Pueblo Nuevo, Durango.- En el corazón de la sierra duranguense, donde la niebla de Mexiquillo suele esconder los secretos más pesados, el Gobierno Federal le asestó un golpe de precisión a la estructura que mueve los hilos del narco en la frontera con Sinaloa.
Elementos del Ejército Mexicano y la Guardia Nacional le cayeron de sorpresa a un campamento delictivo, logrando atorar a cuatro sujetos.
Entre ellos iba el pez gordo de la zona: Guillermo “N”, alias “El Cholo Flechas”.
A diferencia de los grandes capos que mueven el negocio desde las sombras, El Cholo Flechas no era el jefe máximo, sino un operador de plaza y jefe de estacas con la mano pesada en la carretera Durango-Mazatlán.
Al sujeto se le terminó la suerte tras pasar años bajo el radar; las autoridades le traían ganas desde julio de 2022, señalado como el presunto ejecutor del médico pasante Érick David Andrade, a quien le arrebataron la vida a balazos dentro del Hospital Integral de El Salto mientras cumplía con su servicio social.
Con la camiseta de la “MZ” y la sombra de Los Cabrera
Los reportes de inteligencia militar no dejan lugar a dudas sobre la bandera que cargaban los detenidos. Esta célula operaba directamente bajo las órdenes del Cártel de Sinaloa, alineados con la facción de La Operativa Flechas MZ, el brazo armado que responde a la línea de “Los Mayos” —hoy comandados por El Mayito Flaco—.
Su chamba era limpiar el terreno, cobrar el derecho de piso y mantener a raya a los rivales usando la fuerza bruta. Para moverse con libertad por el suelo duranguense, esta célula coordinaba toda la logística con el clan de los hermanos Cabrera Sarabia, los auténticos dueños de la plaza y operadores financieros del cártel en la entidad.
Extracción en el aire: el miedo a un rescate
Sabiendo que El Cholo Flechas era una pieza activa que la organización no iba a querer soltar tan fácil, los mandos militares no se tentaron el corazón.
Ante el riesgo inminente de que un convoy de camionetas blindadas bajara de la sierra para intentar un rescate, se activó el protocolo de máxima seguridad.
El operador y sus tres escoltas fueron subidos en caliente a un helicóptero Black Hawk de la Fuerza Aérea. En un vuelo relámpago, los civiles armados fueron sacados de la zona serrana para ser presentados de inmediato en las instalaciones de la FGR bajo un impresionante despliegue de armas y blindaje.
Arsenal de guerra: el equipo con el que patrullaban
A la célula del Cholo Flechas no le faltaba fuego para la guerra. Al momento de verse rodeados por los uniformados, no tuvieron tiempo de activar el poderoso arsenal que tenían en su poder.
Las autoridades les decomisaron una ametralladora para derribar blindajes, nueve fusiles de asalto, cuatro aditamentos lanzagranadas y ocho granadas de fragmentación listas para el estallido.
Además, el decomiso incluyó más de 2,300 cartuchos útiles, 65 cargadores abastecidos, seis chalecos antibalas para aguantar los impactos y 10 aparatos de radio con los que monitoreaban las frecuencias de la ley.
Para moverse por las brechas de la sierra, el grupo contaba con seis camionetas operativas, de las cuales dos tenían reporte de robo vigente. A los cuatro detenidos se les acabó el corrido y ya se encuentran en celdas federales rindiendo cuentas ante la justicia.
Redacción/LaPared