Entrevista | Emilia Bryan y la violencia en el mundo de la moda

Por Jorge Luis Mendívil

Emilia Bryan (Culiacán, 1999) salió de Culiacán a los dieciocho años y aunque su carrera en el modelaje ya había iniciado, encontró las dificultades que implica trabajar en este mundo hasta que llegó a trabajar a metrópolis como Ciudad de México y Nueva York. Ese trabajo que desde niña le interesó debido a su acercamiento a las revistas y a la moda editorial, lo ve ahora con otros ojos: por la necesidad que implica hablar de ello, y lo negligente que sería no hacerlo, los diversos tipos de violencia que ejerce la industria de la moda será el eje que atraviese estos párrafos.

Emilia ha aparecido en revistas impresas como Grazia (2017), Instyle (2018), Love #19 (2018) Lofficiel (2018, 2019), en la doble portada de Harper’s Bazar (2018) y en la revista digital Vogue Online (2017). Actualmente se estudia la licenciatura en Historia, en la Universidad Autónoma de Sinaloa. Aquí su sentir de su paso por el modelaje. Aquí sus palabras.

Cuéntame un poco, a grandes rasgos, de tu paso por el modelaje, cómo llegas, cómo se desarrolla tu carrera.

Me acuerdo que de chiquita, cuando tenía alrededor de diez años, o menos, veía las revistas de moda y me ponía a fantasear mucho en la sección de la moda editorial, que eran como historias con secuencias de fotografías. No tienen estrictamente una historia, pero a mí me gustaba imaginarme que las modelos interpretaban personajes como una mamá o un hada. Desde ahí le di un giro teatral al modelaje. Cuando empiezo a modelar (precisamente lo hago con eso que yo miraba de chiquita, la moda editorial) siempre le di el significado de yo ser un personaje para transformarme y poder ser diferentes cosas, en diferentes días. Me gustaba mucho porque era un tipo de actuación, me ayudaba incluso a sacar mi ira. A grandes rasgos inicié mi etapa como modelo cuando tenía alrededor de catorce años; esto fue a nivel local, trabajando aquí en Culiacán con diseñadores o pasarelas de universidades. Más o menos a los quince años es cuando me encuentra un agente de Guadalajara que mueve modelos de esa ciudad y de México. Así, comienzo a trabajar en términos nacionales un año después, a los dieciséis. Y a nivel internacional hago mis primeros trabajos aproximadamente a los dieciocho años. Esa fue la línea del tiempo de mi paso por el modelaje, de los catorce a los diecinueve años.

¿Cómo se da esa transición de lo local, después a lo nacional y por último a tus trabajos internacionales?

Como yo seguía en la escuela los acercamientos que me hicieron fueron por llamadas. Estaba aquí en Culiacán y tenía un llamado en una semana para tal revista, entonces me compraban los boletos de avión; y esto a veces, porque también son muy cabrones y como no te quieren dar para los viáticos entonces tú tienes que sacar de tu bolsillo. Empecé así, con vuelos a la Ciudad de México y cuando me mudo para allá en el 2018, me posiciono mejor y de ahí llegan las invitaciones a Nueva York y a Londres.emilia cel 3

Y aquí es donde empiezas a conocer la industria de la moda, ¿qué podrías decirme de este negocio?, ¿cómo lo ves actualmente?

Esa pregunta es muy amplia. Pienso que la industria de la moda, precisamente por ser una industria, te capitaliza. En términos de imagen es, por naturaleza, de carácter muy explotativo. Contra las mujeres, sobretodo, siento que es muy violento, que se imponen muchos ideales que contaminan. Entre nosotras, mis compañeras, sí existía una sororidad porque estábamos viviendo circunstancias muy similares. Nos quejábamos mucho entre nosotras por los tratos que se nos daban. Siento que nunca hubo problemas por envidias, problemas del tipo «yo estoy más alta, yo estoy más bonita». Pero la industria de la moda sí busca promover esta competitividad entre las mujeres. Y esto, aunque no lo expresábamos en conversaciones o en la manera en que nos llevábamos, ya sabíamos que estaba ahí y siempre estábamos en una especie de modo de comparación notando tanto los logros profesionales propios como los de nuestras compañeras. Este asunto de las comparaciones es más evidente en esta industria, pero, a final de cuentas, es algo presente, que existe, de alguna manera, en las relaciones de las mujeres en general, por ser violentadas y tratadas como objetos. Te repito: entre nosotras nunca sentí que hubo problemas ni sentí violencia, pero sí de parte de la agencia, de los fotógrafos, de los diseñadores, porque finalmente los que manejan todo esto son hombres y no nos toman en cuenta como seres humanos, menos como mujeres. Nos tienen como a un objeto. A mí me molestaba muchísimo que me preguntaran por mis estudios, mis gustos, de dónde venía o qué opinaba sobre ciertas cosas, y que todo lo tomaran solo como accesorios a mi persona. Era como «Emilia estudia Historia, qué chila, que cool», pero no sale de eso, es como si fuera un arete. Y mis gustos o lo que me conforma como persona, nomás complementa una imagen que se va a vender y ya. No hay profundidad en nada, no te toman enserio, te ven como algo reemplazable. Es como el cliché del maniquí, pero realmente así sucede.

Siendo más concretos, ¿qué formas de violencia se ejercen por parte de estos hombres que manejan la industria?

Por ejemplo, siempre está en cuestión o hay una preocupación de tus medidas y de tu peso. Siempre, siempre. Es como un sexto sentido que se te activa de que yo tengo que estar así, tengo que bajar tanto de peso. A mí me pasaba mucho en Nueva York y aquí en México que me decían, después de notar las medidas de mi cadera, que tenía que bajar hasta dos centímetros, cosas así de imposibles. Ese tipo de instrucciones, muy frías. Las modelos empiezan sus carreras usualmente a los dieciséis años y terminan a los veinticinco, entonces tu apogeo de verdad es en tu etapa de adolescencia, y es súper normal que te salgan granos en la cara y ese tipo de cosas. Eso para el modelaje es fatal. Te dicen que si tienes granos no puedes trabajar: «Estás perdiendo tu tiempo aquí, que se te baje en una semana», y pues qué absurdo, cómo se te va a bajar el acné, algo muy hormonal, en una semana o en tres días. También pienso yo, viéndolo ahora, que somos expuestas por nuestras edades a lugares y a situaciones que no son correctas para menores de edad, sobretodo porque estamos solas en esos momentos.

¿Mencionas que eran situaciones peligrosas?

Sí, se podría decirlo, porque todos los que manejan ahí son adultos y tú [las modelos] eres una niña. No tienes el criterio suficiente, aunque te dicen que eres muy madura o que eres independiente. En realidad, qué tan madura e independiente puedes ser a los dieciséis o diecisiete años. Te falta criterio, te faltan herramientas. Y cuando te llegan, te das cuenta que estás siendo explotada, que te están utilizando y manipulando, básicamente.

Volviendo al asunto de las medidas que exigen las agencias, debe ser difícil cumplir con esos estándares de belleza.

De hecho, tengo mis teorías de por qué existe este ideal de belleza o este canon de la modelo de alta moda, de pasarela. La primera tiene que ver con un asunto histórico. Es necesario ver cómo de una cambió ese canon: en los ochenta existía un estilo donde se plasmaba una belleza más atlética, más natural, más como de mujer, pues, que sí tenían busto y cadera. Se notaba que ya no eran unas adolecentes y estaban más desarrolladas. Se glorificaba ese tipo de estética. Para empezar, los diseñadores de alta moda hacen unos bocetos súper esqueléticos, donde la modelo ilustrada es muy, muy delgada. En los noventa este tipo de ilustración cobra realidad en las pasarelas y en las revistas. Y, al mismo tiempo, cuando se hace este cambio –de lo atlético a lo que llaman la época de Heroin chic que también es desmadre de glamourización de las drogas y la enfermedad– es la época cuando cae la URSS y cae el Muro de Berlín. Esto conllevó una migración rusa, y estas mujeres sí tenían una complexión muy delgada. Siento que por ahí va, de que los diseñadores pueden reconocer sus bocetos en la vida real. Ya con eso joden a las demás que no pueden tener ese tipo de cuerpo, naturalmente. Otra idea que tengo, es que casi todos los diseñadores son hombres homosexuales y en realidad un hombre no va a diseñar para una mujer. Yo he notado que cuando hacen drag o son transexuales eso se cubre, o sea, un hombre no va a tener busto, no va a tener caderas. Entonces de una manera u otra siento que se están plasmando a ellos mismos en las modelos también. Quitándoles, no sé, hasta ser mujeres. Otra cosa que también pienso es que, al ser muy obvio que, en Hollywood, en la industria de la moda, en todos lados, existe una cultura pedófila muy grave, es lógico que las modelos en pasarelas normalmente sean jóvenes. Sí se han puesto leyes en Estados Unidos sobretodo, donde hay que firmar, y asuntos legales de ese tipo.  Pero antes de eso, estaba muy cabrón que había niñas solas desde los trece años. Ya con estas nuevas leyes no las dejan participar hasta ser mayores de edad. Pero igual quedó el molde de una niña adolecente que aún ni siquiera tiene la menstruación. Entonces no se me hace ninguna coincidencia que esto esté de moda, que el sin busto y sin cadera esté de moda para los hombres como un producto, algo de consumo. Si sucede es por algo. Y sí es por una cultura pedófila muy grave.

Entonces, a partir de todo lo que vives en ese ambiente, decides salir del modelaje. ¿Qué te dejó la experiencia de haber estado ahí?

De alguna manera esta experiencia me dejó un empoderamiento. Sé que decirlo es un cliché pero siento que ahora tengo un tipo de voz, y que ahora puedo contra algo mucho más grande que yo en términos globales. De cierta forma puedo decidir qué quiero ser. También lo que me ha gustado mucho es que, gracias al modelaje y a lo que tuve que vivir, se abrió una yo mucho más crítica a lo que son este mundo de imágenes, a lo que es ser bonita, influencer y a todo lo que esto representa. Agradezco haber pasado por todo ahí, porque me di cuenta que al final todo es un acto muy violento. Se siente muy bien poder decir que no a campañas y ser congruente con mis decisiones.

emilia cel

¿Ya no volverías a ese trabajo?

No. He tenido más ofertas y he dicho que no.

¿A qué te dedicas ahora que dejaste el modelaje?

A estudiar Historia y a escribir. Creo que la escuela me sacó adelante la pasión por el estudio.

¿No extrañas nada del modelaje?

Extraño mucho viajar. Pero lo demás, no.

¿El dinero?

El dinero, hasta eso, no chingues. En México las grandes revistas (creo que los dueños son de Televisa) tienen un asunto como: «Mira, Emilia, por salir en mi portada de Harper´s Bazaar (tenía dos portadas) te estamos haciendo un favor, por lo tanto, no hay presupuesto». En las grandes revistas, por lo que hicieras, te daban un pago simbólico, supongamos que de mil quinientos pesos; en sí, los presupuestos más grandes vienen de lo comercial, de empresas como Sears, Liverpool, pero ese ya es otro tipo de modelaje. Mi perfil, por ejemplo, no encajaba ahí . Mi perfil era más editorial. Y es chistoso porque la moda editorial es más para la moda high fashion, la moda de pasarela, las prendas más caras, y es la que menos paga en México, las que pagan más son las empresas que ya te dije. Y ahí son perfiles, hasta eso, más comunes, más de talento. No son estas modelos que están siempre a dieta. Es otro tipo de modelaje. Es un mito que ganan mucho las modelos, aparte sales endeudada con las agencias. Por hacerte un book, por hacerte un corte de cabello, te cobran. Cuando estuve en Nueva York me cobraron hasta el hospedaje, me cobraron un montón de cosas por las que yo salí endeudada y cuando regresé a México tenía que trabajar a fuerza porque había que pagarles. No siento que haya leyes que apoyen a las modelos. No hay una seriedad política o legal en el modelaje. También siento que, en estas agencias, más en Nueva York, traen niñas de todas partes del mundo, menores de edad (o apenas cumpliendo dieciocho años, como en mi caso) y las dejan solas. Vas a la agencia y te dicen que tienes tal trabajo, o de plano que no puedes trabajar por el momento porque tienes granos, pero igual te vamos a dejar ahí a tu suerte. Nos dejan en una ciudad ajena para nosotras, solas. Pienso que las agencias deberían, por una cuestión moral, darnos un apoyo terapéutico, nutricional, algún tipo de entrenamiento. Pero no, nos dejan solas y endeudadas.

Ya para terminar, ¿recomendarías a mujeres aspirantes a modelos entrar a ese mundo?

Yo recomendaría pensar muy bien las razones por las que quieres ser modelo y qué es ser una modelo. Por ejemplo, pensar qué es lo atractivo de ser, de alguna forma, un objeto. O de no tener control sobre tu cuerpo ni sobre las decisiones que ejercen los agentes o las sesiones de fotos. A mí me tocó una circunstancia en mi primer shooting en una revista de México y Latinoamérica. Estaba muy emocionada. Tenía diecisiete años. Iba a ser la primera revista impresa en la que iba a trabajar, iba a estar en WalMart, en Samborns. Llegué y estaba todo muy bien, pero de una sacan una tanga y un brasier súper transparentes: yo tenía diecisiete años. Esas cosas se tienen que decir anticipadamente. Aquí en México me pasó eso, en Estados Unidos sí está más regulado. Pero, te repito, ese tipo de cosas, sobre todo por ser menor de edad, se tienen que hablar con los papás. Es un asunto legal, en pocas palabras. A mí me dieron la ropa de una y recuerdo que me sentí muy incómoda. La modelo que estaba conmigo también se quedó impactada. Pero no nos quedaba de otra que ponernos la pinche tanga y modelar. Esos actos se me hacen muy simbólicos. Podrían parecer acciones minúsculas, pero dan una imagen bastante grande de lo que es ese mundo.

El entrevistador reconoce que este texto periodístico fue posible gracias a la valiosa asesoría de Ivonne Uriarte, licenciada en Diseño y Mercadotecnia en Modas.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

* Copy This Password *

* Type Or Paste Password Here *

Share via
Copy link
Powered by Social Snap