Costa Rica, Sin.- Los sábados por la mañana suelen tener el ritmo pausado de las tareas pendientes.
Para Carlos, un joven de apenas 27 años, este sábado 4 de julio comenzó con la misma rutina doméstica que habita en cualquier hogar: subir a la azotea, revisar los detalles, ganarle tiempo al calor y dar mantenimiento al tinaco de su casa en la colonia Emiliano Zapata.
Nadie, ni él ni su familia, imaginó que esa labor cotidiana sería la última.
El reloj avanzaba con normalidad sobre la calle Rafael Buelna Tenorio.
En la planta alta del inmueble, Carlos trabajaba bajo el cielo de la sindicatura, concentrado en los quehaceres del hogar. Fue un segundo.
Un movimiento involuntario, un descuido milimétrico o la cercanía fatal de la infraestructura pública hicieron que su cuerpo tocara los cables de alta tensión que cruzaban cerca del techo.
El estruendo invisible de la descarga eléctrica cortó de tajo los planes de un joven con toda la vida por delante.
Abajo, los minutos siguientes se convirtieron en un despliegue desesperado de sirenas. Elementos del Cuerpo de Bomberos Culiacán llegaron al sitio y, con la premura que el caso exigía, abrieron paso a los paramédicos de la Cruz Roja, quienes subieron a la azotea con la esperanza de dar un milagro.
Sin embargo, la física de la electricidad había sido implacable; al revisarlo, los socorristas solo pudieron confirmar la dolorosa realidad: Carlos ya no contaba con signos vitales.
La azotea, que minutos antes era un espacio de trabajo familiar, se transformó en una escena resguardada por la Policía Municipal.
Bajo la mirada atónita de los vecinos y el dolor sordo de los suyos, peritos y policías investigadores de la Fiscalía General del Estado realizaron las diligencias de ley.
Finalmente, el cuerpo de Carlos fue descendido con respeto de las alturas y trasladado al Servicio Médico Forense.
El tinaco quedó ahí, como un mudo testigo de un accidente doméstico que, en un instante, apagó el futuro de un joven trabajador y dejó un vacío inmenso en el corazón de la colonia Emiliano Zapata.
Redacción/LaPared