El próximo 20 de enero Donald Trump protestará ante el congreso de los EEUU como su nuevo presidente.
Sin embargo, antes de que eso suceda y vía Twitter, el millonetas al parecer ya empezó a gobernar cuando menos en lo que al tema “México” se refiere. Aún no sabemos el tamaño del odio que nuestro querido Donald le tiene al país, pero por los hechos recientes, sabemos que no es poco.
Desde que fue precandidato republicano hasta su victoria ante Hillary Clinton, Mr. Trump no dejó de amenazar a México con una serie de medidas en donde, más allá de lo económico, se vislumbra el rencor alimentado desde el racismo y el desprecio. Ese tufo de Neonazionalista que despide Trump, es conocido en todo el mundo y nos pone en alerta, ya que las peores páginas en la historia reciente de la humanidad se han escrito a partir del discurso del odio.
La anunciada retirada de la inversión más importante que recibiría el país en el 2017 por parte de la corporación multinacional FORD es apenas el primer “uppercut” que lanza el ahora poderosísimo magnate, y la reciente amenaza a General Motors y Toyota para que den marcha atrás en la construcción de sendas líneas de producción automotriz le seguirán sumando al fuego hostil que nos espera; amén de las deportaciones masivas, la construcción de otro muro en la frontera y de la cancelación del Tratado de Libre Comercio que Donald Trump prometió realizar como introducción a la nueva política exterior de EEUU para México durante su mandato.
Por si fuera poco, los tentáculos de Trump se han extendido ya a lo político en nuestro país, y el reciente nombramiento y rehabilitación de Luis Videgaray como titular de la secretaría de relaciones exteriores lo comprueba. Videgaray fue quien negoció la visita de Donald Trump a los pinos con el presidente Peña nieto, hecho que a la postre le sumó votos decisivos para su victoria contra Clinton y que así se puso de manifiesto en un súbito repunte en las encuestas de aquellos días. Y fue precisamente este mismo hecho, lo que provocó en su momento la salida de Luis Videgaray de la Secretaría de Hacienda ya que no hubo un solo mexicano que no se haya sentido ofendido por tan lamentable insulto. Ahora Trump le regresa el favor a Videgaray y este ya despacha de nuevo con gafete de secretario de estado.
Así pues, mientras Mr. Trump viene piloteando una aplanadora directo a golpear económica y políticamente al país, el presidente Peña Nieto sigue impasible y mirando como su mandato se cae a pedazos. Mientras tanto, al país le llueve sobre mojado y el desprecio del presidente Peña Nieto para con su gente es casi comparable al del propio Trump. El reciente “gasolinazo” es una cuchillada al bolsillo de todos los que estamos fuera de la nómina de la alta clase política es el último botón probado. A pesar del desconcierto y el enojo que la población ha manifestado a lo largo y ancho del país, esto no le preocupa al presidente Peña y, por el contrario, nos “invita” a apretarnos aún más el cinturón ya que la dolorosa medida de incrementos en los combustibles y energéticos es inevitable.
Sin liderazgos efectivos el 2017 no se mira nada promisorio para México. Si Trump cumple sus promesas, la caída del empleo será brutal, lo mismo que la depreciación del peso mexicano aumentará a niveles estratosféricos. La inflación no va a respetar nombres y el pueblo, como dice Joan Manuel Serrat, está “harto ya de estar harto” y ante ese escenario, mis estimados, todo puede pasar.
Por Édgar García Colin