Sinaloa sin ir a jugar al Parque Revolución.
Ese Parque Revolución que luego se convirtió en el polideportivo Juan S. Millán el 22 de diciembre de 2013 en un magno evento.
Ya divorciado de Lupita su esposa, Juan Millán gusta de comer en restaurantes de comida china, carnes y mariscos y se recuerda cuando en el Restaurante El Farallón destapó a Mario López Valdez como candidato del PAN, PRD y otros partidos dejando de lado al PRI que luego al empresario de la carne, Jesús Vizcarra Calderón, quien perdió las elecciones.
Y es que Jesús Aguilar Padilla su relevo en la gubernatura rompió el pacto de que el diputado federal, Abraham Velázquez Iribe fuera el candidato y se inclinó por Jesús Vizcarra por cuestiones de sociedad empresarial.
Ahora con Quirino Ordaz Coppel se reúne como amigos a comer, mientras mueve las redes del poder, cauto y en silencio.
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