Por Sergio Ceyca
Cuando Thania Luna llegó a la Ciudad de México lo hizo llena de emociones y energías que el ritmo de la urbe se encargó de arrebatarle. En 2018 volvió a Culiacán una temporada, sólo para descubrir que ya no se identificaba con el ritmo de vida de la capital culichi y, gracias a una oportunidad laboral, volvió a la del país. En La Pared Cultura nos acercamos para hablar de su vida, su trayectoria y sus proyectos, además de esta ida y regreso que realizó hace unos meses.
Thania Luna (Culiacán, 1988) reside actualmente en Ciudad de México. Es licenciada en Ciencias de la Comunicación por la Universidad de Occidente y, fuera de la música, ha dirigido diversos trabajos cinematográficos, además que ha hecho trabajo actoral. Forma parte de la compañía “Sabandijas de palacio”, bajo la dirección de Mariana Hartasánchez.
Además, cuenta con un proyecto musical homónimo donde interpreta canciones de su autoría colaborando con Flor Amargo, y Aldo Max en la producción. Se ha presentado en foros como el antiguo Foro Hilvana, el Festival Cervantino, el Centro Cultural España, el Foro Alicia, Cara Dura, y los inicios del proyecto llamado ‘Depa de los Plebes’, que es un foro propiedad de David Aguilar.
La Pared Noticias: De inicio, ahorita te dedicas a cantar y al teatro. Tienes una trayectoria artística. ¿Cómo empieza esto? ¿Desde que eres niña?, ¿desde la adolescencia?
TL: Yo creo que fue primero mi acercamiento con la música. Durante siete años fui hija única y mi papá era ingeniero civil, entonces todo el tiempo estábamos viajando a diferentes ciudades y eso me volvió una niña muy sola que pasaba mucho tiempo en el asiento trasero escuchando lo que ellos escuchaban: Electric Light Orchestra, Queen, entre otros. Eso fue lo que marcó mi infancia porque yo me imaginaba muchas cosas cuando escuchaba a Freddy Mercury, y creo que ese mismo impacto que tuvo su voz es lo que me hizo sentir la música de manera teatral. Empecé a cantar con un público de verdad en un concurso de canto que hubo en la secundaria, tenía unos doce años; para mí la secundaria fue un parteaguas porque duré dos años en Culiacán (aunque en la prepa me volví a regresar); pero en ese concurso mis compañeros estaban bien extrañados preguntándome: Oye, Thanía, ¿tú cantas? Y en ese momento dudé un poco. Escuchaba, en ese entonces, el disco de Nada es igual, de Luis Miguel, y esa fue la canción con la que pasé a la segunda etapa. En ésta teníamos que llevar una canción con pista, me dijo la maestra, pero yo no tenía nada de nociones de eso y canté acapella. Al terminar me citaron con las ganadoras, aunque yo no gané nada, y ya me dijo que les gustó mucho mi voz, y me pidieron cantar en algunos festivales así que seguí cantando y en las peñas musicales donde mis compañeros bailaban, yo cantaba. En ese momento busqué unas pistas pero sólo encontraba pura popada –lo que siempre hay en los supermercados: canta como…karaoke no sé qué…–. La prepa fue la única escuela que hice completa en Culiacán y ahí hice todo: mi servicio social fue cantando en los eventos de la escuela con bolero romántico, y había ahí clases cocurriculares y yo quería ingresar a guitarra, pero en mi casa mi padre nunca me dejaba usar la suya. Entonces ya me gustaba cantar y componía canciones para mí. Luego un primo me invitó a formar una banda y empezamos a trabajar en el Shooters; en ese entonces nada más dejaban entrar a gente de 21 y yo tenía 16 años: durante esa temporada mi carrera fue de puros covers.
LPN: A la larga, ¿cómo se va modificando tu trayectoria profesional como canta autora? Y, ¿ahora a que bandas o música escuchas, quienes han generado los mayores cambios en ti?
TL: Ya que ingresé a la Universidad –a la carrera de Comunicación–, llevábamos diversos proyectos que involucraban el histrionismo y en un corto que tuvimos que filmar, la amiga que iba a ser la protagonista me dejó abajo y tuvo que entrar otra amiga; me recomendó entrar a clases de teatro pero hasta que me invitó a unas clases de teatro musical me llamó la atención, en especial por las películas musicales que veía. En 2009 empecé a estudiar teatro con Esteban Rogel, en un proyecto de teatro municipal del cual han salido muchas generaciones de actores que siguen en Culiacán; y otros que nos vinimos a la CDMX. Cuando empecé a componer para dar a conocer mis canciones o mostrar lo que traía fue en 2015 –la verdad, yo siento que ese año fue ayer– y escuchaba mucho jazz, blues, el rock del que me gustaban la parte sensual y la lúdica, cosas medio oscuronas pero también sensuales; mi primera canción la inicie a los 17 años pero no la pude terminar. Cuando me vine a Ciudad de México, Obed Noriega me dijo que acá estaba la Beca María Grever, que consiste en hacer tres canciones originales y te dan un apoyo para que sigas componiendo. En ese momento terminé la canción. En esa época tenía un trabajo muy, muy pesado, que me daba buenos ingresos pero las consecuencias de mi trabajo eran inauditas, entonces compuse algo al respecto, que fue “Mariposas rojas” y “Odio”; así me fui concentrando en las canciones. No quedé en la María Grever, por supuesto, pero ya tenía antecedente de quienes habían quedado anteriormente y uno de ellos era el David Aguilar, quien estaba dando cursos de songwritting en su casa y le caí. Así averigüé otras formas en que componen los canta autores. Descubrí a gente loca que hacia rolas (como Flor Amargo) y me gustaba mucho una banda que se llamaba Mathilde Band y también Juan Manuel Torreblanca; esas fueron mi inspiración de bandas mexicanas, sentía que ellos estaban sacando lo que tenían dentro y que la música, por sí misma, hablaba también de manera muy teatral. No era un género definido. En especial el disco de No make up, de Mathilde Band, que me voló la cabeza.
LPN: Estabas comentando que te toca llegar a la casa de David Aguilar, a hacer este tallereo a su lado. Y estamos hablando de que la gente de Culiacán se junta en Ciudad de México. Ahorita mencionaste a Obed Noriega, por ejemplo. ¿Cómo ves a esta comunidad sinaloense fuera de Sinaloa?, ¿qué otros músicos sinaloenses conoces acá?
TL: En el 2012 fue el boom de que todo mundo se largó a la Ciudad de México o a Guadalajara. Un amigo me dijo: sabes qué, Thania, tienes que irte. Yo ya estaba de locutora en los 40 Principales y dije: es cierto, estoy bien aburrida, mis amigos se están yendo, ¿qué hago? Entonces me pregunté quienes estaban en cada una de las ciudades y si tuviera un problema, quienes me podrían ayudar; así que me vine con mis amigos actores y acá comenzó otra historia. Lo que yo he notado es que cuando estás en esta ciudad –donde cada quién anda en su rollo–, todos los culichis o al menos los que yo me he topado, se unen. Si en Culiacán casi no nos hablábamos, acá sí lo hacemos. Así pasó con Obed. A Nick Angiuly lo conocí allá por el teatro, estábamos en el mismo curso. Al David Aguilar también lo conocía desde Culiacán, y cuando lo encuentro acá me sentí alegre de ver un rostro familiar. Yo llego con los Plebes porque, casualmente, el trabajo demandante que tenía estaba enfrente del lugar al que le llamamos El Depa de los Plebes 2, que está también en la Narvarte, y me dijo una amiga que se devolvía a Culiacán y me dijo que si sabía de alguien que quisiera rentar. Yo ya había ido la noche antes a ensayar unas canciones con Nick (él y Obed vivían juntos en el mismo edificio) y me quedé a dormir ahí porque grabamos; luego éramos los del depa 4 y los del depa 8 sacando rolas. También se vino Cesar Delgado, el baterista por un tiempo de Taller para Niños. Entonces aquí nos juntamos más. Creo que aquí se presta un poco más a ver a tus amigos para jugar Nintendo o cartas, a hacer música: yo me junto con los plebes a jammear, a hacer cosas, el Erevan es otro que se junta con nosotros. Como si fuéramos niños, nos reunimos para ver que sale y me siento en un ambiente de confianza porque no es lo mismo contarle eso a alguien de Culiacán porque es otro universo.
LPN: Siento que nos falta sentar la entrevista en otro terreno, menos anecdótico: el irse. ¿Cómo viviste tú o cómo crees que viven los culichis el salir de Culiacán a la aventura, al Viaje? Lo que a final de cuentas es una apuesta de vida y que, cuando regresas, la ciudad es distinta, las personas hablan distinto, las personas hablan más ranchero.
TL: Cuando llegué a la ciudad tenía mucha energía y todo era nuevo y maravilloso. Tenia 24 años. Te vas a cualquier lugar, no sólo a la Ciudad de México, y es una instrospección cabrona porque te conoces no sólo a ti misma en otras circunstancias, ya sin los amigos, sin tu familia; y a mi en particular, sin apoyo económico. A mi me dijeron que me iba a rascar con mis propias uñas. Duré mucho sin regresar a Culiacán pero en 2018 sentí que la ciudad me tenía muy cansada –no sé, la crisis existencia típica—y decidí volver con un montón de dudas. Me regresé, estuve unos tres meses que acabaron cuando me regresaron a la CDMX para que siguiera cantando y haciendo teatro, ya que aquí me pagan mucho mejor: en Culiacán jamás me van a pagar lo mismo que aquí por cualquier actividad que tenga, tristemente. Entonces, cuando volví a Culiacán, sentí que había retrocedido, que otra vez era adolescente, y que todo lo que había vivido en Ciudad de México fuera un sueño; como que tenía que volver a la gente porque ellos me venían como la Thania que se fue no la que era antes. En ese tiempo, en Culiacán entré en una crisis nerviosa de no encontrar un lugar para mí. Y cuando volví a CDMX sentí que esta era mi casa, que esta era mi vida ahora, como si jamás me hubiera ido. Suena como si le estuviera echando odio a Culiacán, pero en realidad no es así: hace unos días vino Cueto y me preguntó si no sentía amor/odio con esta ciudad y le dije que no, que yo lo sentía con Culiacán porque se siente más denso todo, más en corto. Quizá ya me acostumbré a estar acá.
LPN: Finalmente, ¿qué planes traes ahora? ¿Hacia dónde vas a fluir en los próximos meses, el próximo año?
TL: Tengo unas piezas que no he lanzado a la luz por falta de organización y quiero lanzarlas en Spotify en campañas, hacer las cosas bien, porque siento que todo se me ha dado de forma aleatoria. Lo primero es seleccionar las canciones que incluirán este proyecto porque no todo lo que he compuesto me ha gustado, y muchas han salido a manos de producción que no me ha terminado de encantar. Pero también viene otra chamba: hacer las campañas de publicidad, hacer videos, armar las cosas: eso es lo que me falta, lo que voy a hacer en estos meses. Quiero invertirle a eso porque como musico vas cambiando, te pasan otras cosas—como músico te tienen que pasar otras cosas— y tienes que darle tiempo a las canciones para que florezcan.

