Entrevista | Sobre cómo Mariajosé Amaral empezó a escribir ensayo

Por Sergio Ceyca

Primero Mariajosé Amaral (Sinaloa, 1992) intentó escribir poesía y cuento. El asunto no fluyó. Ahora es becaria de la Fundación para las Letras Mexicanas (FLM) –una de las instituciones más importantes del país la enseñanza de la escritura literaria– pero en el género ensayístico. El proceso de definición abarcó muchas cosas, entre ellas salir de Culiacán y llegar a la Ciudad Monstruo, la Ciudad de México. En La Pared nos acercamos para entrevistarla sobre su trayectoria.

Mariajosé Amaral es ensayista y traductora. Ha publicado en suplementos culturales como Filias, de Grupo Milenio, y Confabulario, del periódico El Universal, y en revistas como Este País. Es parte de las antologías Álbum Rojo: narrativa sinaloense de no-ficción y Ciudades aprehendidas y otros apegos. Participó en la traducción del libro Sobre un Comba y otros cuentos de Manuel Rui, publicado por la Universidad Veracruzana.

Además, en estos años ha sido becaria del PECDA Sinaloa (2017-2018) y actualmente es becaria de la Fundación para las Letras Mexicanas (2018-2019/ 2019-2020), ambas en el área de ensayo literario.

La Pared: Para inicia, en tu infancia, ¿cómo te acercaste y fue tu relación con la literatura?

Mariajosé Amaral: En casa siempre hubo libros. Mi papá llenó todos los espacios, se desbordaron de los libreros a los cuartos y el comedor. Siempre llevaba un ejemplar a todos lados; fue un acercamiento bastante natural y, supongo, también por imitación.

LP: ¿Imitación a tu papá?

MA: Sí. Creo que surgió como un hábito en la infancia: los niños ven a su mamá o a su papá hacer cosas que luego adoptan como propias por inercia. La lectura fue un poco así para mí. Me llevaba con él a cafeterías en dónde leía por las tardes y me daba un libro para acompañarlo. Nunca cuestioné la mecánica, siempre la disfruté. Cuando era más grande lo seguíamos haciendo pero en lugar de libros infantiles o juveniles comprábamos dos ejemplares de la misma obra y la leíamos al mismo tiempo. Era una experiencia de lectura simultánea muy interesante.

LP: ¿Qué otras cosas recuerdas de ese acercamiento a los libros? ¿Cuáles fueron los primeros?

MA: No siempre leí pero sí estuve en contacto con los libros como objeto. Hay ejemplares todavía en casa que están rayados con crayones de colores. Agradezco esa libertad porque creo que me permitió sentirlos como espacios lúdicos y seguros.  Luego, las sagas juveniles fueron importantes, aprendí intuitivamente de la formación de tramas y estructuras, de creación de personajes. Recuerdo un momento que en tenía tal vez 13 años y mi papá llegó con una antología de cuentos. Pasta verde y dura, con dos separadores y me dijo que ya podía empezar a leer otras cosas. Los separadores marcaban “El otro” de Borges y “La verdad sobre el caso del señor Valdemar”, de Edgar Allan Poe. La primera lectura de esos dos cuentos marcó el rumbo de mis gustos de adolescencia y abrió mi horizonte literario.majo otra foto

LP: ¿Hacia qué lecturas partiste a partir de ese momento?

MA: Ahora que lo pienso creo que en ese momento tomé dos líneas muy marcadas. Empecé a consumir mucha literatura fantástica y al mismo tiempo sentí necesidad de leer obras que consideraba eran importantes o indispensables. Leí a Goethe, a Shakespeare, a Cortázar, a Bolaño pero no tenía problema en seguir siendo fan de las novelas de Harry Potter.

LP: Y, fuera de la literatura, ¿tenías otros intereses que, a la larga, sintieras que definieron cierto camino? Ya fuera música, cine, series.

MA: Me gustan mucho las series de televisión. Antes las pensaba como un gusto culposo pero ahora creo que en realidad uno se nutre de todas partes. Veía mucha ciencia ficción: los X Files, Star Trek, Taken, que todavía considero entre mis favoritas. Consumo muchas series y ahora es mucho más sencillo con plataformas como Netflix. Las películas de Woody Allen y la manera en la que entiende al hombre de este tiempo y sus problemas también me marcaron. La música siempre he sentido que la comprendo menos. Me encanta pero es un terreno donde no me siento tan segura.

LP: ¿Cómo fue abandonar Sinaloa y llegar a vivir a la Ciudad de México? ¿De qué manera cambió tu manera de ver el mundo?

MA: Me mudé a la capital muy chica, a los 17 años. En realidad, sólo tenía en mente que quería estudiar fuera de Sinaloa porque la oferta para las carreras que me interesaban no existe allá. Fue un cambio duro, el ritmo de la ciudad, el anonimato que te regala la capital y las personas que convergen en ella es totalmente diferente a lo que yo había experimentado en Culiacán. Adaptarme a eso, a muchos pequeños cambios en la rutina fue difícil, pero creo que me permitió descubrir un tiempo propio al cual moverme y desde el cual pensar. Conocí a mucha gente que buscaba cosas similares y que también había migrado de su tierra; coincidíamos en que nunca le se deja atrás realmente. Hay una nostalgia constante, una posibilidad de regreso que es natural al viaje y a la salida del hogar. Eventualmente comencé a sentir que había adoptado una manera de estar en el mundo distinta a la que tenía en el norte y que la CDMX me había formado en gran medida. Descubrí y entendí la ciudad al mismo tiempo que intentaba conocerme y comprenderme a mí misma.

LP: Cambiando un poco de tema, ¿cómo pasas al ensayo? ¿Hubo algún proceso de definición dónde lo elegiste?, ¿o fluyó por sí sólo?

MA: En realidad yo empecé escribiendo cuentos y luego poesía. El ensayo llegó después. Estuve un año en la Universidad del Claustro de Sor Juana y en aquel momento me dio clases Valeria Luiselli. Ahí comencé a leer muchísimos ensayos literarios y eventualmente entré a un taller con ella. Me empecé a aventurar y sentí que era el género en donde podía expresarme mejor, el que me daba más posibilidades. Fue como encontrar otra vez el hogar en terreno desconocido. Valeria después me comentó de la Fundación para las Letras Mexicanas en donde ella había sido becaria. Asistí a los cursos de creación de Xalapa y Monterrey, todavía muy chica y después de eso fluyó muy natural.

fundación letras 2

LP: ¿Qué ensayistas te han moldeado? ¿Cómo ha sido leer ensayo ya estando en la idea de escribirlo?

MA: Es una aproximación muy diferente. Ahora no puedo evitar buscar y ver los mecanismos internos del texto. Intentar saber por qué funcionan o no. No sé si es una experiencia de lectura más placentera pero supongo que es el proceso natural. Respecto a lo otro, sí hay ensayistas que han marcado la manera en la que entiendo el género, los grandes nombres como Montaigne, Chesterton o Virginia Woolf; Susan Sontag, por supuesto, Natalia Ginzburg; Lopate y escritores nacionales como Luigi Amara o la propia Valera Luiselli. Pero la verdad es que mi escritura se ha nutrido en gran medida por la influencia de la poesía y la narrativa.

LP: ¿Y qué autores de poesía y narrativa lees actualmente?

MA: Ahora estoy leyendo un libro de cuentos de Ken Liu que se llama The paper menagerie and Other stories. Nunca lo había leído hasta hace unos meses y estoy maravillada. El trabajo que se está haciendo en la narrativa fantástica y de ciencia ficción es realmente impresionante.

LP: Finalmente: ¿Cómo ha sido tu estadía en la Fundación para las Letras Mexicanas?

MA: Ha sido un verdadero privilegio. Este año siento que crecí muchísimo en mi escritura. Comprendí mis propios procesos de trabajo y conocí a gente que me ayudó a entender la literatura de otras maneras. Creo que la casa –ubicada en Liverpool 16– es un espacio utópico y hermoso, único en su tipo. Poder dedicarse de tiempo completo a leer y escribir en México es algo que debemos apreciar y saber aprovechar. Si bien estás en un cubículo con tu computadora y tus libros también hay talleres, tutorías y charlas que acompañan el trabajo personal. Pero creo que lo más valioso es la retroalimentación y el diálogo con los compañeros: es muy interesante convivir todos los días durante un año con gente que escribe poesía, cuento, dramaturgia y ensayo porque todos leen y perciben los textos desde distintos lugares, con referentes que tal vez uno no comparte y que dan nueva luz a los textos.

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