“Pensó que lo tirarían del avión”: La angustiante travesía de “El Mayo” Zambada contada por su abogado

Estados Unidos.- El rugido seco del bimotor marcaba el compás de un viaje sin retorno. En la penumbra de la cabina de la Beechcraft King Air, Ismael “El Mayo” Zambada no olía el viejo aroma a sierra ni a tierra mojada; olía a encierro, a metal y a sudor frío.

Maniatado, con la espalda encorvada bajo el peso de sus 76 años y el orgullo desmoronado, el capo observaba fijamente el abismo tras la ventanilla, convencido de que aquel cielo veloz sería su última tumba.

El hombre que durante medio siglo maniobró en las sombras del hampa mexicana sintió el vértigo absoluto del poder perdido.

Según el crudeza del relato que su abogado defensor, Frank Pérez, ofreció en entrevista para el diario estadounidense Los Angeles Times, Zambada entró en pánico a miles de pies de altura.

Miraba la puerta de la aeronave y luego a su captor, aterrado con la idea de que lo arrojarían al vacío para borrar las evidencias de la traición.

Joaquín Guzmán López, el heredero de la dinastía rival que lo había emboscado en la tierra para arrastrarlo hasta los cielos, notó el terror en los ojos del viejo patrón.

Sin embargo, no había furia ni ejecución sumaria en los planes del muchacho; solo una fría operación matemática de supervivencia.

“No, no te voy a tirar del avión”, rompió el silencio Guzmán López, con una calma calculada que helaba la sangre, según precisó Pérez en sus declaraciones al periodista Keegan Hamilton.

En el encierro del fuselaje, el joven Chapito desnudó la ambición del secuestro sin rodeos: “Te voy a llevar a Estados Unidos. Voy a conseguir un buen trato. Voy a recibir tres años de cárcel y tú irás a prisión igual que mi padre”.

Entre el zumbido de los motores y el peso de las palabras de su verdugo, Zambada buscó una última certeza. Fijó la mirada en la cabina de mando y reconoció el perfil del hombre que piloteaba la nave hacia la jurisdicción norteamericana: era Mauro Alberto Núñez Ojeda, alias “El Jando”, un aviador que por años había transportado sus propios secretos y que hoy guiaba el curso de su caída.

Tiempo después, la firma de “El Jando” en una declaración de culpabilidad por narcotráfico ante un tribunal federal confirmaría que hasta los cielos de confianza tenían precio.

Las revelaciones de Frank Pérez al LA Times terminaron de trazar el fresco de aquella jornada: no hubo pactos de caballeros, ni entregas voluntarias en la sombra, sino la crónica de un secuestro violento aéreo, impregnado del hedor del miedo a caer al vacío y la fría sentencia de una nueva generación que vendió al viejo rey para comprar su libertad.

LaPared/LosÁngelesTimes

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