Colosio, una historia inconclusa

Francisco de Asís Solís R.

Miles de documentos, cientos y cientos de reportajes, más de un millón de notas, cientos de personas interrogadas y un solo detenido: Mario Aburto Martínez, cobijan el sospechoso asesinato del candidato del PRI a la presidencia de México, Luis Donaldo Colosio.

Aunque para las autoridades mexicanas es un caso juzgado, dando como dictamen la teoría del asesino solitario, Mario Aburto, miles y miles de mexicanos dudan de ello y se inclinan por del complot de personas ligadas al poder.

El 22 de marzo de 1994, Luis Donaldo había hecho labor de proselitismo en Culiacán y cerró con una cena en el Salón Floresta del Hotel Executivo. Testigos de esta cena aseguran que casi no degustó los platillos cuyos comensales pagaron mil pesos para ayudar en la campaña del sonorense.

Antes de terminar el convivio, y rumbo a su habitación, Colosio recibió una llamada de Manuel Camacho Solís y dicen que a Colosio se le descompuso la cara, “si te escucho, no, déjame pensarlo, luego le aviso al señor”, citó.

Otros aseguran que la llamada era del entonces presidente de México, Carlos Salinas de Gortari que le ordenaba abandonar la campaña y que su lugar iba a ser tomado por Ernesto Zedillo, previa designación del consejo político del CEN del PRI.

Como haya sido, Luis Donaldo Colosio no pudo dormir más que tres horas y antes de las seis de la mañana del 23 de marzo de 1994, salió vestido tipo deportivo rumbo al Malecón Nuevo que recién había sido inaugurado a correr, tal y como era su costumbre.

Retornó al hotel en compañía de sus escoltas y se duchó, para bajar a desayunar y tras algunas actividades personales y de campaña se dirigió rumbo al Aeropuerto Internacional de Culiacán rumbo a Lomas Taurinas en Tijuana.

Allá en un nutrido mitin pronunció un vigoroso discurso, se bajó de la tribuna y entre la multitud, avanzó, lento y de repente se escucharon disparos, y cuyas balas entraron en su cráneo y se derrumbó ensangrentado ante el desconcierto de los escoltas y resto de los presentes. Lo demás es historia.

ARMANDO SEPÚLVEDA  IBARRA LE ESCRIBÍA

SUS ENCENDIDOS DISCURSOS.

Uno de los mejores reporteros sonorenses que ha trabajado en Sinaloa, Armando Sepúlveda Ibarra, que laboró en la redacción de Noroeste de 1975 a 1976, y que abandonó Sinaloa tras haber sido secuestrado por Policías Judiciales por órdenes del entonces gobernador Alfonso G. Calderón, nos comentó en 1996 que él, escribió la mayor parte de los discursos que pronunciaba Luis Donaldo Colosio Murrieta.

Me lo confió tras pedirme encarecidamente que no lo divulgara por cuestiones de seguridad. Estaba un poco ebrio y tuve mis dudas, pero otro día, me lo remarcó muy serio.

Armando se fue a trabajar al periódico Excélsior, y tras 10 años de ardua labor y haber sido secuestrado por sus propios compañeros antagonistas de la Cooperativa, que apoyaban al eterno y presunto corrupto, Regino Díaz Redondo que había suplido al brillante periodista, Julio Scherer García, fue nombrado director de ese diario de circulación nacional.

“Me reuní en un restaurante con Luis Donaldo y me pidió que lo ayudara con ciertos discursos y me pidió absoluta discreción, que uno de sus secretarios pasaría a la redacción del periódico por un sobre manila sin que supiera de que se tratara, era un secreto entre él y yo”, confesó a este reportero que considera uno de sus mejores amigos.

Nacido en Navojoa, Sonora, en su juventud había sido albañil y el columnista de fama nacional, hoy ya finado, Alejandro Oláis Olivas le dio oportunidad en el Informador del Mayo y era tanto su talento que emigró a Culiacán, y luego a México, directamente a Excélsior.

Sepúlveda Ibarra también fue jefe de prensa de la campaña de Heberto Castillo y este reportero le predijo que dejaría HB, la campaña y se uniría a Cuauhtémoc Cárdenas rumbo a la presidencia de la República Mexicana en una alianza.

 A Colosio lo conoció en una entrevista que le hizo en Navojoa, Sonora. Y nació una sana amistad. Uno de los discursos decía: “hoy son  tiempos de transformar y reforzar lo que heredamos de generaciones anteriores”.

SU PASO POR SINALOA.

En Sinaloa, como delegado  del CEN del PRI, hizo muchos amigos como Luis Alvear Gándara, Homobono Rosas y su hermano Fermín Rosas Rodríguez.

Luis Alvear, viejo zorro de la política empezó a percibir peligro para Colosio y se lo hizo ver al propio candidato, días antes de su asesinato.

“Cuídate Luis, pueden atentar contra tu vida; muchos no están molestos con tu designación como candidato”, le dijo a LDC.

Luis Donaldo nunca mostró miedo. Lucharé por los mexicanos ya que hay sed y hambre de justicia.

Con Fermín y Homobono Rosas el delegado del CEN del PRI se iba a la casa del primero a tomarse unas copas. Como Fermín su esposa Carmen y sus dos primeros hijos, vivían hasta el fondo de una vivienda en cuyo frente vivía su mamá doña Manuela y tenían que adentrarse por un pasillo, esta los detectaba y le decía Fermín, ya vas tomar.

“Madre, no grites viene con nosotros el licenciado Colosio, delegado del PRI.”

La señora campirana nacida en el Carmen, San Ignacio, Sinaloa, respondía furiosa tipo mamá de Memín Pinguin , “a mí vale madre, que sea el delegado del PRI, a mi casa no vienen borrachos como tú y el pinche de Homobono”.

Luis Donaldo soltaba la carcajada y le pedía disculpas de llegar en las horas de la madrugada a seguir la juerga.

Luis Donaldo nunca perdió su sencillez, su nobleza y sus ganas de vivir un México, carente de justicia y extrema pobreza.

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