Por Sergio Ceyca
El circulo de lectura feminista Macheteras –que suele llevarse a cabo en Lugar De– es un espacio de discusión y debate separatista que reúne a diversas mujeres de la ciudad de Culiacán en torno a la literatura.
Dicho espacio, en estos días, acaba de publicar en el ciberespacio un poemario colectivo llamado Las palabras son nuestras, el cual es producto de las lecturas y de los talleres de escritura creativa que han tenido. El libro puede ser leído aquí.
En el prólogo, la co-cordinadora Natalia Gómez, con quien también nos acercamos a hablar, menciona sobre el libro que: “Las palabras son nuestras es un poema colectivo, reflejo de una conversación que sigue viva. Los mecanismos del lenguaje, esa inercia que de la mano de la historia ha trazado la condición y el pensamiento de las mujeres, se manifiesta en revelaciones individuales. Al compartir esos descubrimientos, inicialmente personales, únicos y a la vez universales, nuestras lecturas fueron cobrando mayor sentido. Las discusiones no solo alimentaron nuestro vínculo de amistad y apoyo, sino también nuestras inquietudes, intereses y búsquedas artísticas”.
El poemario está compuesto por fragmentos y escritos de Paola Llamas Dinero, Virginia Woolf, Natalia Gómez, Andrea Dworkin, Itzel Avilez, María Aurora Acosta, Tika Pona, Yoko Ono, Ceci Pavón, Rosa Cobo, Carolina Escoch, Judith Ibarra Fong, Clarice Lispector, Iliana Díaz Mexía, Sofía M. Padilla, Ana Arista y Lluvia Gabriel.
LPN: Para iniciar. En el prólogo mencionas que Macheteras no es un círculo de lectura feminista sino un taller. En este aspecto, la lectura en conjunto que se realiza lleva a discusiones o diálogo, ¿cómo se fue armando el libro en base a esto?
Natalia Gómez: Todo surge cuando decidimos comenzar a dar talleres de formación. Primero, iniciamos con la formación teórica y literaria a nivel básico de lecturas, en base a un programa que habíamos elaborado; y ya en determinado momento decidimos que, las discusiones nos estaban llevando a lugares de más exploración creativa y a replantearnos nuestras ideas sobre lo político. Ahí fue cuando se abrieron estas dos puertas: que Macheteras no solo fuera un círculo de lectura, sino uno en donde morras se pudieran movilizar de manera política y, también, que comenzaran a formarse artísticamente de manera multidisciplinaria. Muchas ya eran artistas y escritoras, pero decidimos seguir explorando eso porque de todas formas había mucha autocensura, mucho no denominarse como tal, o tal vez tener dinámicas muy distintas a las que ya en el taller aprendimos a construir y trabajar en conjunto. Entonces, se empezaron los talleres. El primero fue de poesía y se llamaba justo así, Las palabras son nuestras, fue impartido por Paola Llamas Dinero, una poeta de Guadalajara; nosotras surgimos del contexto de Culiacán pero no estamos cerradas a compartir y convivir con morras de otros lugares, siempre con el afán de descentralizar la onda cultural. Entonces, viene Paola y hacemos unos ejercicios, algunos poemas, hacemos una lectura de poesía –que aunque el taller fue separatista, en el evento participaron tanto mujeres como hombres, guardando exclusividad del line up para mujeres–, y aquí descubrimos que en el taller había muchas que ya tenían escritos. Uno de los ejercicios fue hacer un cadáver exquisito, recuerdo. Terminado el taller les dijimos que estábamos interesadas en armar un poemario que fuera una muestra de lo que estábamos escribiendo en ese momento las mujeres en Culiacán; y así fue como se recabaron, en un inicio, los textos. Ya más adelante llegó el ejercicio creativo de formar el poemario, estos fragmentos entrelazados que forman el poema, el cual fue mío y de Paula Gómez, mi hermana, porque nosotras llevamos a cabo el proceso de edición e ilustración; nosotras queríamos que realmente fuera una pieza que reflejara la multidisciplinariedad que tenemos en el taller: que no sólo escribimos, que hacemos activismo, que hacemos artes plásticas, o cualquier otro tipo de expresión.

LPN: En el poemario, en su versión final, se incluyen textos de las participantes de Macheteras pero también de autoras ya publicadas, y ya contemporáneas, como Andrea Dworkin o Clarice Lispector. ¿Cómo nace la idea de cruzar estas lecturas?
NG: Teníamos clara la idea de que el poemario no fuera sólo una compilación de manera tradicional, en cuanto a llevar más allá a textos que por separado tal vez no tuvieran nada que ver más que el hecho de que estuvimos en el taller y somos mujeres y escribimos poesía; entonces, primero surge la idea a partir de otros poemarios que se han publicado de manera independiente y que estuvimos revisando para hacer este gran poema. Ya que estuvo armado con algunas partes de nuestros textos hizo clic que incluyéramos algunos extractos de las lecturas que habíamos hecho porque esas palabras habían tenido mucho impacto en la manera en la que nosotras veíamos el mundo y explorábamos nuestras ideas. Obviamente, la lectura es un ejercicio importantísimo cuando estamos hablando de la creatividad, especialmente en la escritura, para nutrirte de las ideas de las demás personas, conocer lo que se ha escrito y las posibilidades del lenguaje. Porque éste tiene posibilidades infinitas y es algo muy curioso y especial; entonces, ellas eran parte de nuestra formación como escritoras y por lo tanto decidimos mostrarlo al incluirlas en el poemario, para rendir tributo y a la vez difuminar esa línea divisoria que tal vez es intangible entre lectoras y autoras. También para demostrar que no somos lectoras pasivas, sino que nos consideramos autoras. Y esperamos que algunas, si tienen esa aspiración, se les publique, y qué mejor que la auto publicación. Nosotras no generamos ganancias, invertimos muchas veces recursos propios. Sólo hay que aclarar que, en los talleres dados, les pagamos el transporte a las talleristas y se pidió una pequeña cuota de recuperación como pago; si se le quiere decir así. Además del taller de Paola Llamas Dinero, también hemos tenido el de Karina Zatarain a quién le publicaron un artículo en The New Yorker, que era sobre las Rastreadoras de El Fuerte; como ella era de Culiacán no necesitó transporte, pero el dinero que generó se lo dimos como retribución.
LPN: Para terminar. ¿El poemario nada más estará disponible en internet o también tendrá una versión impresa?
NG: El poemario como tal está de manera virtual. En físico, primero tenemos que cerciorarnos de no infringir ningún derecho de autor. Además de que tendríamos que ver cómo se manejaría el asunto de las ganancias debido a que somos tantas las que participamos en el poemario, queremos que sea comercio justo; y esos temas no los hemos tocado porque, justo, Macheteras es un proyecto autogestivo; a lo mejor, los liberamos con Editorial Mercuriana a cambio de donaciones. No lo tenemos muy claro aún, en realidad, pero justo cuando salga a la venta no será tanto para generar ganancias sino para recuperar lo invertido. Eso será un reto para Macheteras: cómo recuperar ganancias para las autoras que confíen en nosotras para llevar el proceso editorial de sus libros, porque eso también es parte de dedicarse a la escritura: aprender a valorar nuestro trabajo y cobrar por ello. Por ahora es algo que nace más bien de nuestro corazón y no estamos ganando nada del proyecto, sino es una ganancia mutua en el sentido de que nos estamos nutriendo, estamos dialogando y aprendiendo juntas; puede que el próximo paso sea aprender a valorar nuestro trabajo y cobrar de manera justa por él.
