Por Sergio Ceyca
En la Plazuela Obregón estará coordinándose un taller que buscará ahondar en dos géneros literarios que, por lo general, no reciben demasiada atención: la crónica y el ensayo. En este caso quién coordinará el taller será Jorge Luis Mendívil (Los Mochis, 1997) todos los sábados por la tarde; en La Pared Noticias nos acercamos a hablar sobre qué puede esperarse para que a quién le interese asistir, además de que hablamos un poco sobre la trayectoria del coordinador.
Jorge Luis Mendívil escribe crítica literaria y ensayo. Cursa la Licenciatura en Lengua y Literatura Hispánicas de la Universidad Autónoma de Sinaloa. Ha publicado en la revista Timonel y en los libros colectivos La espina es la flor de la nada (Instituto Sinaloense de Cultura, 2017) y Álbum rojo. Narrativa sinaloense de No-ficción (Instituto Sinaloense de Cultura, 2019).
La Pared: Bueno, de inicio vamos por lo básico. ¿Cómo y cuándo te interesó la literatura?
Jorge Luis Mendívil: Siento que yo empecé un poco tarde en mi gusto por la literatura porque, prácticamente, hasta tercero de prepa no había leído absolutamente nada. Ahí empecé con algunos libros betsellers y algunos libros para jóvenes pero ya casi, al terminar la prepa, conocí El llano en llamas y creo que fue a partir de ahí cuando empecé a formarme como lector. De ahí pasé a García Márquez y a Julio Cortázar, además de otras figuras importantes de la literatura latinoamericana del siglo XX y empecé a interesarme mucho más en la lectura; en especial con la dificultad de lectura que representa Rayuela, precisamente por el asunto de no poder comprender del todo un libro y aún lo sigo sintiendo: que siempre un libro tiene mucho qué decirte y nunca termina de decirlo todo. Pero a partir de ahí me centré más no sólo en la lectura sino en el estudio de los libros y la literatura.
Y antes de eso, ¿qué intereses tenías que, posteriormente, encontraste en la literatura? Lo pregunto porque, de alguna manera, la literatura es vida. No es como que llegues a encontrarte algo que no existía a tu alrededor.
Yo creo que llegué a la literatura sin prejuicios ni espectativas. No había pensado mucho en los libros, en qué podía encontrar en ellos: estaba bastante alejado de ellos y ni siquiera eran una opción en mi vida. No me ponía a pensar qué podría encontrar en esas historias o incluso en poemas (tal vez porque los poemas están más estereotipados por la poesía cursi como la que escribes a tu novia, pero creo que la primera vez que me encontré un poema con groserías o que no hablaba sobre el amor fue bastante alentador o llamativo para buscar más). Creo que si algo he encontrado en la literatura es el extrañamiento de la vida cotidiana, de las cosas que no se nombran, pero que están ahí y en ese sentido puede funcionar como un recipiente de lo que no vemos a simple vista.
Bueno, entonces en ese momento decides ingresar a la Escuela de Letras, ¿cómo es este ingreso? Esto corre paralelo a tu acercamiento a Eduardo Ruiz Sosa y los talleres que impartió en Sinaloa, por ejemplo.
Cuando ingresé a letras me sentía un poco inseguro porque no tenía mucho tiempo leyendo y sentía que mis compañeros tenían un acervo más grande de lecturas pero, eventualmente, eso fue pasando. Yo conocí a Eduardo cuando iba entrando a segundo año de la licenciatura porque ingresé a un programa que él coordinaba en aquel entonces (y que ahora que él se fue a Barcelona, estoy coordinando) que es el programa de 101 Libros, que se centra en formación de lectores. En pláticas en los cafés y en bares, con Eduardo y con otros amigos que sí iban a su taller de escritura ahí fue donde realmente aprendí lo poco que sé sobre literatura; la Facultad de Letras de la Universidad Autónoma de Sinaloa me enseñó, más bien, a conocer la lengua, las clases de lingüística son muy buenas, de literatura también pero el enfoque que a mí me gusta, creo, me lo dieron más estas charlas. Al taller de Eduardo no pude asistir porque siempre se empalmaba con mis clases en letras; aunque sí pude asistir al último taller que dio de cuento antes de irse a Barcelona.
Saltando, ¿cómo llegas a interesarte, en específico, con el ensayo?
Después de escribir una reseña para la revista Timonel, no había escrito nada literario y Eduardo me impulsó para escribir diciéndome que tenía prosa de ensayista (porque él corrigió la reseña para su publicación) y le dije que no había leído nada de ensayo. En ese momento sacó un libro de Herta Müller llamado Hambre y seda; y después de la lectura de ese libro y de leer Dolerse. Textos desde un país herido, de Cristina Rivera Garza, fue cuando me dieron ganas de empezar a escribir ensayo. Y posteriormente, crónica.
¿Qué encontraste en estos textos que mencionas, que fueron los primeros que leíste, que se ha quedado contigo en los posteriores que has escrito?
Recuerdo dos textos que creo fueron los más importantes que leí en aquel entonces. El primero fue “El tic tac y la norma”, de Herta Müller, y el segundo “Migrantes de Alejandro Santiago”, que viene en Dolerse. Creo que me sentí más cómodo en ese tipo de lecturas asumiéndolas como un aprendizaje para, posteriormente, poder escribir por el hecho de poder relacionar un concepto como en el caso de Herta Müller el concepto de norma, o lo que es normal, con vivencias propias en la dictadura de Rumania; en el caso de Rivera Garza también relacionar el suceso con lo histórico pero en vivencias personales de ella en pueblos de México, en Oaxaca para ser más exacto. Para no profundizar tanto en los temas de los textos con eso me quedaría del ensayo o de la crónica: poder realizar un concepto con vivencias o sucesos históricos que acontecen a sus autores.
Ahora vas a coordinar un taller de ensayo para el Instituto Municipal de Cultura de Culiacán, ¿qué pueden esperar los asistentes a tu taller?, ¿qué mecánica vas a trabajar?
La idea del taller es, más que nada, convertirnos en lectores más competentes en ensayo y crónica. Así como empezar a corregir ejercicios de textos en el taller. La idea de leer más estos géneros porque, a mi parecer, se tiende más a leer cuento y novela, incluso poesía, antes que ellos; entonces, la idea es empezar a adentrarnos más para aprender, en grupo, cómo hay que leerlos. La mecánica es simple: vamos a estar leyendo a un autor diferente a la semana y comentaremos la lectura de la semana para dejar un espacio al final del taller para corrección de textos, que será entre todos los asistentes. Yo no ando brindando el taller como un maestro, –porque aún me falta mucho por aprender para dar el taller como tal– sino la idea es que entre todo el grupo brindemos correcciones a través de lo que vayamos aprendiendo de la lectura, cuáles características debe de tener, qué se permite y qué no se permite en estos tipos de textos y, básicamente, conocer más los géneros.

