Entrevista | Rodolfo Romo busca que la música inunde a la ciudad

Por Sergio Ceyca

Rodolfo Romo (Culiacán, 1993) disfruta experimentar con el sonido. Se interesa por cómo nos relacionamos con él y cómo en especial, a través de la música, podría volverse una forma de mejorar la situación social en ciudades como Culiacán. Para hablar de esto y de su formación, en La Pared Cultura nos acercamos a entrevistarlo y terminamos hablando de música, de su desarrollo creativo, de sus planes y todo el mundo de ideas que conforman la forma en que observa al mundo.

También conocido como Ruldolf Vitalis, es un músico, compositor, productor y docente dedicado al desarrollo de proyectos culturales y a la investigación de temas relacionados a salud, ciencia, arte y psicología. También se ha desempeñado como el coordinador del programa ‘Mentes ausentes’, que se coordinó en el Instituto Sinaloense de Cultura.

Ha publicado los álbumes musicales Cables (2010), Le Petit (2010), Prötzc (2011), Voces de la Ciudad (2012), Metafísica (2015), Spatium (2016), Continuum (2017), Thymos (2018) y Tohu va-bohu (2019).

¿Cómo son tus primeros acercamientos a la música, Rodolfo? ¿Fue desde pequeño o fue ya en algún punto de tu adolescencia?

Mis padres siempre fueron amantes de la música. Creo que desde mis más remotos recuerdos siempre hubo música a mi alrededor; para mi papá uno de los muebles principales era un estéreo, eso junto a su colección de música siempre fue la principal decoración de la casa. Ahí no sonaba la televisión en las tardes noches. Eso me recuerda a mí mismo gateando entre libros, discos, con música de fondo de The Cranberries o Brian Eno; y mi mamá, por otro lado, música en inglés, pop, música romántica. Hablando en concreto en la iniciación musical, debo de haber tenido seis años cuando mi mamá compró un piano usado: desde entonces, forma el centro de la sala de mi casa. Un año más tarde me inscribieron a la Escuela de Artes José Limón, misma que ahora me ha recibido como docente. Inicié con la maestra Concepción, una señora ya mayor que murió al poco tiempo de conocerla, y durante ese año tuve mis primeras clases de piano y era algo que no disfrutaba completamente porque no sentía mucha paciencia de parte de esta señora, y su vez no sentía mucho interés: estaba más concentrado en videojuegos, películas, dibujar, etc. Ese mismo año tuve un accidente durante una posada navideña en la escuela y me lastimé el brazo, los detalles creo que sobran, así que estuve enyesado cerca de 50 días más los 3 días de la cirugía. Esto me desfasó mucho en mis estudios de piano frente a mis compañeros: esto me generó, si te parece decirlo así, un trauma porque me pareció insuficiente, poco calificado, para continuarlos.

Después de este periodo donde no te interesaba para nada la música, ¿cómo volviste a ella?

Mantuve mis estudios. Después llegó la maestra Zlatina Valkova, misma que aún es docente en la escuela. Esto entre 2001-2003, que llegaron los músicos que conforman la Ossla. También en aquel entonces llegó Gordon Campbell. Y cuando ella empezó a tomar mi tutela yo cambié por completo y sentí una conexión, una paciencia y un amor que me permitió seguir estudiando; con ella empecé a sentir confianza y apoyo. Desgraciadamente no fui una persona muy disciplinada, la tecnología siempre ha sido algo que me produce adicción; raramente estudiaba en casa y con el tiempo fui sintiendo que no me lo tomaba en serio. Entonces, alrededor de los 14 años me salí de la escuela de música. Estuve fuera un año: regreso en 2009 a estudiar viola. En el 2010 hicimos una banda algunos amigos en común –Obed Noriega, Gerardo Meza, Allen Sánchez– y la parte artística estaba completamente dominada por las influencias del momento: grupos de rock, de electrónica, en fin; el auge de Facebook y de youtube me hacía escuchar muchas cosas. La banda se llamaba Mardi Grass. Al mismo tiempo estudiaba viola, al tiempo que entré a preparatoria; el estudio de la viola no fue algo que pensara que, con el tiempo, se fuera a volver mi instrumento principal.

El hecho de volver a inscribirme me inquietó en torno a qué nuevos conocimientos podía adquirir, y qué me podía ofrecer un instrumento de cuerda que no me ofreciera el piano. Y, bueno, estudié tres años y creo que habría necesitado muchos más para dominarla pero entendí muchas cosas del sonido en base a eso; ya que, contrario al piano que es un sonido percutido que se obtiene al pulsar la tecla, al ser la viola un instrumento de cuerdas te permite construir el sonido, manipularlo. Estudié el equivalente a la prepa en música (mientras estudiaba la preparatoria normal) y entre 2009 y 2010, ensayamos con Mardi Grass y Obed era el compositor de casi todos los temas. Para mí era un gusto poder trabajar porque casi la mayoría de los instrumentos estaban en mi casa (yo fui quién puso el lugar de ensayos) y yo pasé de no tener más que un piano a poder probar toda clase de instrumentos y, así, explorar mis ideas.

En ese mismo tiempo asistí a unos talleres de producción de sonido y de arte sonoro experimental, medios multimedia, programación interactiva, y en 2010 viajé a Morelia para una residencia artística en el Centro Mexicano para la Música y Artes Sonoras (CMMAS). En estos años fue cuando se abrió una nueva faceta para mí, que fue la digital, aunque también tomé algunos talleres con artistas visuales y contemporáneos. Así que al salir de la prepa ya tenía el manejo de medios audiovisuales. Al quedarme un tiempo con el equipo de la banda y aprendí a conectar por usb el teclado a la computadora y descubrí algo que me iba a facilitar el desarrollarme creativamente y comencé a bajar sonidos y ponerle sonidos de cualquier instrumento al teclado. Así, también, comencé a grabar maquetas. Desde entonces se creó una línea paralela a mis estudios de música clásica, que poco a poco se fue volviendo más profesional. Al salir de la preparatoria tuve la facilidad de musicalizar una obra de teatro infantil que se fue de gira por el interior de la República.

Luego apliqué al Programa de Estímulo a la Creación y Desarrollo Artístico de Sinaloa (Pecdas) y por suerte me lo brindaron, se dio una presentación pública, varios talleres de audio y, se podría decir sin entrar en detalles, que estos trabajos iniciales me abrieron una cartera de presentaciones y de contactos que hasta la fecha se viene actualizando. También mucho tiene que ver con que me he enfocado en reinventar mi trabajo –desde 2014, en el segundo año de mi carrera en música clásica en el Instituto Sinaloense de Cultura–. Después de entregar el proyecto me dediqué con más calma a estudiar, gracias al apoyo económico, sin embargo, en horarios extraescolares, cuando no había más que ensayar, preferí conseguir espacios que estaban sin utilizarse. En aquel entonces se acababa de inaugurar la Galería “Antonio López Sáenz” y todo mundo andaba hablando de que era un elefante blanco, y si lo era a mí ya me tenía harto oír a la gente quejándose, entonces fui a saludar y a presentarme.

Más o menos desde 2012, tuve un cambio en mi conciencia de que tendemos a pensar que los demás nos quieren chingar o de que conspiran gubernamentalmente y más bien empecé a digerir la idea de que la gente que está en los puestos intenta hacer lo mejor que puede y que más bien es la culpa de uno por quejarse y no proponer; entonces fui a la galería y me presenté con una iniciativa que ya había intentado implementar en el Centro Centenario de las Artes, aunque con mucha burocracia, la cual era un foro de audición de música con la que yo quería, además de las clases, compartir equipo de sonido y obras con amigos. Me facilitaron asistencia y personal que me ayudó a conectar el equipo. En aquel proyecto fue la primera vez que usé el nombre “Mentes ausentes”.

En 2015 fui a Ciudad de México, más o menos en abril, para intentar entrar a la Escuela Superior de Música, del Centro Nacional de las Artes (Cenart), y por una y otra razón no logré entrar. Eso sí me pegó y pensé en dejar la música, pero fue de las pocas veces que tomé mi tristeza y la convertí en enojo, y el enojo en ímpetu, y el ímpetu en trabajo: entonces me regresé y continué trabajando en Sinaloa. En 2016 fui invitado a iniciar el bloque de “Mentes ausentes”, como un nuevo periodo. Más que darle continuación a lo anterior quise extender el proyecto. Minerva Solano fue quien me invitó, a quién siempre le estaré agradecido por la confianza que depositó en mí.

¿En qué te estás concentrando ahora?

A estas alturas ya no solamente estudio música y me desarrollo en lo formal, la música clásica: no sólo estoy produciendo mi música –en 2015 volví a recibir el Pecdas con otro álbum que también está en Soundcloud–, y cuyo proyecto ahora me interesa relacionarlo con la instalación en espacios públicos. Ahora más que presentarme quiero intervenir la ciudad y para eso quiero financiamiento para conseguir equipo de sonido potente y portátil, para hacer intervenciones una vez al mes, y posteriormente hacerlo más seguido, para documentar el proceso. Todo bajo un fundamento relacionado a la músico terapia y la salud. Luego me vi involucrado en trámites muy engorrosos y hasta este año fue cuando pude dar mi concierto de titulación, me recibí con honores, y en ese tiempo he estado trabajando en un espacio a un costado de mi casa, la cual estoy convirtiendo en un microdepartamento con todo el equipo necesario. Actualmente además de aprenderme nuevas obras, que quiero conjugar en un programa para audicionar a distintos lugares estoy experimentando así que no he sacado material tan completo en este año. También quiero armar una empresa, una red de comercio y educación, y así es como me quiero posicionar en diversas instituciones: el Instituto Sinaloense de Cultura, el Instituto Chapultepec, a ver si con el Instituto del Seguro Social, con el DIF, quiero empezar a posicionar la música en la salud pública, y no he dejado de pensar en un posgrado, como el de musicología en la UNAM, aunque también me interesa mucho el negocio y el marketing y producción de música en Berkley. Me interesa ir a Estados Unidos a aprender un poco entre esta fusión del mercado y el arte.

Cambiando de tema: además de la música, ¿qué otras artes han influenciado tu trabajo?

Yo creo que hay un gran acervo que me influye de manera inconsciente y que, con el paso del tiempo, estoy reconociendo ya que la mayor parte de mi juventud la pasé junto a mi padre, y muchas de mis influencias las recibí de él, pero nunca con la atención o la conciencia para identificarlas como propias. Creo que hasta el día de hoy hay cosas que, en lo personal, me llaman, y en algunos casos es por convicción y en otras por apropiación. Pienso que una de que más me empezó a atraer desde niño fue la oscuridad, aunque suene muy cliché, porque a raíz de una serie de experiencias amargas empecé a sentir –incluso si no lo entienda de esa manera a esa edad– a sentir un alivio al apreciar la estética de lo oscuro, lo gótico, lo misterioso, lo paranormal, de modo que siempre me interesó mucho la Edad Media, el misticismo, la metafísica, es decir toda la fantasía desde la perspectiva de un niño que rodea la vida humana. Si hablamos de películas: El señor de los anillos. Al hablar de videojuegos, lo que me motivaba era todo el universo estético y artístico, y en este caso la serie de Warcraft; antes, incluso, de la música, dibujé mucho y era una manera de crear estos universos en el papel.

Literariamente fue hasta los 14, 15 años, que empecé a activarme; antes de eso solía leer más información técnica; en medio de inquietudes intelectuales, uno de los primeros libros que leí, aunque no entendía mucho me reté a absorberlo, fue La interpretación de los sueños de Sigmund Freud: a simple vista lo primero que quería entender eran los sueños pero más que el simple hecho de entenderlos era encontrar respuestas a preguntas que nadie parecía responder en mi día a día; después avancé con Erich Fromm, después Alvin Toffler, que fue quien me tronó el casco con la idea de que el mundo no se ha definido por completo y que no se ha acabado y que, de hecho, estamos viviendo en una ola (La tercera ola), me empezó a abrir los ojos ante qué viene y qué vino y qué fue y qué será.

También hay otros como Shakespeare, Doestoevski, Nietzche, Emil Ciorán, Schopenhauer; todas estas cosas siempre me las mostró mi padre; era demasiado lo que él me compartía y, muchas veces, no reaccionaba bien ante tanta información. Dentro de lo pictórico siempre me brindaron mucha calma las pinturas de Monet, Van Gogh, creo que el impresionismo no tanto en la música sino en lo pictórico siempre me brindó paz.

No fue sino hasta 2013 que empecé a encontrar mi verdadero llamado en el misticismo y gnosticismo, la metafísica, el ocultismo, el hermetismo. Yo creo que el estudio hermético y todo lo que comprende el conocimiento de las fuerzas ocultas que rigen el universo y su traducción al lenguaje universal a través de la mecánica clásica y cuántica, se ha vuelto mi verdadera pasión. Creo que el hecho de inclinarme más a esto que más que por autores me he guiado por conceptos, axiomas, hipótesis, deducciones, especulaciones, intuiciones, creo que en esto entra la mayoría de las cosas que quiero desarrollar y, en este momento, me encuentro muy deleitado por una visión renacentista, hoy más que nunca dejo de descartar a Dios como parte de la ecuación. Por una parte creo que tenemos la responsabilidad –y eso es lo que más busco en las artes– de hacernos conscientes de nuestra propia condición humana, pero por otro lado no deja de intrigarme el propósito y el destino por encima del nihilismo y la falta de sentido, sobre en relación a una fuerza mayor.

Para concluir: ¿cuáles son tus proyectos futuros?

Me interesa ir a Estados Unidos a aprender un poco entre esta fusión del mercado y el arte. Sucede que yo, año con año, voy investigando cómo se va moviendo el mercado del equipo o del hardware de sonido y cuáles son las opciones más rentables o, incluso, si no son tan baratas, cuales ofrecen el mayor beneficio. En este caso ya tengo un inventario tentativo porque en este espacio habilitado junto a mi casa, habilité una instalación de 5.1 sourround, que me ha permitido generar condiciones acústicas muy interesantes entre paisajes de sonido naturales junto a música. Eso es algo que las personas que vienen a terapia conmigo mencionan: es como irse en un viaje, que si bien es una cochera en contacto con los sonidos de la calle, lo envolvente del sonido en la hora y quince que dura la terapia, los transporta. Más que ponerles mi música, voy escogiendo tracks que lleven una narrativa sonora.

Entonces me di cuenta, aunque aún no tengo las herramientas, que los efectos terapéuticos de la fisioterapia o de la psicoterapia se amplificaron en la medida en que la persona se abstraía gracias a la presencia del sonido, entre presencias bajas y altas, lo más atrapante; empecé a considerar que más que poner ruido en la calle, lo que puedo hacer con sonido portátil y de buena fidelidad y potencia, y autonomía al no depender de conexiones eléctricas más que batería, podría hacer intervenciones en las tardes o en las mañanas e incluso ofrecer algún tipo de charla en espacios públicos –aunque este tipo de cosas es mejor hacerlas con colaboradores– para, en momentos muy difíciles y estresantes del día crear atmósferas sonoras que relajen a la gente.

Aquí en el centro de Culiacán puede ponerse muy histérica la gente, sobre todo frente al volante, y es algo que poco a poco quiero ir desarrollando en documentos sobre cómo esto lleva a un estrés crónico, que a su vez lleva a inmunosupresión e inmunodeficiencia, y a enfermedades relacionadas con inflamación de manera crónica. Entonces es algo medio futurista pero nada fuera de la realidad el querer inducir a las personas a un estado de relajación y, con ello, liberar endorfinas a través de frecuencias y de sonido.

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