CULIACÁN, LA CIUDAD DEL CAOS

Es una ciudad que busca su identidad, pero no la encuentra en su violencia cotidiana, en la indolencia de sus políticos y en la dejadez de su gente, ¿cómo cambiar desde la sociedad las cosas?

Francisco de Asís Solís R.

Basura, malos olores, comercio ambulante y semifijo mal regulado, robos, asaltos, prostitución, femenil y varonil, casinos clandestinos, tienditas de venta de drogas, carteristas, deficiente transporte urbano, lotes baldíos, perros y gatos abandonados y maltratados, niños, niñas y ancianos en la calle y de la calle, indigentes y dementes y demás fauna urbana es el retrato fiel de un Culiacán, que en pleno siglo XXI, está abandonado por indolentes servidores públicos, que no tienen la mística de servir, sino servirse de la gente y sus necesidades apremiantes.

Un Culiacán cercano al millón de habitantes que es tratado en sus políticas públicas como un rancho grande con cultura bronca del hablar fuerte y pelearse por todo y por nada. Mentarse la madre de claxon a claxon y de repente bajarse de las unidades motrices y liarse a golpes en espectáculos denigrantes y más para los niños que observan este ejemplo y… lo siguen.

Niños y jóvenes influidos, sin querer, por los capos del narcotráfico. Los desean imitar, no importa que vivan poco, pero “bien vividos”, suelen decir. Con viejas “buenotas” bajo el signo del silicón, camionetas de lujo último modelo, perico-cocaína- y armas de uso exclusivo del ejército, que restañan y chocan, rugen y matan.

El hedonismo al último nivel. Asesinados y más asesinados.

Corridos prohibidos. Alcohol y mucho alcohol. Después de un juego de beisbol o soffbol. O futbol. En los antros. Sexo, mucho sexo desenfrenado entre jóvenes y no tan jóvenes. Luego vendrán las consecuencias o no.

En el Centro de la ciudad aparecen de repente 10 carritos con vitrinas con venta de papas fritas y adobadas con mucho chile. Comida chatarra que pulula en las noches y madrugadas. Dan permisos sin saber las consecuencias en la salud de los culiacanenses.

Prostitutas en las cantinas y en la Caseta Cuatro. Hombres jóvenes que venden sus cuerpos y son contratados por la Hidalgo y Paliza y más abajo, por la Andrade.

Nadie los molesta. Los municipales se ríen de los homosexuales, charlan con ellos y hasta se los llevan en las patrullas. Ellos o sus clientes que se los llevan a los hoteles en lujosas camionetas en tarifas de 500 a 2 mil pesos. Los policías ni siquiera les pagan, hace tiempo que un grupo de estas personas que ejercen la prostitución denunció a los jefes policiacos el actuar de algunos agentes. Nunca les hicieron justicia.

Ebrios  esculcados por policías corruptos que no les dejan ni para la “cruda” un centavo con que curarse.

Tránsitos que tienen familia y llevan propinas de los conductores, que no desean ser multados, ni ser llevados a barandilla, por conducir en estado etílico.

Casinos clandestinos donde se practican actos fuera de ley como consumir cocaína y otras sustancias prohibidas, juegos y venta de alcohol fuera de todo reglamento.

Niños mugrosos pidiendo limosna que le llevan a un padre o padrastro borracho.

Júniors, o sea hijos de ricos y políticos encumbrados, que pretenden adueñarse de la ciudad. Secuestradores y extorsionadores foráneos que amenazan a sus víctimas y éstos atemorizados depositan o entregan dinero a los verdugos.

Crecen los indigentes sin que nadie los rescate. Menos a los dementes que aparecen muertos cerca de Culiacán.

No hay respeto a los derechos humanos. Pocos admiran a los municipales o tránsitos, ya que afectan a los marginados y de paso a la clase media, pero éstos ponen denuncias o los critican en redes sociales que provoca encono y malestar social. Las quejas no proceden. Si hay corruptos es porque hay corruptores. Es un duopolio que debe romperse.

Iglesias que lucen abandonadas ya que las nuevas generaciones ya no se rigen por un poder superior. Ellos son independientes y autosuficientes. En su concepción no les dará ni trabajo ni comida. Ni sexo placentero. Una sociedad indiferente cuyas autoridades duermen en el limbo de los olvidados de Culiacán.

 

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