Justicia para Beany: La cacería silenciosa que acorraló a su presunto feminicida tras cruzar todo México

Guasave, Sin.- Hizo falta cruzar todo el país, desde la frontera con Guatemala hasta el norte de Sinaloa, para que la orden de aprehensión finalmente se ejecutara. Nueve estados, más de dos mil kilómetros y cuatro meses en fuga no le alcanzaron a José Manuel Rubio Santini, “El Tito”, para sacudirse el rastro del feminicidio de Beany Guadalupe Lozano García, la estudiante de 18 años asesinada en abril pasado en Tuxtla Chico.

Dos trayectorias que chocaron en la frontera

Quienes conocían a Beany en Tapachula la recuerdan centrada en sus estudios del área de la salud, rodeada por una familia unida. La historia de Rubio Santini traía otra inercia. Originario de El Huitussito —un campo pesquero en Guasave—, ya había esquivado la muerte tiempo atrás cuando sobrevivió a un ataque a balazos mientras conducía una camioneta. Ese atentado lo obligó a dejar Sinaloa y refugiarse con su padre en la franja fronteriza de Chiapas. Fue ahí donde ambos se conocieron y entablaron una relación que con los meses se volvió violenta.

Cinco horas desangrándose en la terracería

La madrugada del 6 de abril, tras una discusión dentro de un vehículo sobre un camino de tierra en el cantón Omoa, “El Tito” le disparó a Beany en la cabeza. No la auxilió; la dejó encerrada en el carro y huyó. Pasaron casi cinco horas antes de que alguien la encontrara con vida.

Beany agonizó once días en un hospital de Tapachula.

Mientras tanto, sus padres entregaban a la Fiscalía de Chiapas audios, mensajes y la ubicación exacta de dónde se ocultaba el sospechoso. La autoridad no actuó a tiempo. Cuando la joven murió el 16 de abril, la lentitud oficial desató protestas, marchas en el sur del país y el reclamo directo de la familia ante mandos federales. Solo entonces se fijó una recompensa de 500 mil pesos por su captura.

El error de volver a casa

Con la ficha de búsqueda encima, Rubio Santini intentó hacer creer que había cruzado hacia Centroamérica. Pero cuando la presión creció, buscó refugio en el único lugar que sentía seguro: las afueras de Guasave, cerca de la salida a Sinaloa de Leyva.

Moverse a la zona rural de Guasave —un territorio con presencia histórica de la gente del “Chapo Isidro”— parecía una buena estrategia para camuflarse entre conocidos. Sin embargo, agentes de inteligencia de la Defensa y de la SSPC ya le seguían la pista cruzando los datos de las antenas celulares entre Chiapas y el norte del estado.

Tres días de guardia y un portazo al amanecer

Para el fin de semana, un grupo de agentes vestidos de civiles ya rodeaba la finca.

Monitorearon compras, movimientos y horarios hasta confirmar que el hombre atrincherado adentro era Rubio Santini.

La madrugada de este lunes, con la orden de cateo firmada por un juez, las fuerzas federales tiraron la puerta. No hubo sirenas en la aproximación ni un solo disparo dentro de la casa. “El Tito” terminó sometido en el suelo antes de que pudiera reaccionar.

Custodiado por un convoy blindado, fue trasladado a las instalaciones de la FGR en Los Mochis. Desde ahí será remitido a los juzgados para responder por el crimen que movilizó a dos extremos del país.

Redacción/LaPared

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