Por Sergio Ceyca
Hace unas semanas el Instituto Sinaloense de Cultura publicó Por el sendero en la hierba, primera antología individual del poeta Alfredo Soto Guillén (Mazatlán, 1992). Soto Guillén destaca por haber publicado en diversas revistas literarias de México y el extranjero, así como haber estudiado la carrera de Lengua y letras hispánicas, en la Universidad Autónoma de Sinaloa.
Además, ha realizado diversas traducciones en especial del italiano y al vivir en la ciudad de Culiacán, junto al poeta Adalberto García imparte un taller en la biblioteca del Jardín Botánico.
La Pared: Bueno, Alfredo, no sé si puedas hablar un poco de tu primer acercamiento la poesía. ¿Cuándo la conociste, cómo llegaste a ella?
Alfredo Soto Guillén: Soy oriundo de Mazatlán y nací en la última década del siglo veinte. Viví ahí hasta terminar la preparatoria y me moví a Culiacán para estudiar la licenciatura en Lengua y literatura hispánicas. Ya en eso, conozco gente de las que llego a aprender cosas y lecturas; en algún momento Adalberto García (poeta y traductor sinaloense) me presentó un poema de Rubén Bonifaz Nuño en una rara circunstancia. Algo así: “¡Alfredo, mira, no sé si estés enterado, pero esto es un poema!” y se pone a leerlo. En aquel entonces Adalberto García (aún un distante conocido) me había invitado a un conocido café en el centro de Culiacán, para habla de lo que fue una fugaz revista de literatura que se llamó Fricciones. De ahí en adelante han pasado algunos años. Ya había leído poemas antes, pero desde cierta distancia; no sé si sepas, pero en mi primer año en la carrera yo intentaba escribir cuentos y no comía poesía ni de chiste; tal vez por ignorancia o por prejuicio.
LP: ¿Cómo ha sido tu relación con la literatura mazatleca?
ASG:La verdad estoy un poco distante de eso. Por mucho tiempo creí que de hecho no existía. Conozco a Moisés Vega, a Fernando Alarriba, a Juan Esmerio Navarro y los he leído; pero en Mazatlán, en la cotidianidad del puerto, la literatura es algo más bien evanescente, y eso que hay varias librerías a la mano, pero el círculo literario de Mazatlán básicamente no existe cómo en otras partes.
LP: Sí, eso sí lo recuerdo. ¿Cómo fue el proc
eso de Fricciones? Si mal no recuerdo es la única revista literaria que estudiantes de letras han sacado en muchos años.
ASG:Adalberto me habló a principios de un verano, ya no recuerdo cual, para un proyecto que tenían él y algunos otros compañeros. Sin pensarla acepté y, regresando de vacaciones, me explicó cómo estaba el asunto. y además me inicio en el culto de la poesía al sacar u libro de El tigre en la casa de Lizalde, y aquello de Bonifaz Nuño. Ahí es como inicia el proyecto de Fricciones, para mí, y yo me pongo a leer mucha poesía. Nos reuníamos en el departamento de Carlos Herrera, en el centro; estábamos Carlos, Roberto Sánchez, José Pepe Torres, Rocío Castro, Adalberto, y algunos más que nos apoyaban desde fuera de la ciudad, como Obed Noriega y Majo Amaral. Éramos muchas personas y teníamos acceso a muchas cosas. Poco a poco fuimos pensando en lo que queríamos para la revista entre que divagamos y fantaseábamos superlativamente. Llegamos a publicar el primer número después de mucho trabajo. Teníamos textos rarísimos como una carta de Jordi Canal, un escritor español, Catalán, que nos escribía desde la Sorbona o poemas inéditos de Eduardo Langagne y Mario Bojórquez.
LP: ¿Cómo fue la experiencia después de que el proyecto decayera?
ASG:Ya teníamos es segundo número de la publicación, el cual nunca se imprimió pero igual hicimos presentamos la presentación. Ésta fue con una plataforma online y repartimos CDs. En algún momento en esas semanas nos dimos cuenta que el proyecto no se podía sostener o, más bien, que no lo podíamos sostener. Más que nada por interacción y química entre los participantes. éramos demasiados, demasiadas cabezas, demasiado jóvenes. Te puedes imaginar que sucedió.
LP: Y bueno, ¿cómo continúa la poesía después de Fricciones para ti?
ASG: Adalberto y yo nos reuníamos los fines de semana para a comentar sobre nuestras lecturas y tallerear textos. Luego participé en la primera edición de Signos en rotación, el encuentro de escritores jóvenes que se hace en el marco del Festival Cultural Interfaz ISSSTE, en 2014 creo, si no recuerdo mal. Y poco después llegué a asistir al festival internacional de poesía de la ciudad de México para a apoyar en la organización. Me tocó convivir con mucha gente aunque, creo, esto de la poesía es más lo que hace uno en si vida diaria y en sus propios incursiones personales, tanto con el libro que te toca leer hoy, como con la pagina el blanco y la calle, a la que tienes que salir forzosamente. Tuve la oportunidad de publicar en varias antologías a nivel local y regional, en revistas impresas y digitales de nivel nacional. y en algún momento en alguna revista extranjera. Recientemente salió el pequeño ejemplar que ya conoces, Por el sendero en la hierba.
LP: Bueno, ¿cómo nace esta antología? ¿Es un conjunto de poemas que tienen núcleo o es una antología de poemas realizada a lo largo de los años?
ASG:Es una selección muy corta de un trabajo más amplio. Así me lo pidieron, alrededor de 15 cuartillas, que son 15 poemas. Cuando seleccioné los poemas lo hice pensando en determinada secuencia o relación entre ellos, solo sugerida.
LP: ¿De qué te gusta hablar en tu poesía? ¿O qué temas han surgido por sí solos? ¿Cuáles son tus preocupaciones, por ejemplo?
ASG:La ciudad es, tal vez no un tema sino una recurrencia del espacio con determinada importancia, como el sueño. También se entrelazan el sueño y la ciudad para terminar en otra parte. Digamos que Ella es otro tema, o más bien una terrible recurrencia; no vas a encontrar una referencia directa demasiado directa a una persona en específico en el libro y no todos los poemas en lo que se refiere un Ella hablan de los mismo: a veces es una construcción o reconstrucción de un deseo o un momento en específico, o algo meramente fricciona, como en el poema de ‘La hija del Carpintero Zimmer’.
LP: ¿Tú qué papel crees que juegue la leyenda literaria en un poeta? Pensando por ejemplo en Gilberto Owen y la leyenda que él creó de su propia biografía. ¿Qué papel crees que juegue en la obra de un poeta? Lo pregunto más bien en que la vida diaria se vuelva un poema.

ASG:Depende completamente del propio personaje. Hay autores que leemos porque son geniales, y nos encanta como escriben. Pero aquello que gira entorno a su vida, y màs si son asuntos controversiales, agregan sabor a su imagen: es como comentar a Poe o a Kafka y no hablar sobre sus vidas o sus circunstancias; entonces uno busca las cartas de Kafka intentando acercarse a ese mundo y ese entorno en el que él vivió, más por una cuestión romántica. Van Gogh es otro ejemplo, con las Cartas a Theo. Y después de un acercamiento a la biografía de determinado autor hace una lectura diferente de su obra. Yo creo que hay personajes que logran ese efecto, como en Culiacán hubo un señor que se hacía llamar Rodolfo Días y Noche, que vendía sus textos a granel en las calles del centro como a $10 la cuartilla. Si no tenías los $10, te daba la media cuartilla en $5; a Jean Turpy y a Mario Bojórquez les tocó eso. Una vez vi alguno de sus trabajos, era muy económico con el papel.
LP: Cambiando un poco de tema, ¿andas trabajando en algún libro en forma?
ASG:Estoy en algo, no falta mucho para que busque que hacer con ello. Buscaré fortuna en algún certamen o si pierdo la paciencia lo envío a alguna editorial que ya me han comentado que les mande un libro.
LP: Finalmente, Adalberto García y tú tienen un taller en el botánico, ¿que podrían esperar los que acudan? ¿Y cuál es el precio, horarios?
ASG:El taller se llama la Imaginaria ventana abierta. Se imparte en la biblioteca del Jardín Botánico de Culiacán todos los miércoles a las 5:00pm y tiene un costo $20 pesos, en la taquilla del jardín por sesión. Esperamos que las personas que acudan al taller entablen relaciones más estrechas con la poesía, adquieran el gusto por la lectura y la escritura de la poesía, además de la adquisición de las herramientas y mecanismo de la escritura. Ojalá que lo que se produzca en el taller trascienda más allá de los lindes de la biblioteca; y si hay suerte, si lo que produzcan los participantes lo permiten, en algún momento se publiquen los resultados.
La hija del carpintero Zimmer
Con la altura de una mujer dormida y en ropa de noche
un estampado de rosa tardía como la hora
en que ha de ser mirada
desde el extremo inferior de este poema.
Recostada rendida
por el afán de soportar la carga
de malsufrir la convivencia
on esta cabeza que deambula en los rincones oscuros de la noche
y pierde la mirada a la mitad del verso inconcluso de su recitación
en la ventana, los puentes afuera, las calles, los sonámbulos.
Soporta el clima que le fija a su figura de rosa
la rosa transpirada de la tela y la casa,
áspera la voz y el sueño. Soporta el diminuto traqueteo
del rugido sollozado en la ventana mientras la noche avanza.
Soporta la respiración y el cuerpo de tenerme a su lado
humaresido, en los ojos que la tienen presente
aunque no la miren de momento.
Digo yo que es ella la hija del carpintero Zimmer,
la que cuidó del poeta, por imprevista en el tiempo justo ahora
y perfecta para la ocasión en que pienso
que he de recuperar la vista
para perderla otra vez sobre sus formas.
Entones borro todo de mi mente
y me voy junto a ella a Tübingen de 1838.
Entonces, desde otra ventana ahora, la contemplo.
La contemplo anidando sobre un puente
la contemplo, oteo, miro, vislumbro;
agoto todas las maneras de los ojos.
Entonces la decanto, verso, proso, ensayo;
agoto todas las maneras de la forma,
y me la llevo a los viajes de la mente
mientras del brazo paseamos por el huerto de Conz,
cuidadosos de no incidir en el paseo de los otros.
Cuidando el sueño lúcido del viaje
para ahuyentar la precisión, la sensación
bajo mi brazo de su brazo y enterarme
de que su cuerpo de rosa tardía se deshoja
un poco y se dobla un poco en los márgenes
y se pierden algunas costuras del encuadernado
o se han borrado algunos versos.