Asesinan en Cúcuta, Colombia al periodista de investigación Cristian Herrera; un adiós desde Sinaloa a un colega entrañable

Cúcuta, Colombia / Culiacán, Sin.- Hay pérdidas que no se miden en cifras, sino en el vacío espeso que dejan en las redacciones y en la memoria. El asesinato del periodista de investigación Cristian Herrera en Cúcuta, Colombia, no es solo un golpe al periodismo de la región; es una herida abierta para quienes compartimos con él la obsesión de alumbrar las zonas más oscuras de nuestra realidad.

Para este medio, donde sus letras y su rigor colaboraron en más de una ocasión, su ausencia se siente como una neblina densa, una pérdida borrosa que mezcla la indignación con el luto.

Cristian no era un reportero de escritorio. Su trayectoria de más de dos décadas se forjó en el asfalto y el lodo de la frontera entre Colombia y Venezuela, una de las zonas más complejas del continente.

Durante años, desde las páginas de La Opinión y posteriormente a través de portales independientes y su rol en la Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP), se dedicó a desentrañar las redes de contrabando, el narcotráfico y el avance de los grupos armados que operan en Norte de Santander.

Con un rigor metodológico impecable, Cristian ponía nombres y rutas donde otros solo veían caos; una valentía que lo convirtió en el blanco de quienes operan bajo la sombra de la impunidad.

El desenlace de esa terca búsqueda de la verdad ocurrió en Cúcuta, el escenario de sus crónicas, en un contexto de abandono institucional que indigna profundamente.

Cristian llevaba años bajo la sombra de la amenaza; registraba al menos tres denuncias formales por los riesgos derivados de su oficio y, desde 2014, se le había asignado un esquema de protección por parte de la Unidad Nacional de Protección (UNP).

Sin embargo, el fallido sistema estatal demostró una vez más su vulnerabilidad: el ataque sicarial se ejecutó con absoluta saña justamente durante el descanso reglamentario de sus escoltas, dejándolo completamente desprotegido ante el horror. Mientras la indolencia cala hondo, el presidente Gustavo Petro ha mantenido un silencio absoluto, sin pronunciar una sola palabra ante el crimen de un comunicador que no hizo más que defender la democracia con su pluma.

Actualmente circula en redes sociales un video de una crueldad explícita que capta el momento exacto del ataque: un sicario acciona un arma larga, una metralleta, justo cuando Cristian descendía de su vehículo afuera de la casa de su suegra en el barrio Quinta Oriental.

El atentado ocurrió a los ojos de su propia familia, en una escena desgarradora donde se alcanzan a escuchar los gritos desesperados e impotentes de su hija adolescente, clamando por un auxilio que nunca llegó: “¡Mi papá se me muere, por favor ayúdenme!”.

Los caminos de este oficio suelen cruzar a quienes cargan con el mismo peso. Hace tiempo, el destino y el riesgo compartido nos llevaron a coincidir lejos de nuestras tierras, en un Madrid que sirvió de refugio temporal para reporteros que, como él, arrastraban amenazas de muerte en sus cuadernos.

Fue bajo ese cielo del exilio, entre cafés cargados y la nostalgia compartida por el terruño, donde se forjó un lazo entrañable.

Ahí, junto a su familia, descubrimos que el miedo cambia de acento pero duele igual, y que la convicción de seguir narrando es una herencia que no se extingue ni cruzando el océano.

Hoy, desde esta redacción, queremos rendir un homenaje sincero y profundo a nuestro colega y amigo.

La Pared Noticias no sería el mismo espacio sin aquellas aportaciones que Cristian nos confió, trayendo la realidad colombiana con una pluma afilada y un compromiso inquebrantable que resonaba perfectamente con nuestro propio andar.

Guardamos un minuto de silencio, pero no de olvido. Nos quedamos con su ejemplo, sus crónicas certeras y la absoluta exigencia de justicia ante un Estado que falló en protegerlo.

Abrazamos a la distancia a su esposa, a su hija adolescente y a su pequeño hijo, quienes tuvieron que presenciar el horror de un ataque que jamás debió ocurrir; ante tanta crueldad, les deseamos la fuerza necesaria para sostener el legado de un hombre que amó la verdad y que siempre buscó un mundo más justo para ellos.

Hasta siempre, Cristian; tu firma se queda con nosotros.

Por Redacción/LaPared

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