Entrevista | Para Georgina Martínez, los niños de Sinaloa necesitan literatura sobre sus realidades

Por Sergio Ceyca

En los últimos años ha habido un auge por el fomento y la creación de literatura en el estado de Sinaloa. Sin embargo, según comenta Georgina Martínez, en el estado sigue siendo muy poca la literatura infantil que se escribe y que se publica, como si se pensara que ésta es un género menor que no merece esfuerzo o tiempo.

Georgina Martínez es licenciada en ciencias de la Comunicación, editora del periódico infantil Alas de Papel, productora y conductora de los programas La voz del caracol y Tranca Palanca (Barra Infantil / Radio Sinaloa) y cuentacuentos en bibliotecas públicas de Culiacán. Imparte talleres de creación literaria y patrimonio cultural en todo el estado, y ha sido editora de los libros del Instituto Sinaloense de Cultura El río que nunca acaba (bilingüe maya-español) y Vuelo de Palabras (Alas de Papel).

En La Pared Cultura nos acercamos a hablar con ella sobre Costras (Editorial Luciérnaga, 2018) el cuál ya fue presentado en diversos municipios de Sinaloa y en la Feria Internacional del Libro Infantil y Juvenil 2018.

La Pared: Para empezar: ¿cómo ha sido tu relación con la literatura infantil?

Georgina Martinez: Yo hace quince años inicié un proyecto llamado Alas de papel, que es una revista donde los niños de Sinaloa, durante este tiempo, han escrito sobre diferentes cuestiones de cuento y poesía, pero también sobre sus comunidades. De niña los libros fueron mis amigos en mi casa ruidosa y antigua llena hermanos y paredes cargadas de fantasmas; para mí leer fue la mejor manera de viajar y alejarme de la soledad acompañada; pero inicié mi contacto con los niños en la literatura como tallerista proporcionando las herramientas para que los niños escribieran en el Museo de Arte de Mazatlán (yo trabajaba originalmente en Noroeste Mazatlán) y tenía muchos niños con quienes hacíamos crónica cultural, hablábamos del puerto, y hace quince años que me regresé a Culiacán, el Instituto Sinaloense de Cultura me propuso editar este periódico infantil.

costras
© Georgina Martinez y María Tuti

¿En qué momento nace la idea de escribir literatura infantil?

Siempre me ha gustado escribir, soy periodista, y cuando era niña yo decía que quería ser poeta y escribía versos, pero quizás siempre me ha hecho falta tener más arrojo porque nunca me había animado a publicar. Hace 13 años también me invitan a hacer un programa para niños en Radio Sinaloa, que es la radio de gobierno del Estado, y yo arranco un concepto que se llama ‘Trancapalanca’, que es un sube y baja en sinaloense; empecé este programa para contar cuentos iniciando así una dinámica de buscar una literatura que no sólo fuera la clásica, sino que tuviera interés para los niños de Sinaloa. Entonces los dos trabajos se juntaron y aproveché para buscar y leer literatura infantil. Además que, desde hace mucho, tenía el interés de hacer cosas para niños. Lo primero que escribí es la historia que llega a Mazatlán desde la Ciudad de México, y le pasan una serie de aventuras en el centro histórico; luego escribí otro en honor a Javier Valdez sobre un niño que va a una marcha. Pero no me animaba a publicar. Entonces, con mucho valor, me dije que en Sinaloa había pocas personas que escribieran para niños y que necesitaba hacerse más, entonces yo quería escribir cuentos que tuvieran que ver con la realidad humana de todos los niños del mundo pero, en especial, con los de Sinaloa. Y empecé a escribir este libro inspirada un poco en mi hijo que no le gustaba bañarse.

¿De qué trata Costras? ¿Qué temas trata tu historia y por qué crees que es importante para los niños de Sinaloa?

He viajado por todo el estado. He sido jurado de diversos concursos infantiles y me dije que haría una serie de historias que tuvieran que ver con la problemática que están viviendo los niños sinaloenses. Costras es la historia de un niño que, por causas que él no entiende, lo dejan a la casa de una tía que le horroriza porque es una señora que tiene brebajes en la cocina, que habla con su gata, y que él cree que es una bruja. Pero que en realidad sólo es una mujer sola. Su mamá le promete que irán a un lugar lleno de magia, que es la magia que tenían los pueblos cuando estaban los ingenios, cuando estaba la alegría y la vida, y de repente son pueblos abandonados como muchos de Sinaloa. El niño tiene miedo, dice que de la regadera van a salir unos gusanos que le van a comer sus ideas, sus recuerdos y empieza con una psicosis. Es un cuento como de misterio. Entonces le aparecen costras por no bañarse; pero eso también es una metáfora de esas costras que tienen los niños por las ausencias, porque estamos creando niños de padres ausentes. Lo digo cuando me voy a trabajar, por todos aquellos que están solitos, y de repente eso que escriben los niños en sus poemas, que me cuentan, pues a los niños les duelen las ausencias, o que cambien las palabras de afecto o tiempo por una tablet. Para el cuento me inspiré en varios pueblos, entre ellos Costa Rica, que al cerrar las puertas del ingenio el pueblo se tornó en otra cosa. Actualmente estoy trabajando en un segundo libro, en el tema de producción, sobre la violencia y sobre cómo la miran los niños. No es que quiera hacer cosas muy regionales, pero deseo que Sinaloa esté dentro de esta literatura que podría caerle a cualquier libro del mundo.

Hablando sobre las costras, ¿tú qué ideas tienes para que estas costras de los niños cicatricen? A final de cuentas es cuando las heridas dejan de ser dolorosas.

Precisamente los niños, a diferencia de lo que uno pueda creer, cicatrizan más rápido. Ellos tienden a olvidar más fácil porque quieren jugar, quieren divertirse; en mi caso el protagonista de Costras hacia personajes con barro pero otros niños hacen legos, juegan, se escapan, pero siento que cuando cicatrizan y se sacan las costras, ya están listos para volver a caerse, a divertirse. Me han tocado casos de niños muy duros, por ejemplo, tengo un amiguito que a su papá lo asesinaron y él empezó a hacer música y eso fue lo que sanó su herida; entonces, cuando los niños tienen una actividad que les produce alegría suelen, más pronto, sanar las heridas.

¿Quién ilustra el libro?

Busqué una ilustradora sinaloense joven y me encontré con María Tuti. En su momento me pregunté por qué no trabajar con gente de aquí que pueda hacer un trabajo de calidad y cuando María leyó el texto me dijo que era su historia, que ella también se crio con su abuela, le encantó.

© Georgina Martinez y María Tuti
© Georgina Martinez y María Tuti

¿De qué trata este nuevo libro que acabas de mencionar?

Es un libro que tiene que ver con Inés Arredondo, sobre su infancia en la Hacienda Redo de El Dorado. Me encanta Inés: es un personaje interesante, una gran cuentista. También adoro Eldorado y su historia. Imaginé aquella ciudad en su mejor época pero también quería hablar de una niña valiente y de su entrañable relación con su abuelo paterno, de quien, al crecer, retomó el apellido. Además todo esto tiene una historia de leyenda.

Estabas diciendo que en Sinaloa no existe mucha literatura infantil. ¿Cuál crees que sea la importancia de fomentarla? Así como se promueve la literatura contemporánea, por ejemplo.

Mira, por un lado tenemos exponentes interesantes como Alfonso Orejel que ha estado picando piedra y lleva un largo camino recorrido. Sin embargo, yo siento que muchas personas –como escritores o gente que toma decisiones– ve a la literatura infantil como una literatura menor, que no es novela, o le dan más apoyo a la literatura contemporánea. Porque quizá no están convencidos de que es un género importante y quizá más porque va directo al corazón de los niños y, aunque se escuche super cursí eso, es la verdad. En Sinaloa hay un punto de quiebre donde los dejas de ver y de pronto los encuentras en la preparatoria y dices tú: ¿dónde quedó la magia, el espíritu, la ternura con la que escribían de niños? La inocencia se pierde porque van a la escuela y los papás sólo llevan música de narcocorridos, así que surgen preguntas: ¿qué héroes ven los niños?, ¿qué es lo que están percibiendo de su entorno? La mayoría es un entorno equivocado donde hay violencia pero que no puede representarnos en su totalidad. Entonces pienso que mucha gente cree que hacer literatura para niños es chafa o fácil y no: el niño es un ser humano al cual tenemos que apostarle. Todo lo que yo hago está enfocado en apoyar a los niños del estado. Y es que también los niños necesitan sentirse identificados y al buscar libros infantiles encuentran libros de autores de otros lados pero, ¿y de Sinaloa? Necesitan una literatura que hable de sus realidades. Los que editan en el estado no han apostado por editar para los niños; contrario a lo que se hace en España, la importancia que tiene el libro ilustrado. Entonces hay que abonar para los niños sinaloenses y eso es lo que yo quiero hacer.

 

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