Por Martín Durán
CULIACÁN.-Debajo de un tejabán, un grupo de niños y niñas sigue las clases de manera virtual en dos pantallas digitales, mientras que una maestra va guiando a diestra y siniestra a otros pequeños de preescolar que colorean dibujos de flores.
Los chiquitines de kínder de un lado, los mayorcitos que saben leer y escribir en otro, y aquellos que por su edad ya deberían saberlo, en otra mesa, pues se les está dando la instrucción para aprender a armar palabras.
Aunque las carencias flotan en el ambiente, las vocecitas alborozadas llenan ese espacio precario, corretean, juegan y aprenden. Son los niños y niñas de la colonia Ampliación Bicentenario, un asentamiento llamado irregular por las autoridades, pero que sus habitantes han aprendido a querer. Para muchos de estos pequeños, esta es la primera vez que toman clases y que se sientan a la mesa con lápices y colores con los que dibujarán letras, y con ellas, palabras.
Esmeralda Quiñones, una joven que se dice compositora, pepenadora y ahora instructora de niños, explica que organizaron las mesas de aprendizaje por edad y por nivel educativo, aunque lamenta que tengan a niños de 10 años que ni siquiera saben leer.
“Tenemos niños grandes que nunca han ido a la escuela”, comenta. Se trata del grupito que está frente a un pintarrón, donde otra instructora va escribiendo las letras del abecedario. Los alumnos muestran que saben reconocer algunas letras, las que van cantando una a una desde la A a la Z.
Adilene, en cambio, tiene a los estudiantes que ya van adelantados y que sí estaban acudiendo a la primaria cercana antes de la pandemia de Covid-19. Ellos ya realizan ejercicios de sumas y restas más complejas en sus cuadernos de ejercicio.
Adilene Quiñones, hermana de Esmeralda, realizó estudios iniciales como docente, pero ya no pudo sostener una carrera y desde hace años sigue a Esmeralda al relleno para trabajar en la pepena.
No se amilana, tiene una pequeña hija que es parte del alumnado, viste su uniforme de docente, y aunque nadie le paga a ella y a las otras instructoras, ahora ejerce de maestra. Acá la ayuda no importa de donde haya llegado, dicen, lo importante es que ahora cuentan con dos módems con acceso a internet, dos pantallas, tabletas para los niños, mesas de trabajo, útiles escolares, uniformes y hasta zapatos nuevos.
Esmeralda asegura que estos apoyos llegaron de parte de los hijos de Joaquín Guzmán Loera, quienes desde hace 10 días ordenaron rehabilitar el tejabán, construir un baño y enviar todo lo necesario para que los niños de la Ampliación Bicententario tengan sus clases virtuales como se debe. Como prueba indudable que ellos patrocinaron, dejaron varias pegatinas con las iniciales JGL (Joaquín Guzmán Loera).
“Me dijeron que ellos nos seguirían echando la mano con lo que ocupáramos, que no nos preocupáramos y la verdad estamos muy agradecidos”, cuenta Esmeralda, quien después de ejercer de maestra en la escuelita “Extensión Bicentenario”, acudiría a trabajar en la pepena del relleno sanitario.
De donde venga el apoyo
La noticia de que los hijos del Chapo Guzmán habían financiado una escuela de niños en uno de los sectores más empobrecidos de Culiacán, pronto llamó la atención en las redes sociales, sobre todo después de se ha visto por los hospitales y sectores depauperados a grupos de jóvenes entregar alimentos, despensas y hasta útiles escolares para los niños.
Fue a raíz de la solicitud de que en la Ampliación Bicentenario, una loma que se levanta a un lado del basurón, se requería una escuela para los niños que no tenían acceso a internet, en que los enviados de Los Chapitos comenzaron a realizar gestiones.
Mientras el secretario de Educación Pública y Cultura, Alfonso Mejía López parece más preocupado en levantar su imagen para una imposible candidatura a a través de llamada de un call center, las decenas de alumnitos de este sector depauperado perdían sus clases.
“Todos estos niños -dice Esmeralda señalando a los casi 80 que están hoy- no tenían clases desde que comenzó la pandemia, o sea desde abril, ya que no tenían acceso a internet”.
“Ellos ayudaron a adaptar este lugar, hicieron la tele, la reja, este baño que antes era de lámina y fierros viejos, y pues arreglaron el tejabán, la luz eléctrica y compraron uniformes a los niños que dice Extensión Bicentenario y trajeron calzado, libros, lápices, impresoras, todo lo que necesitábamos”, relata.
Sobre el nulo apoyo de parte de Gobierno, Quiñones asegura que hubo una intención de gestionar ayudas, pero quizá debido a la situación de Covid-19 no se logro.
“Ya se habían hecho varias peticiones para una escuela, se habían sacado varias de que los niños no podían estudiar”, apunta.
A los niños del sector, dice, les hacía falta tener el estudio, ya que viniendo de padres que trabajan todo el día en la pepena, los pequeños andaban desvalagados por la mañana en las calles desiguales.
Pero ahora, desde este lunes 2 de noviembre, los niños y niñas de la Ampliación Bicentenario, cuentan con un lugar a donde acudir para tomar clases a distancia, para aprender el abecedario, las cuentas y así poder avanzar en su educación básica.
“No nos importa de dónde venga el apoyo, mientras sea para estos niños, mucha gente nada más es buena para criticar y no para ayudar, por eso lo único que podemos decir es que estamos agradecidos”, finaliza Esmeralda, al tiempo en que retoma la clase en la pantalla enviada por los hijos del Chapo.


