Culiacán, Sin.- Culiacán no avisa. El calor de la tarde de este miércoles caía como plomo derretido sobre la comunidad de El Diez, al sur de la ciudad, mientras elementos de la Secretaría de la Marina desplegaban patrullajes preventivos en la zona.
La tensión habitual del sector se transformó en un infierno cuando un individuo que presuntamente viajaba a bordo de una motocicleta agredió de manera directa a las fuerzas federales, disparando a quemarropa contra el convoy. Las detonaciones rompieron el aire y dejaron un saldo inmediato: un marino lesionado por los impactos de bala, quien tuvo que ser trasladado de urgencia para recibir atención médica.
La noticia corrió rápido. Los reporteros de la fuente de seguridad arribaron al sitio con las cámaras listas para documentar el despliegue y el sobrevuelo de un helicóptero militar que ya cazaba desde el aire. Pero esta cobertura guardaba un giro salvaje. Mientras los periodistas registraban el movimiento de las patrullas, el horror se volvió a desatar en segundos.
De manera repentina, una nueva serie de detonaciones sacudió el lugar. No había certeza de si era un nuevo ataque contra los efectivos o si los marinos disparaban para cazar al presunto responsable, pero el peligro era real, directo y letal.
Correr por la vida: La yarda que sirvió de trinchera
Sin tiempo para pensar, el instinto de supervivencia tomó el control absoluto. Ante el estruendo de las ráfagas, los reporteros corrieron hacia donde pudieron para esquivar los proyectiles. En medio de la confusión generalizada, el grupo de periodistas logró refugiarse en una yarda cercana, usándola como trinchera improvisada.
Pegados al suelo, sintiendo el calor del piso y la vibración sorda de la balacera, tuvieron que morder el polvo mientras las armas seguían rugiendo a unos metros de su escondite.
Con la adrenalina a tope y el operativo en su punto más crítico, las fuerzas especiales de la Marina y del Ejército Mexicano blindaron el perímetro.
El foco de la acción se concentró en una vivienda del sector; las autoridades mantienen un domicilio resguardado como pieza clave de las investigaciones, justo en un punto acordonado frente a un canal lateral, donde quedó asegurada la motocicleta en la que presuntamente se desplazaba el agresor.
No había espacio para testigos ni coberturas periodísticas en medio del fuego cruzado. Con las armas largas apuntando a los flancos, los marinos no se anduvieron con rodeos y exigieron la retirada inmediata con el grito de guerra verde olivo: “¡Váyanse a la chingada! ¡Despejen la zona! ¡Lárguense de aquí, evacuen ya!”, retumbó la orden entre el rugir de los motores.
Los comunicadores, aún con el corazón en la garganta, tuvieron que salir del resguardo de la yarda y retirarse a gatas antes de poder correr hacia una zona segura.
El despliegue se mantiene activo y con máxima tensión en todo el sector. Mientras el helicóptero no cesa sus sobrevuelos de vigilancia aérea y el perímetro del domicilio junto al canal permanece bajo estricta custodia militar, trascendió que ya hay personas detenidas por estos hechos, aunque las autoridades no han precisado el número exacto. Asimismo, cobró fuerza de manera extraoficial la versión de que el civil agresor habría sido abatido durante el tiroteo, un dato que se mantiene aún sin confirmar oficialmente por las corporaciones.
La cacería continúa por tierra y aire; el operativo sigue en pleno desarrollo en el suelo sinaloense.
Por Redacción/LaPared