Yesenia revela su estancia de reclusa con Sandra Ávila
Por Cynthia Valdez
“Guapa, altiva, muy hábil. Esa es Sandra, ella me ayudó a ser fuerte en la cárcel”, así describe “Yesenia” a Sandra Ávila Beltrán, la llamada “Reina del Pacífico” y quien fuera por mucho, la reclusa más célebre del penal de alta seguridad de Nayarit.
“Cuando llegué a ese penal, me segregaron y me evitaron tener contacto con otras reclusas pero Sandra se interesó por mi caso y me ayudó a que dieran más chance. Ella fue quien hizo saber que estaba baso su ala y así me evitó muchas broncas, de esas que se dan todos los días por cosas sobre lesbianismo, cuotas de poder, pago por servicios y más. Ella ayudó mucho”, comenta Yesenia.
“Platicamos mucho”, continúa, “de su vida cuando vivió en Culiacán, de sus dos esposos (José Luis y Rodolfo) que fueron policías y que a los dos mataron; de fiestas, de los lujos y hasta de haber conocido a casi todos los pesados del narco en México pero eso sí, se cuidó mucho de hablar de si era culpable de algún delito. Fue muy inteligente de nunca mencionarlo”.
“Yesenia” recuerda los días de convivencia con Sandra, quien llegó a Tepic luego de que logró que cambiaran del penal de Santa Marta Acatitla argumentando malas condiciones y peor trato. Tenía, como todas, buenos y malos ratos, como cuando se acordaba del secuestro de su hijo, de cuando la quisieron matar, de esos momentos que la ponían mal.
“Sandra decía que su error fue haberse ligado a los dos colombianos, a uno antes que a ese que le decían el Tigre (Juan Diego Espinoza), se quejaba de que por ellos la estuvieron chingando y que por ellos estaba presa. Decía y reconocía que conoció a gente metida en el narco, que sí, que era sobrina de Miguel Félix y que desde morra conoció gente así pero nunca que dijera que anduvo chueca. Nunca le oí nada de eso”.
¿Y en la cárcel le respetaban eso de ser la Reina del Pacífico?
“Ni madre y hasta ella misma les decía a todos que esas eran jaladas del gobierno, que esa era una pendejada de Calderón. Era muy tranquila muy cuata de quienes les caíamos bien. La onda con ella era llevarla bien, no alterarla, y es que no sabe uno qué pasa luego”.
Una pausa, apenas, para mencionar el “ya afuera las dos alguna vez nos mensajeamos. Algo así como para recordarnos que ambas somos en la vida de la otra, parte de un pasado que ya no queremos recordar”.
Del impreso No. 5 de La Pared.