Culiacán, Sin.-No fue una protesta espontánea. Los camiones foráneos comenzaron a arribar a las afueras de Palacio de Gobierno poco antes de las 9 de la mañana.
Primero fueron tres camiones repletos, luego llegaron más por otros flancos hasta juntar los contingentes que se moverían a la explanada de Palacio.
Los rostros que se asomaban aquí y allá eran de gente humilde, mujeres, niños, adolescentes y hombres de campo.
Al principio no querían hablar al ser abordados por las hordas de reporteros. Una mujer de arrugas agrietadas apenas se atrevió a decir que venían de Cosalá, y que se alistó en la mañana para protestar en contra de los abusos de la Marina en las rancherías de su municipio.
En nombre de la justicia, de la cacería encarnizada en contra de Joaquín “El Chapo” Guzmán y de sus cofrades, parece ser que el gobierno federal, la Secretaría de Marina y la DEA, están dispuestos a incendiar, en sentido figurado, los campos y cerros para dar con sus enemigos número Uno.
Por la avenida Insurgentes, varios hombres se encontraban en el interior de una camioneta. Traían decenas de pancartas, unas elaboradas con cartulinas y otras más con mantas.
Las consignas fueron preparadas previamente, desde criticar la labor de los medios de comunicación (que informan solo versiones oficiales) hasta pedirle al presidente Enrique Peña Nieto que retire la Marina de Sinaloa.
En otras llamaban a los marinos asesinos y violadores. En otras acusaban a la DEA y los gringos de entrometerse en la vida del país.
Sea cual sea la leyenda escrita, lo cierto es que ningún manifestante llegó a Palacio con esas pancartas. Todas fueron repartidas por unos sujetos que más tarde, durante la manifestación en la explanada, tomaron fotografías con celulares, supervisaron el orden, y alentaron los enérgicos gritos contra la Armada de México.
Uno de los líderes manifestó que las personas procedían de Guamúchil, Mocorito, Badiraguato, Cosalá, Elota, Navolato, así como de diversas sindicaturas como Costa Rica y Quilá.
En la movilización participaron personas de las que se desplazaron a causa de los operativos militares en comunidades de Tamazula, y que actualmente se encuentran en la cabecera de Cosalá, aunque la mayoría eran de los valles de Sinaloa.
Niños y niñas, con delicadas manos, también sostenían las pancartas que le daban sus padres. Se dejaban retratar y posaban, lo mismo que las chicas de belleza montaraz que hablaban delante de los micrófonos señalando y narrando los presuntos abusos que estaban cometiendo los marinos.
La Dirección de Gobierno detectó hombres sospechosos en las inmediaciones de Palacio, sin embargo, este diario digital no pudo constatar este dato.
Fuentes de seguridad refirieron que se logró detectar jóvenes vinculados con prominentes personajes del cártel de Sinaloa ubicados en la zona de Eldorado, Quilá y Costa Rica, y que eran los mismos que repartieron las pancartas y las tortas que deglutieron los grupos de acarreados.
De Guamúchil llegaron dos familias denunciaron que dos personas se encuentran actualmente desaparecidas. Se trata de Zenén Alonso Pérez Ortega, de 20 años, y Martín Perea, de 45 años. Los dos fueron vistos por última vez hace cinco días en las inmediaciones de una gasolinera en Tamazula, Salvador Alvarado.
La familia de ambos desaparecidos cuentan dos versiones, la primera que fueron detenidos cuando transportaban gasolina robada, y la segunda que la camioneta doble rodado en la que iban terminó en el fondo de un dren con impactos de bala. Lo cierto es que a cinco días nada se sabe de ellos.
Los cientos de manifestantes continuaron apostados en la explanada, mientras una comisión integrada de cuatro representantes de los pueblos afectados se reunieron en privado con el director de Gobierno, Raúl Pérez Miranda y el secretario General de Gobierno, Gerardo Vargas Landeros.
Vargas Landeros tuvo que suspender las actividades de su cumpleaños para atender la comitiva de inconformes.
En la reunión, dijo Gerardo Vargas, el Gobierno del Estado se comprometió a sentarse a la mesa con los mandos de la Semar para plantearle las quejas de los ciudadanos.
La marcha que tenían proyectada rumbo al Congreso del Estado fue conjurada por Gerardo Vargas, quien les pidió confiar en el gobierno sinaloense para ser interlocutor con los mandos de la Armada.
Mientras, afuera la gente gritaba contra los marinos, y se arremolinaban al centro de la explanada para alzar la voz.
Los ánimos comenzaron a subir. Una multitud se aglomeró contra la puerta de cristal del lado poniente de Palacio, y unos jóvenes rompieron un cristal, por lo que la seguridad de la Unidad Administrativa tuvo que ser reformada por agentes estatales.
Aún después de conjurarse la protesta, decenas de voces en coro empezaron a gritar en la explanada: ¡Que salga Malova! ¡Que salga Malova!
Malova había abandonado Palacio poco antes de iniciarse la manifestación. Salió custodiado por dos patrullas al parecer al Aeropuerto.
Después de cansarse de gritar en la explanada, los manifestantes tomaron el rumbo del Parque 87 para plantarse afuera de la base provisional de la Marina. Ahí los marinos observaron a la multitud que llegó para expresar su inconformidad por las vejaciones cometidas en nombre de la justicia.
Afuera de la base también llegaron los papás de los dos jóvenes que fueron asesinados por los marinos en la comunidad de Topiba, en Tamazula, Durango. Ahí los atendió un joven marino que rechazó que ellos hubieran cometido tales homicidios.
Operativos no se detendrán
En conferencia de prensa, Vargas Landeros afirmó que los operativos de la Marina no cesarán, pero dijo que se buscará dialogar para detener los presuntos abusos que están señalando los inconformes.
Dijo que hace una semana se sentó a la mesa con los mandos navales, ante las quejas de grupos de agricultores de que la Marina estaba impidiendo el despegue de avionetas fumigadoras en el valle de Culiacán.
“Logramos que la Marina permita a esas avionetas volar para fumigar las hortalizas”, comentó Vargas Landeros.
Mencionó que todo se debe a que la Semar mantiene el control del tráfico aéreo local, al parecer también por los sobrevuelos que realizan las aeronaves oficiales.
Sin embargo, fuentes extraoficiales advirtieron que el control del tráfico aéreo local es para evitar llegadas y salidas clandestinos al Triángulo Dorado, y cortar toda comunicación aérea a los integrantes del cártel de Sinaloa.
Redacción/La Pared


