Entrevista | Alfonso Orejel publica nuevo libro: su primera novela

Por Sergio Ceyca

La primera novela de Alfonso Orejel, llamada Consumidores de pesadillas, está por ser publicada en Montena, sello perteneciente al conjunto editorial Penguin Radom House, y que estará circulando a partir de agosto en librerías. Por ende, en La Pared Cultura nos acercamos a hablar con él sobre su trayectoria, sobre sus libros anteriores y lo que puede esperarse de esta novela.

Orejel nació el 14 de febrero de 1961 en Los Mochis, Sinaloa. Estudió el bachillerato en la Universidad de Guadalajara y la licenciatura en Ciencia Política por la Universidad de Sinaloa. Ha desempeñado labor de promotor cultural, promotor de lectura y ha dirigido talleres de escritura creativa y programas de lectura a nivel estatal. Desde 2002 ha sido coordinador de la Feria del Libro de Los Mochis.  Además, ha sido coordinador del Cine Club y del Taller de Literatura para niños en el Museo del Fuerte en Los Mochis, Sinaloa. Fue fundador de la revista literaria Manchas de Tinta editada en Los Mochis.

La Pared: Bueno, en fin. Para iniciar: ¿Cómo te acercas a la literatura?

Alfonso Orejel: Como supongo la mayor parte de los escritores se acerca: como lector. Yo fui niño entre el ‘61 y el ‘73, más o menos, y en esa época no había la diversidad de libros que existen hoy en lo que es la literatura infantil y juvenil, pero sí había algunos que llegaban hasta nuestras casas porque nuestros padres compraban, por ejemplo, El tesoro del saber o enciclopedias, o caía algún libro que alguna hermana adquiría de Pablo Neruda, libros de Amado Nervo, algunas novelas como Pedro Páramo o La Feria; esos libros sí estuvieron en un librero cuando mis hermanos se fueron a Guadalajara a estudiar porque aquí en Los Mochis no había universidades, y yo los tomaba con curiosidad sobre todo porque no eran para público infantil. Así empecé a leer literatura porque el periódico lo leía todos los días: mi papá compraba El Debate y yo siempre lo hojeaba. Empecé a leer porque admiraba la elocuencia de uno de mis hermanos: la enorme capacidad que tenía de persuasión, su gracia, el carisma que mostraba cada vez que mostraba sus ideas, sus pensamientos, y que estaban influenciados por sus lecturas; mi hermano Martín, quizá, fue el ejemplo de lector idóneo. Ya en la escuela el que influyó más en mí para leer más fue un maestro llamado Apolonio Coen Souza.

Ahora que tú te dedicas a escribir literatura infantil y recuerdas la infancia, ¿de qué manera te ayudas de tus recuerdos, tus experiencias, para el trabajo actual?

Fíjate que mis recuerdos de infancia han sido combustible invaluable para la creación literaria, para alimentar la imaginación, sin embargo más para dos o tres libros de poesía que tengo que hablan de la infancia como un territorio elemental básico, a través del cual se va formando el espíritu. Los cuentos que yo he creado (como Caldo de pericos, El cucaracho, El árbol de las muñecas tristes) tienen que ver más con la infancia de mis hijos o con la infancia que yo observo desde la torre de mi madurez; entonces no necesariamente esos cuentos tienen como materia prima mi propia infancia. Aunque, en realidad, sí hay dos cuentos que están particularmente vinculados conmigo: uno aparece en un libro llamado La venganza de la mano amarilla, y el otro aparece en un libro que me publicaron hace poco llamado Un poco de dolor no daña a nadie. En ellos recobro a mi mamá y la instalo en esos cuentos; también a mi padre y a algunos de mis hermanos ya muertos. Y eso es una cosa maravillosa que te ofrece digamos este arte: el hecho de permitirte que aquellos seres que pertenecen a la sustancia de los fantasmas, o de la ausencia, puedes volver a darles vida y darles voz y que continúen existiendo aun cuando ellos no se dan cuenta que es así.un poco de dolor

Sí, entiendo. Es como lo que dice la canción de “La Martiniana”: “No me llores no, porque si me lloras yo peno. En cambio, si tú me cantas yo siempre vivo y nunca muerto”. Bueno, continuando, ¿cómo vas creciendo? Supongo que, por lo que dijiste, la idea de escribir y publicar como un oficio llegó después.

 Yo en realidad no tenía ni la más remota idea de que podía ser escritor. La primera persona que, allá entre la piedra, la suciedad y el lodo, encontró un destello fue una maestra de la secundaria que nos puso a escribir algo. A mí no me importó mucho esa tarea. Pero ella me dijo: Orejel, tú eres muy bueno para escribir, tú podrías ser escritor. Yo por supuesto no la tomé en cuenta, no le hice demasiado caso, ella nos daba clase de Español. Yo empecé a escribir, más o menos, en la preparatoria, pero tampoco me interesaba ser escritor; pero, más o menos, en 1983, yo fui el principal promotor de un tríptico llamado Manchas de tinta, que después lo intentamos volver revista, pero que, digamos, fue como todas esas revistas arriesgadas que quieren escalar el Everest e instalarse en el tiempo y que están condenadas al fracaso desde su concepción. A lo largo de esas plumas que convocamos se dio la diáspora: entre ellos (porque nos visitaba, no era miembro de la revista) estuvo Mario Bohórquez, Juan López Cortés, salieron tres o cuatro escritores que se defendían, algunos quedaron, otros ya desaparecieron. Pero ese fue el primero intento de una apuesta literaria en Los Mochis y cada quién empezó a transitar sus propios caminos y yo empecé a publicar en el suplemento cultural del periódico que dirigía Sigfrido Bañuelos, el cual se vendía en Culiacán o te lo regalaban en el Difocur: ahí empecé a escribir reseñas de cine, pero ya tenía cierto olfato literario porque me le pegaba mucho a escritores (como Efraín Bartolomé, como Ricardo Castillo, David Huerta) que venían a Los Mochis y los invitaba a tomar café. Así fue como establecí ciertos contactos literarios que me enriquecieron y me permitieron tener una visión más amplia de lo que era la literatura.

 ¿Cómo empiezas con las publicaciones? Ya has mencionado que hubo libros de poemas, ¿pasas directo a la literatura infantil y juvenil o hay otros libros antes?

 Yo primero publiqué dos libros de poemas. Originalmente, me consideraba a mi mismo como poeta. Durante un lapso del 90 al 2000, parecí hundirme en un profundo y largo silencio pero yo seguí escribiendo, sobre todo cuentos, pero duré buen rato sin publicar casi nada pero sí leyendo mucho y fogueándome. Hasta que a principios del año dos mil empecé a publicar mis primeros libros dirigidos al público infantil (Caldo de perico, El sendero de los gatos apachurrados, La venganza de la mano amarilla) y después de esos libros publiqué un libro de cuentos, que fue el libro La balada del hombre muerto, con el que gané el Premio Nacional de Literatura Inés Arredondo. Luego gané el Premio Gilberto Owen con Palabras en sepia, y continúe publicando libros para niños (La niña del vestido antiguo, Un poco de dolor no daña a nadie). He seguido escribiendo muchos libros, tanto de cuentos como de poesía, luego publiqué uno con el que quedé finalista en el Concurso de Poesía Infantil del Fondo Editorial del Estado de México (Manantial de Carcajadas), luego gané el Premio Regional Ciudad de la Paz con otro libro de poesía llamado Álbum del olvido. Y ahora sí vienen novelas, la primera es esta que se llama Consumidores de pesadillas. Y vienen como tres o cuatro novelas nuevas que espero salgan en buenos sellos editoriales. En realidad, soy como un escritor anfibio: yo puedo escribir casi de cualquier género y me dejo llevar por la emoción que me embarga en ese momento. Para mí la exigencia es la misma cuando hago literatura infantil y juvenil o literatura en general: aspiro a ello, por lo menos, para que perdure, para que no se desvanezca fácilmente.orejel portada

Ahora hablemos sobre Consumidores de pesadillas. ¿Cómo surge esta novela, cómo la trabajas, cómo es el trabajo de este libro antes de que lo lleves a una editorial? La cuál además es una editorial importante. Por ejemplo, lo que alcanzo a ver con el adelanto es el hecho de los jóvenes que tienen la rebeldía de fondo; que en ambos casos se revela a través de la relación con los adultos y sus instituciones. ¿Hay un asunto de rebeldía en el resto de la novela o sólo es parte del disparo que desencadena la trama del libro?

No es la primera novela que escribo: es la tercera pero es la primera publicada. La novela partió, de alguna manera, de una experiencia que yo tuve trabajando en centros de rehabilitación para personas que tenían problemas de adicciones a las drogas, al alcohol, al juego o a la pornografía; a mí me generaba una gran curiosidad como se movía el engranaje mental de los adictos, entonces yo cuando los escuchaba –yo iba como una persona del exterior que conversaba con ellos de literatura– notaba que vivían en una permanente pesadilla, sobre todo cuando estaban sin la droga. Yo quise escribir una novela que contara el viaje de un descenso hacia un foso del que parece no haber salida, un descenso hacia el infierno; esa fue la idea sustancial del proyecto pero, obviamente, yo no lo podía contar de esta manera en que te lo estoy diciendo, entonces idee una trama en que cinco amigos se internan a través de un portal que uno de ellos –el nerd, el gordito de lentes de fondo de botella, que tiene una pierna con secuelas de poliomielitis– descubre en una casa abandonada. Y a través de ese portal que les permite ingresar a un lugar que les ofrece las pesadillas que ellos necesitan para tener la dosis de adrenalina que los va a sacudir y hacerlos sentir vivos y que les va a permitir explorar sus propias aflicciones, sus miedos, sus esperanzas. Esa fue la idea central de la novela y sí, creo yo que desde la primera página el primer personaje, que es Felicia, se rebela en contra de la vida cómoda de sus padres: ella no quiere vivir en la ficción, no quiere vivir engañada ante un mundo que parece ideal e idílico que le ofrece bienestar y riqueza y prestigio. Sus padres son un par de personas que se dedican a vender cursos para ser felices en poco tiempo. Desde ese primer personaje con un tono paródico, se va dando cuenta el lector de que los personajes que van apareciendo nos va contando un fragmento de esa realidad terrible en la que vivimos y, como dice la publicidad, la verdadera pesadilla empieza en el momento en que abrimos los ojos. Esta novela es sobre la dificultad que tenemos los seres humanos para aceptar la realidad de una manera bruta y tácita, de que ésta se nos plante frente a los ojos y nos pueda resultar insoportable. Dice T.S. Elliot que nadie soporta demasiada realidad. Y en ese sentido yo sí creo que todos nos fugamos de la realidad a través de la literatura, a través del cine, del juego, del sexo, de la religión, de lo que sea. Tienen que ver, más bien, con la desesperanza que es una epidemia entre los jóvenes hoy en día con la idea pesimista que planteó Octavio Paz en la frase: hemos arruinado el futuro.

Hace unos días entrevisté a Georgina Martínez y ella comenta que no hay mucho fomento en cuanto a escribir literatura juvenil e infantil en Sinaloa. Se vuelve este asunto del prejuicio de hablar sobre géneros menores en la literatura, ¿qué tipo de estos problemas te has enfrentado en tu trayectoria?

 Hay que hablar de dos cosas diferentes. Una es la promoción de la literatura infantil y juvenil, y otra cosa es la formación o la aparición de literatura infantil o juvenil nacidos o residentes de Sinaloa. Yo creo que la promoción sí existe y siento, en realidad, que es la más fuerte, la que, digamos, alienta más, la que se promueve, la que se les acerca más a los niños en las escuelas, en los colegios, en los centros culturales, en las presentaciones de libros, la literatura que generalmente se pone al alcance de niños o jóvenes. Y, claro, aunque sí existe sigue siendo aún una iniciativa muy débil, demasiado limitada, eso sí creo, pero de que existe, existe; ahora, por ejemplo, abunda una gran cantidad de escuelas que tienen el propósito de fomentar la lectura entre sus alumnos, ha adquirido cierto prestigio la lectura, hay verdaderos equipos de literatura diseminados a lo largo del chorizo sinaloense. También hay más publicaciones de literatura infantil y juvenil aunque la mayoría son muy limitadas, no tienen una calidad que les permita instalarse a nivel nacional. Eso por un lado, ¿por qué no hay escritores dedicados a esto? Porque en el fondo hay mucha gente que sigue pensando que es una literatura menor, piensan que es más importante publicar una novela de ciencia ficción, una sobre el mundo del narco, de cualquier tipo o cualquier tema, que publicar pensando en un público infantil al que, en el fondo, se le subestima y se le sospecha menos inteligente, con menos condiciones para aquilatar una obra que tenga peso o belleza literaria o profundidad. En el fondo esa es la premisa. Pero, ¿por qué no existen? Porque es un acto de voluntad ser escritor. La gente no se propone convertirse en escritor de literatura infantil y juvenil, quizá, porque no ha estado en el taller apropiado, porque no ha tenido los estímulos, porque no son lectores de esta literatura, porque no conocen a Chris Van Allsburg, a Armin Greder, a Anthony Browne, a Fred Bernard, a Maria Machado, a  María Elena Walsh, a Roald Dahl, a un sinfín de autores extraordinarios, los ignoran y, por lo tanto, desde su torre de ignorancia miran a su alrededor y piensan que todo es un páramo. Lo que deberían hacer es leer más autores de esta literatura.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

* Copy This Password *

* Type Or Paste Password Here *

Share via
Copy link
Powered by Social Snap