Culiacán, Sin.- Correr tras el balón, gritar un gol y sentir la fresca de la tarde. Ese era el cuadro ordinario en la cancha de fútbol rápido de la colonia Plutarco Elías Calles este miércoles antes de las siete de la noche.
El espacio desbordaba vida: niños persiguiendo la pelota entre las calles Hilario Medina y Lic. Enrique Pérez Arce, entrenadores dando indicaciones y padres observando desde la orilla bajo un cielo crepuscular.
Pero en Culiacán, la normalidad es un cristal sumamente frágil. En un parpadeo, la cotidianidad más pura fue arrebatada por el horror.
El estruendo seco e inconfundible de los fusiles de grueso calibre rompió el aire. No era un eco lejano; las ráfagas resonaban con fuerza en los alrededores.
Un video captado en el lugar expone la dolorosa realidad de una ciudad donde la violencia se ha apoderado por completo de los espacios públicos, devorando la inocencia de quienes solo buscaban recreación.
El juego se congeló. Ante el peligro inminente, los gritos de los entrenadores funcionaron como un resorte de supervivencia: los niños, con sus uniformes deportivos puestos, se lanzaron de inmediato pecho a tierra sobre el césped sintético.
Permanecieron ahí, inmóviles, pegados al suelo y con el corazón acelerado, escuchando el metal de los proyectiles mientras esperaban que el infierno cesara.
La balacera que desató el pánico colectivo ocurría a unos metros de ahí, a espaldas de una farmacia sobre el bulevar Benjamín Gil, entre el andador Enrique Pérez Arce y el bulevar Las Torres.
En ese punto, un grupo de sujetos armados descargaba decenas de balas contra la fachada de una vivienda, mostrando un absoluto desprecio por la vida de los menores y las familias que se encontraban a un costado.
Tras minutos de angustia que saturaron las líneas del 911, la escena del ataque fue cercada por un fuerte contingente del Ejército, la Guardia Nacional y policías estatales.
Las autoridades confirmaron que, milagrosamente, no hubo personas heridas ni fallecidas en la cancha; el saldo se redujo a severos daños materiales en la fachada afectada y a una profunda herida en el tejido social de una comunidad que ya ni en las canchas encuentra tregua.
Por Redacción / LaPared