Breve Intervalo
(Columna)
Por Rafael Báez
A excepción de contadas ocasiones, por lo regular no se escoge al mejor candidato, sino al que mejor se acomoda a los intereses de quienes los proponen, todo se reduce a una sola frase; lograr EL PODER cueste lo que cueste, no hay reglas éticas para ello, utilizando la errónea frase de que el fin justifica los medios, sin importar los daños morales que esto ocasione a sus opositores y a sus familias, así ha sido siempre la política mexicana, ¿o acaso no es cierto?
Cuando el pragmatismo en política entra por la puerta grande, las convicciones y los ideales se van por la puerta trasera. Ya no se pregunta ¿cuál es la mejor opción?, sino quién es el menos malo. Los logros personales de cada uno de ellos no son aquellos que constan en su currículo, seguramente va mucho más allá de eso.
El bufet político electoral de los candidatos al Gobierno de Sinaloa, prácticamente ya casi está listo, sin embargo, antes de oficializarse las campañas electorales, los pretensos se han tirado con todo, se han dicho cosas muy lamentables, entablados en una guerra sucia, sin cuartel, sin respeto, sin dignidad, entre más cloaca, más daños colaterales…y así fue…algunos no llegaron a la candidatura y de los demás solo uno llegará. Así es esto.
Lo más triste de esto, es que los candidatos y precandidatos a la gubernatura son, o fueron amigos de toda la vida, compañeros laborales, casi hermanos, comían en el mismo plato, la familia de uno era considerada como del otro, así de fuerte la relación de amistad… pero se les olvidó…lo tiraron al caño…ojalá no se vayan a arrepentir ya que pase todo esto, porque la amistad es la relación más importante de la vida, no tiene precio y perderla por algo que no vale la pena es muy lamentable. Es de humanos retractarse, pero para que esto se corrija tiene que haber arrepentimiento sincero de las partes en conflicto.
Sin embargo, a veces los intereses políticos tienen distintas reacciones, por citar un ejemplo que nada tiene que ver con lo anterior. Francisco Labastida Ochoa y Juan Millán Lizárraga, quienes desde mi perspectiva han sido los mejores gobernadores del Gobierno de Sinaloa. Era conocido de todos, la animadversión que sentían uno del otro, aún así, ambos se unieron en un proyecto político apoyando a un candidato a la gubernatura de Sinaloa que no fue postulado por el PRI y que no tiene caso nombrarlo. Proyecto que salió adelante, proyecto que de buena fe pensaron que era lo mejor en ese momento para Sinaloa, pero quedó constancia que dejaron a un lado sus diferencias personales en pos de un proyecto en el cual creyeron, lo cual es muy loable.
Hasta la fecha, Francisco Labastida y Juan Millán, a pesar de sus diferencias, dieron un ejemplo de unidad y civilidad política. Hasta el momento son los dos ex gobernadores de Sinaloa más respetados y admirados no nada más en el ámbito local, sino nacional.
Y después de lo anteriormente expresado, regresando a la actualidad, los sinaloenses tendrán varias opciones para emitir su voto este 6 de junio de 2021 por el candidato de sus preferencias, cumplir con su deber cívico, por gusto, por conveniencia, o por lo que sea, pero vote por quien le dé la gana, eso sí, ya no habrá reversa emitido su voto y al final de la jornada electoral, los resultados alegraran a unos y entristecerán a otros. Así es esto. Recemos para que quién llegue a gobernarnos realmente lo haga superando las expectativas que los electores tienen puestas en él.
Por lo pronto, a seguir el desarrollo de las campañas electorales en cuanto inicien oficialmente y las propuestas de los candidatos.