Por Julio Zatarain
Siempre el arte después de una guerra o conflicto social se vuelve indispensable para darle nueva lectura al contexto de una comunidad. Estas visiones pueden llegar a un país con millones de personas y tan complejo como México. El caso más fuerte es el de la Revolución, en el que hay discursos que hasta el gobierno mismo intenta reestablecer los cimientos de la sociedad por medio de literatura y pinturas que nos ofrecen una identidad que después compramos.
Si la política en México es un agitado mar abierto, quien hace que las olas lleguen a la orilla son los artistas. En un país tan desigual no puede existir la paz. Hay ocasiones en las que el sur vive momentos muy difíciles como en el año 2014 en Iguala, Guerrero, con la muerte y desaparición de estudiantes normalistas, mientras que simultáneamente en el norte puede darse la inversión millonaria para rescate a ciudades turísticas como Mazatlán.
En medio de un México violento que se fue transformando, como sociedad, en una comunidad vanidosa, que aparenta en redes sociales y normaliza la fotografía, surge Víctor Mendiola, fotógrafo documentalista que ha dedicado su vida en saber dónde estar, como ejercicio clave, para hacer foto-documentalismo. Mendiola expondrá su obra este sábado 2 de noviembre en la sala Carlos Bueno del Museo de Arte de Mazatlán, en el marco del festival de Día de Muertos que se tiene preparado. La exposición se llama “La eternidad dura un round”, y abre a partir de las 19:00 hrs, con entrada gratuita.
¿De dónde surge Víctor Mendiola?
Yo soy chilango, chilango… nací en 1969 y he vivido toda mi vida en la CDMX. Me empecé a dedicar a la fotografía cuando estaba estudiando la prepa, porque hubo un movimiento estudiantil, el del CEU (Consejo Estudiantil Universitario, de la UNAM) en el 87 y como tenía en la memoria las fotos de blanco y negro del movimiento del 68, entonces tuve la necesidad de documentar, por un interés personal. Esa memoria fotográfica documental (la del 68), creo que la tenemos como una referencia muy común para quienes hacemos fotografía periodística o fotografía documental.
De acuerdo al movimiento estudiantil del 87 surge tu interés por la fotografía documental, ¿anteriormente hubo algún interés?
En la prepa surge mi interés por la fotografía pero anteriormente era por una herencia familiar de documentar las vacaciones, los paseos, las celebraciones. Mi papá y un hermano de mi papá tenían ese hobbie.
¿Todavía tienen esas fotografías?
Hoy no tenemos tanto esas fotografías y ahí es cuando te das cuenta que esos archivos hay que guardarlos porque preservan la memoria, no sólo familiar, sino también la memoria de una época, de una generación histórica y además los procesos eran bien distintos.
¿Cuál es la diferencia de procesos y cuál es la relación entre ese uso cotidiano de la fotografía y el uso artístico y documental?
Se tomaban menos fotos, se imprimían menos fotos, eran no mejores, pero por la cantidad se hacían más trascendentes. Se revisaban más, aunque tuvieras una celebración o una reunión familiar, no te gastabas un rollo. Eran 36 fotos, ¿cuántas fotos puedes tomar hoy en día? 36 y más, y video, y al final esas fotos, si no tienes la disciplina de revisarlas, seleccionarlas, de borrar lo que no sirve, esas fotos se quedan en una memoria USB y esa memoria generalmente no la vuelves a revisar. Las mandas a tus redes, las compartes pero difícilmente trascienden. Ni siquiera en el sentido familiar, menos en el sentido documental y de una memoria colectiva.
¿Cómo combatirlo?
No es que lo combata, sino que… dimensionar el sentido de tomar fotografías. No solamente a un nivel profesional o un nivel documental ni de oficio, sino dimensionarlas en esta naturaleza de la fotografía de compartir momentos, una de tantas naturalezas, pero finalmente es el recuerdo. Esos recuerdos se están perdiendo por la inmensa cantidad de fotos que se están tomando. En cierto sentido sí hay que combatirlo porque es una cuestión de retomar la profesión del fotógrafo documental o de prensa. No sólo el oficio, sino rescatar cuál es el objetivo por lo que tú como fotógrafo haces eso.

¿La foto-documental es arte? ¿Qué conexiones tienen?
En realidad siempre digo que foto-documentar problemáticas no es precisamente arte. Es una documentación, es dar un punto de vista. Después de eso se reinterpreta y puedes pensar que es arte, tal vez, que estás dando una propuesta, estas usando la técnica, estas siendo un autor pero quizás la pretensión última no se hace con un objetivo artístico, pero se reinterpreta y puede ser que lo pongas en una galería, aunque no sea su objetivo principal. Al momento que llega a una galería tampoco quiere decir que sea estrictamente arte.
Tu exposición “La eternidad dura un round” se expondrá a partir del 2 de noviembre en la galería Carlos Bueno del Museo de Arte de Mazatlán, ¿cómo surge esta propuesta?
Inició como una foto-documentación pero por un atractivo hacia esos lugares, esos espacios, esa gente que practica box hacia la leyenda del boxeador, del ídolo del barrio, trasladado a épocas, a atmósferas, y sí me traslado al blanco y negro, como a las películas sobre boxeadores, pero toda esta onda añeja, vieja, muy nostálgica. Así surgió. Ese trabajo tiene 30 años, fue mi primera exposición, en 1993 en una galería ubicada en una zona muy popular, en la colonia Morelos, pegado a Tepito, que es cuna de boxeadores, y se puso una galería de arte, popular, una casa de cultura de ahí. También es eso: la fotografía documental debe tener esa función de confrontar, no solamente es la visión del autor y el registro sobre algo sino de que nos veamos nosotros ahí también, como un espejo. Quizá esa sea la relación que tiene con el arte, hacer una reflexión, pero el objetivo principal de estos trabajos es publicarlos. Puede ser en libros, reportajes, revistas.
Sé que fuiste recientemente uno de los beneficiados en el Sistema Nacional de Creadores del Arte, ¿qué proyectos vienen para Víctor Mendiola?
Todo es foto documentable. Una vez que te encarrilas en entender cómo puedes foto documentar, de pronto te puede interesar algo. Todo, tu vida misma, tu intimidad, tus amigos, la vida cotidiana, la ciudad, es foto documentable. Tú eliges los temas que te van interesando por momentos de tu vida o al descubrir algo. Este proyecto del Sistema Nacional, que estoy por iniciar, es un proyecto que tiene que ver con relaciones de convivencia entre dos generaciones. El adulto mayor que se tiene que hacer cargo del nieto o que por alguna razón el nieto vive en casa del adulto mayor, en la que esta parte intermedia que son los padres no existe o no están presentes. Lo planteo para hacer en unidades habitacionales en la Ciudad de México. Generalmente quienes compraron esos departamentos son los adultos mayores y por una cuestión que tiene que ver con la economía, con la situación del país, con las expectativas u oportunidades que tengan los jóvenes, no salen de ahí. Esto genera una relación no sólo al interior de los departamentos, sino en toda la unidad habitacional, que tiene que ver con comportamiento social. Tampoco es que uno pueda plantearlo tan fríamente como conceptos sociales, pero son realidades que sí reflejan una situación nacional, o de ciudad, local, que se han deteriorado. A mí sólo me toca observar, documentarlo, pero no sólo para un registro sino para entender por medio de las imágenes.

© Los derechos de las fotografías son de Víctor Mendiola.
