Desde Sinaloa para el mundo: Sobre cómo la danza salvó a Alina Zapata

Por Sergio Ceyca

Alina Valeria Guerrero Zapata (Guasave, 1989) desde muy pequeña tuvo contacto con las artes, enfocándose en la danza. Para ella, siempre ha estado a su lado y la ha acompañado a sobrevivir momentos duros en su vida. Ahora que está por asistir a diversos festivales con sus proyectos individuales, La Pared se acerca a ella para entrevistarle sobre su trayectoria y planes futuros.

Durante su formación combinó continuado sus estudios académicos paralelos al aprendizaje y el ejercicio de la danza. Es licenciada en Psicología por la Universidad Autónoma de Sinaloa (UAS), en Danza Folclórica Mexicana por el Instituto de Iniciación Artística de Nayarit y en Danza Contemporánea por el Centro Cultural de Artes Escénicas Contemporáneas. Ha podido participar, en el extranjero, en festivales internacionales de danza y teatro en compañía de Áthros Danza Contemporánea, y de manera independiente. Dentro de las obras que ha producido están Ingredientes para una vida infeliz, 1..2..3 Desaparecidos, El imperio de los sentidos, A las vocales, En el nombre de y Pluie de problèmes.

¿Cómo entras al mundo de la danza?

 Desde los 3 años que me llevaron a tomar clases a los talleres que se impartían en el Seguro. Me daban ballet y poco de gimnasia. Luego pasaron a dar folklore y me mantuve otro tiempo. Eso duró hasta los 9 o 10 años. Toda la primaria era la primera en decir que participaría en los eventos, aparte hice mi propio grupo de compañeras donde les montaba coreografías con canciones que estaban a la moda. En la secundaria nos daban diversos talleres y yo estuve en teatro pero estaba más en danza y aunque era de los buenas, nos enseñaban puro folclor. Después, en la prepa, me fui un verano a Los Mochis a tomar un curso en la escuela vocacional de artes de danza y jazz; después en la prepa estuve menos activa artísticamente, entre comillas, porque a mí me gustaba bailar y recuerdo que hubo un evento de budistas ahí en Los Mochis y los organizadores eran amigos míos y ellos me invitaron a presentarme bailando. Y aunque no tenía nada, me animé. Como entonces andaba con el punk y esas corrientes de pensamientos, pensé en hablar de la represión y me la ingenié consiguiendo cosas para montar un espectaculo; hasta fue mi madre y algunas amigas a verme. Pero yo no sabía que eso era danza contemporánea. Fue cuando iba a pasar a la universidad, que llegó la pregunta del millón por parte de mi madre: “¿Estás segura que vas a vivir de la danza?”.

 ¿Cómo te fue tu proceso creativo? ¿Estuviste en grupos, viste a otros bailarines?

 Ya que empecé bien en la danza, en la carrera de folklor era la rarita porque, imagínate, llegan todos sombrerudos, rancheros, a bailar folclor, y llego yo con el cabello morado y con tatuajes. No me aceptaban mucho los compañeros, estuvo muy difícil el primer año. Luego yo me defendí con las coreografías y en los trabajos y me gané un poco su respeto. En contemporáneo, por otro lado, no era muy buena –ahí me sale un poco lo emotiva– de hecho con lo que más batallé fue con la disciplina, con ir bien peinada, ser puntual, usar los leotardos, y me corrieron por la impuntualidad. Terminé trabajando con una compañía de danza contemporánea pero fue muy difícil porque me decían qué hacer, y yo tenía ganas de experimentar, ideas e inquietudes, y hacer lo mío; así que me abrí y me empecé a dar yo sola. Con la compañía me tocó viajar al extranjero, experiencia que era nueva para mí y de la cual aprendí. Puedo presumir que la poca trayectoria que tengo ha sido, al menos el 80% del tiempo, de manera independiente: yo sola metiendo propuestas a festivales, a becas, recibiendo invitaciones. Yo sé que no soy una virtuosa y que estoy en los mejores espacios –tampoco le tiro tanto a eso, me gusta más la calle–, y el hecho de que ahora vaya una obra con mi propio nombre a Ciudad de México se me hace muy importante; y aunque ya salió la lista de seleccionados, no me la voy a creer hasta que esté bailando allá. Voy a un festival independiente sobre danza y juventud, con la idea de exponer trabajos de artistas emergentes.

¿Qué le dirías a la gente sobre la danza contemporánea? ¿Cómo podrías sugerirle acercarse a ella?

 Cuando tú te la crees, le apuestas, te dedicas, te esmeras desinteresadamente de inicio, la gente se convence de que la danza es más que un hobbie. Y es cuando también le comienzan a apostar por conocerla. También sirve informar sobre las habilidades y el entrenamiento del cuerpo es importante, porque no te vas a poner a hacer contorción o saltos así nada más; obviamente debes de tener un entrenamiento para que tu cuerpo lo resista y no te lastimes; también para lograr la rudeza o la delicadeza para poder abordar lo que quieres decir. Explicarles cómo es posible con un solo dedo o con el movimiento de un hombre podemos lograr muchas cosas y no siempre usando las cinco extremidades. No limitarnos a eso: el cuerpo es tan amplio que hay miles de posibilidades de cómo moldearlo.

 ¿Cuáles son tus planes a futuro?

 A largo plazo ando pensando en la investigación. No me quiero morir sin escribir sobre psicoanálisis, lingüística y danza; la relación de la poética con el cuerpo, o literatura en la danza. Porque hay muchas similitudes entre estas ramas. Ahorita no puedo hablar mucho del tema porque no tengo los conocimientos bastos ni la claridad para explicar la idea que traigo, pero lo poco que he leído sobre el tema a lo largo de mis estudios no sólo de danza, sino también de psicología –por ejemplo las teorías de Lacan, de Foucalt, el rizoma de Deleuze–hay una gran amalgama para escribir sobre danza contemporánea. En cuanto a corto plazo, quiero ser ejecutante y seguir bailando, pero no se compara con el amor que le tengo a la creación coreográfica. Esto es lo que me va a salvar de lo podrido de este mundo, de este país, de este estado, de este municipio; lo que me mantiene para sobrevivir en todo lo que hago desde escuchar música, convivir, ver cine, gozar, todo lo que hago, créeme, en al menos en un momentito lo conecto con la danza. Creo que a estas alturas sería muy cobarde rajarme. Obviamente va a haber muchas cosas más complicadas en mi vida pero espero que una de las travesías más difíciles ya la he liberado y por eso me mantengo. Tengo prohibido rajarme: yo soy de la danza o no soy.

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