Ciudad de México.- El eco de los pasados compartidos suele alcanzar a la política en los momentos menos pensados. Esta mañana, el ambiente se tornó denso en torno a Alfonso Durazo Montaño.
Los persistentes reportes sobre la presunta revocación de su visa estadounidense encendieron los micrófonos de la prensa, pero ante la insistencia de los reporteros, la respuesta fue un silencio hermético y la rotunda negativa a mostrar el documento.
El viento de la sospecha, sin embargo, ya soplaba con fuerza, trayendo de vuelta un viejo lazo infantil que une a la familia del actual gobernador de Sonora con el entorno más cerrado de Ovidio Guzmán López.
Hay registros que el tiempo no logra diluir. Como se ha documentado a través de anuarios e imágenes de la época, Alfonso Durazo Chávez, hijo compartió aulas y patio de recreo con el hijo de Joaquín “El Chapo” Guzmán.
Ovidio Guzmán formó parte de las generaciones 1998-1999, 1999-2000 y 2000-2001 en el exclusivo Colegio CEYCA, una institución de los Legionarios de Cristo empotrada al sur de la Ciudad de México. En esos mismos pasillos, bajo el mismo esquema escolar y en el mismo grado, estudiaba el hijo de Alfonso Durazo Montaño, el hombre que años más tarde llevaría las riendas de la seguridad nacional y que hoy gobierna Sonora.
Las fotografías escolares muestran a dos niños de mirada limpia portando el uniforme reglamentario, ajenos entonces al destino de sus apellidos, bajo las inscripciones de “Durazo Chávez Alfonso” y “Guzmán López Ovidio”.
De acuerdo con las crónicas de la comunidad escolar de aquellos años, el hijo del capo sinaloense cursó ahí hasta el quinto año de primaria; un ciclo que se cerró abruptamente cuando el rumor de su origen provocó el rechazo y la presión de los padres de familia, forzando su salida del plantel.
El estratega de AMLO y el pulso de Sinaloa
Aquel cordón umbilical en la capital del país no fue el único puente de Durazo Montaño con el territorio sinaloense. Tras su ruidosa ruptura con el foxismo en 2004, el sonorense se reinventó a la sombra de Andrés Manuel López Obrador, convirtiéndose en uno de sus operadores más hábiles.
Para marzo de 2006, ya coordinaba regiones enteras en la primera campaña presidencial de la izquierda moderna.
Ese oficio político lo trajo a Sinaloa de manera constante.
Quienes cubrieron la vertiginosa campaña de 2010 recuerdan haber visto a Durazo operar en el estado durante la contienda de Mario López Valdez (Malova).
Eran los días de la mega coalición, un experimento donde la izquierda se alió con el panismo para romper el viejo monopolio del PRI.
Durazo caminó el estado, tejió alianzas y regresaría después, en 2012 y 2018, consolidando la estructura de Morena antes de asumir el control de la seguridad en el país.

Bajo la sombra de las agencias estadounidenses y el pasado de Puente Grande
La polvareda levantada esta mañana por el hijo del gobernador no es un hecho aislado; encaja de forma milimétrica con la tormenta internacional que estalló hoy tras una investigación del diario Los Angeles Times.
El rotativo estadounidense reveló que agencias de Washington investigan formalmente a Alfonso Durazo Montaño por presuntos nexos con el narcotráfico en la ruta de Sonora.
El reportaje afirma que su visado fue cancelado el año pasado y que sus recientes cruces fronterizos por razones médicas se han realizado bajo un parole especial, un permiso condicional que las autoridades norteamericanas suelen otorgar a testigos cooperantes.
Al ser increpado por los medios en las primeras horas de hoy, el mandatario sonorense atajó los cuestionamientos con visible molestia, tachando la publicación de “infamia sin fuentes”.
Sin embargo, cuando se le retó a exhibir su visa para zanjar el asunto, zanjó la discusión: “No tengo que mostrar mi visa para desmentir a un periodista”.
Para los analistas del mapa criminal, la escena de hoy reactiva fantasmas de largo aliento.
En el gremio periodístico aún resuenan las investigaciones que apuntan a que Durazo, como secretario particular en el sexenio de Vicente Fox, estuvo en una posición inmejorable para conocer los hilos que permitieron la primera e inverosímil fuga de “El Chapo” Guzmán de la prisión de Puente Grande en enero de 2001.
Años después, la historia daría un giro irónico en la tarde gris de octubre de 2019, cuando bajo su gestión en la Secretaría de Seguridad Federal se ordenó detener y luego liberar en Culiacán a Ovidio Guzmán, aquel antiguo compañero de banca de su hijo.

Hoy, entre revelaciones de agencias extranjeras, silencios ante la prensa y el viejo recuerdo en blanco y negro del Colegio CEYCA, los hilos de la historia parecen tensarse de nuevo sobre el apellido Durazo.
Redacción/LaPared
