El fin de “El Texas” en Culiacán: De controlar Badiraguato a ser abatido en un departamento como operador de Los Chapitos tras ser cercado

Culiacán, Sin.- El fuerte despliegue militarizado en el complejo Paralela Parque Residencial no solo dejó cuatro detenidos y un arsenal asegurado; también significó el fin de uno de los objetivos prioritarios de la delincuencia organizada en la capital.

Las autoridades confirmaron que el hombre abatido el día de ayer martes en el departamento del sector Infonavit Humaya era Cristhian Guadalupe, de 36 años, alias “El Texas” o “El 01”, un escurridizo comandante de la facción de “Los Menores” (Los Chapitos). Sin embargo, fuentes federales de La Pared revelaron que la verdadera identidad detrás de este operador responde al nombre de Raúl Payán.

De la sierra al asfalto: El repliegue por la guerra interna

Para los aparatos de inteligencia, el historial de “El Texas” arrastraba un perfil de alta peligrosidad que recientemente se había visto sacudido por la violenta reconfiguración del mapa delictivo en Sinaloa.

Originario y con un fuerte arraigo operativo en la sierra de Badiraguato, Payán se había consolidado como un jefe de sicarios clave.

Sin embargo, con el estallido de la guerra interna contra la facción de “Los Mayos”, el escenario cambió drásticamente para él. El territorio serrano que controlaba en Badiraguato fue tomado por células rivales aliadas, específicamente por la estructura de “Los Músicos” (operadores de “El Mayo” Zambada) y gente de los Beltrán Leyva (“Los Isidros”).

Esta fuerte embestida armada obligó a “El Texas” y a su gente a replegarse y desplazarse de la sierra, buscando refugio en la zona de Limón de los Ramos y en el casco urbano de Culiacán, desde donde intentaba reorganizar sus filas y contener el avance enemigo.

El antecedente en Cantabria y el cerco final en el Humaya

Para “El Texas”, el sector Humaya no era un escondite fortuito, sino el destino que le había quedado debiendo el pasado operativo. Su nombre ya cargaba con la leyenda de haber burlado a la muerte en un sangriento antecedente criminal: la incursión armada registrada en un rancho propiedad de Jesús Alfredo Beltrán Guzmán, alias “El Mochomito”, ubicado precisamente en su zona de repliegue en la comunidad de Limón de los Ramos.

En aquella ocasión, un comando fuertemente armado sitió la propiedad e incendió la vivienda. Con la astucia de quien conoce las rutas de escape, el comandante logró escurrirse entre el fuego con vida, dejando atrás los cuerpos caídos de sus jóvenes acompañantes.

Esa suerte lo acompañaría también durante el fuerte operativo federal desplegado previamente en el fraccionamiento Cantabria, al norte de la ciudad.

En ese sitio, las fuerzas de seguridad cercaron la zona y se desató un feroz enfrentamiento donde los jóvenes gatilleros que lo escoltaban terminaron abatidos en el lugar.

Mientras sus acompañantes caían bajo las balas oficiales, “El Texas” logró escabullirse una vez más entre los techos y los patios de la privada, consolidando su mito de ser “intocable”.

Sin embargo, el asedio que terminó con su vida el pasado martes cortó su racha. El despliegue fue detonado por una denuncia anónima que alertó a las fuerzas de seguridad sobre la presencia de civiles fuertemente armados.

La veloz captura de sus primeros cuatro subordinados en el estacionamiento del residencial Paralela fue apenas el prólogo de la tarde.

Con el asfalto bajo control, el Grupo GOES de la Policía Estatal y el Ejército Mexicano sellaron el perímetro en el bulevar José Limón y la avenida República de Brasil.

Durante dos horas, los agentes de élite recorrieron los pasillos midiendo el peligro puerta por puerta, hasta llegar al departamento donde se atrincheraba el líder criminal, quien de forma estratégica mantenía un domicilio temporal en el fraccionamiento Altamira.

Esta vez, las rutas de escape se le cerraron por completo. Al notar la proximidad de las botas militares en el pasillo, el sospechoso rompió el asedio disparando a matar para intentar abrirse paso.

La respuesta de las fuerzas del orden fue fulminante: un intercambio de fuego directo que terminó en segundos, dejando al presunto capo tendido sin vida en el suelo del inmueble.

Tras el cese al fuego, las autoridades desenterraron el arsenal de guerra que custodiaba en el sitio. El inventario criminal de la jornada cerró con el decomiso de una ametralladora calibre 5.56 milímetros, siete fusiles de asalto, dos granadas de fragmentación listas para la acción, cuatro chalecos tácticos, seis placas balísticas y 42 cargadores. Asimismo, se contabilizaron 3 mil 461 cartuchos útiles de diversos calibres —destacando 91 letales proyectiles calibre .50 diseñados para perforar blindajes pesados— junto a 100 dosis de presunta cocaína.

Abajo, en los cajones de estacionamiento, quedaron asegurados los vehículos en los que planeaba emprender la huida: una camioneta SUV BYD y una Jeep Cherokee modificada con blindaje artesanal.

Tanto los cuatro detenidos como el armamento de alto impacto fueron puestos a disposición del Ministerio Público Federal, mientras la Fiscalía General de la República (FGR) mantiene abierta la carpeta de investigación en torno al fin de uno de los pilares que intentaba resistir la guerra en el norte de la capital.

Por Redacción La Pared

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