¿Qué puede modificar reducir diputados y regidores en el estado?
Edgardo Vásquez Mungarro
La mayoría de los sinaloenses, seguro estoy, que están de acuerdo con la propuesta que hizo el gobernador Quirino Ordaz Coppel, sobre la reducción del número de diputados y regidores, sin embargo, creo que la propuesta se queda corta y eso provoca que sigamos con reformas “parche”, bajo el paradigma del proceso “puntos intermedios” donde los electores somos los únicos que perdemos.
Para qué proponer una reforma electoral que no va al fondo, para qué rodear los problemas, si tenemos la gran oportunidad de hacer un trabajo legislativo que coloque a Sinaloa a la vanguardia y le dé a sus electores, la oportunidad de votar y llevar al Congreso y/o al Ayuntamiento, a los mejores hombres y mujeres, personalidades de la comunidad que realmente quieran servir.
El diablo está en los detalles
En lo personal, no comulgo con la justificación simplista de los pesos y centavos que respalda la reducción de diputados y regidores, creo que una reforma de esta naturaleza debe contener otros factores de sustentabilidad y pertinencia, por ejemplo: la representatividad, que en este momento está dividida y somete a los legisladores y electores a un serio conflicto de intereses.
Un candidato para el actual primer distrito que abarca los municipios de El Fuerte y Choix, dependerá de donde es originario, será su mejor aceptación electoral y por supuesto su trabajo de gestión, es algo natural y no podrá ser superado, pues la lógica indica que la siguiente meta del diputado será lograr la presidencia municipal de origen. Así las cosas, habrá rezagos evidentes y desatención al otro municipio, esto arrastrará inconformidades y protestas.
Los pesos y centavos que se pretenden ahorrar con la reducción de diputados y regidores no “pinta”, pues si es poco o mucho lo que pagamos por ellos, poco importa si su eficiencia y eficacia a la hora de legislar a favor de sus electores es nula o si este cuerpo colegiado sigue la ruta de la corrupción y la impunidad.
Estamos a tiempo de hacer mejores cosas y no precisamente reformas al vapor o simples fintas para distraer a los ciudadanos de los problemas que enfrenta el estado. Basta de darle a los electores ” atole con el dedo”.
La mejor oferta de atención y representatividad, es asignarle un diputado por municipio cuando menos y en los municipios grandes se continúe como están actualmente, desapareciendo la figura del plurinominal, pues su origen ya fue rebasado con creces, ahora cualesquier partido puede ganar, inclusive los candidatos independientes.
La sociedad de este tiempo, necesita de representantes populares con el respaldo directo de sus electores, figuras con las cuales se pacten compromisos y se establezcan metas para mejorar el estado de cosas.
Es también para el caso de los regidores, aquí la prioridad es desaparecer la modalidad de los plurinominales y la elección por planillas. Es necesario que pasemos a la elección directa de nuestros regidores, que se la jueguen, que busquen su voto y se comprometan a velar por su comunidad. En este caso, se pudiera dividir el municipio en distritos municipales electorales, partiendo de la división existente de sindicaturas y cuadrantes en los centros urbanos.
¿Cuántos diputados y cuántos regidores?
Que importa cuantos, si estos son electos por el voto directo y secreto de los ciudadanos. Lo importante en esta reforma es el voto directo como garantía, pero incluyamos la revocación de mandato como cerrojo a la corrupción y la impunidad. La reforma electoral no se da como solución a problemas financieros, debe implementarse como solución a la crisis política y de credibilidad que sacude al sistema. A problemas políticos, soluciones políticas.
En el caso de los sueldos, compensaciones y bonos para todos los funcionarios públicos de los tres poderes, es necesario una reestructuración que los coloque a la altura de las circunstancias que vive el país y dejen de ser sujetos de excepción. Sueldos y prestaciones dignas y no ofensivas como actualmente se perciben. La solución más eficaz a la crisis financiera que sufren la federación, los estados y municipios, no se resuelve desapareciendo dependencias, bajando sueldos, despidiendo trabajadores, recortando programas vitales, no, no queramos tapar el sol con un dedo, esto se resuelve “robando poquito” como Layín de Nayarit e invirtiendo en obra social y productiva.
Basta de tener en el Congreso y los cabildos a los “tontos útiles” de siempre, a “la parentocrasia” y a “las vacas sagradas” , figuras que solo han servido al sistema y se han alejado de los electores y sus problemas.