Culiacán, Sin.- El aula del tercer grado, grupo A, de la Escuela Secundaria Técnica No. 19 (ETI 19) nunca volverá a ser la misma.
La mañana de este martes, el vacío en uno de sus pupitres se transformó en un silencio denso, doloroso y ensordecedor. Christopher Yahir Verdugo García, de apenas 14 años, ya no llegó a clases.
Su vida, llena de sueños, exámenes por presentar y un futuro entero por construir, fue arrebatada de forma abrupta y violenta en la cochera de su propio hogar, en el fraccionamiento Los Girasoles.
El eco de las ráfagas de fuego no solo sacudió las calles de Culiacán; perforó directamente el corazón de una comunidad escolar que hoy se encuentra doblemente rota, sumida en una pesadilla que parece no tener fin.
Y es que la tragedia no es nueva para esta institución. La pérdida de Christopher Yahir ocurre en la misma comunidad educativa donde también impartía clases el maestro Adelaido Andrey, el querido docente de filosofía y escritor de 35 años que recientemente fue asesinado a balazos el pasado 2 de mayo en la colonia Pedregal del Humaya.
Hoy, las aulas de la Técnica 19 no solo extrañan la lucidez de su maestro, sino también la sonrisa inocente de uno de sus alumnos.
Christopher no era solo una cifra en la fría estadística; era un hijo, un amigo y un compañero que hoy deja un hueco imposible de llenar.
A través de un emotivo comunicado oficial, las autoridades del plantel, maestros y alumnos expresaron la profunda herida que este crimen ha dejado:
“La comunidad educativa de la Escuela Secundaria Técnica No. 19 expresa su más sentido pésame por el sensible fallecimiento de nuestro alumno Christopher Yahir Verdugo García… Nos unimos a la pena que embarga a su familia, amigos y seres queridos, deseándoles fortaleza y consuelo en estos difíciles momentos. Su recuerdo vivirá siempre en nuestra comunidad. Descanse en paz”.
Este “lunes negro” quedará marcado como el día en que la violencia tocó la puerta de los más jóvenes.
Mientras Culiacán padece una de sus rachas más oscuras, los maestros se enfrentan al dolor insoportable de recordar a un colega caído y, al mismo tiempo, buscar palabras para explicarle a un grupo de adolescentes por qué uno de sus compañeros ya no regresará a sentarse a su lado.
El recuerdo de Christopher Yahir y del maestro Adelaido permanece vivo, mientras una exigencia silenciosa de paz y justicia se levanta desde cada rincón de la escuela.
Redacción/LaPared