Por Martín Durán y Cynthia Valdez
Aunque el gobierno de los Estados Unidos aún no ha revelado quién es el ex gobernador al que presuntamente los hermanos Beltrán Leyva sobornaron, lo cierto es que durante el sexenio de Jesús Aguilar Padilla el clan conformado por los hermanos Arturo, Héctor y Alfredo –al menos los más visibles, ya se sabe que son más– alcanzó su cenit en el mundo corruptor de las drogas para caer en picada estrepitosamente.
Si bien este grupo criminal se expandió durante el gobierno de Juan Millán Lizárraga, los hechos concatenados en el expediente presentado ante la Corte por la División Criminal del Departamento de Justicia, apunta a que fue durante el periodo aguilarista cuando se entregaron los recursos provenientes del narcotráfico a funcionarios públicos.
Quizá el mismo Aguilar lo sepa, al grado de que anda preocupado, sin defenderse como en otras ocasiones a través de sus redes sociales. Se sabe en los corrillos políticos que recientemente hizo un viaje a Estados Unidos con su esposa.
La información es que el sábado 8 de agosto llegó a Culiacán a eso de las 18:30 horas proveniente de la ciudad de Toluca, y el domingo por la mañana salió de Aeropuerto en el avión con matrícula XA-UVW propiedad de su compadre Jesús Vizcarra Calderón a Tucson, Arizona, regresando el martes 11 a las 19:00 horas.
Es decir, apenas cuatro días después del “reformazo” el actual subsecretario de Agricultura viajó a tierras gringas. Y en esta ocasión no emitió ningún comentario, ni él ni Juan Millán, ambos aludidos en la primera nota de Reforma.
¿Fue de vacaciones? No lo sabemos. La especie que corre es que fue a ver el asunto de El Mochomo, que tan embarrado podría resultar, pues la mayoría de los hechos que se cuentan en el expediente oficial entregado al Juez en Columbia son tocantes a su administración. Aquí la explicación:
La captura y extradición
Alfredo fue capturado la madrugada del 21 de enero de 2008 en una residencia de la avenida Juan de la Barrera, en la colonia Burócrata de Culiacán (Aguilar tenía un par de años). Arturo caería abatido por la Marina una noche de diciembre de 2009 en Cuernavaca. Otro de los hermanos, Alberto, sería detenido en Cañadas a los días.
Héctor Beltrán sería el único en libertad hasta octubre de 2014 en que también fue aprehendido.
Fue hasta entonces, y solo entonces, que El Mochomo fue extraditado a los Estados Unidos, para rendir cuentas ante la Corte Federal de Columbia, Washintong, por cargos de importación de cocaína y metanfetaminas en colaboración con Fausto Isidro Meza Flores y una red de colaboradores que le servían desde el penal de Puente Grande, Jalisco –o al menos esa es la acusación formal.
El 17 de noviembre pasado tuvo su primera audiencia ante el juez. Se declaró ‘no culpable’, por lo que decidió luchar contra el sistema judicial gringo para demostrar su inocencia. Del expediente de acusación, La Pared dio detalles: https://laparednoticias.com/el-chapo-isidro-recibia-ordenes-de-el-mochomo-dea/.
En los documentos, la Fiscalía asegura contar con testigos, al menos tres, que lo incriminan que desde su encierro en Jalisco todavía siguió controlando su organización, una de las más violentas en Sinaloa: la que encabeza el Chapito Isidro, líder de plaza seriamente confrontado con el gobierno de Malova.
Pero el proceso dio un giro, y a fines de julio pasado, la División Criminal del Departamento de Justicia de EU presentó una moción anómala en medio de alegatos y argumentos. El documento desclasificado 12-CR-184-RJL, fechado el 19 de junio, advierte que el gobierno gringo cuenta con al menos dos testigos y evidencias de que los Beltrán Leyva, bajo la batuta de El Mochomo, sobornó a un gobernador y de ahí para abajo:
Personal militar, Policía Municipal, Estatal, Policía Federal de Caminos, la Oficina del Fiscal en Culiacán (obvio, la Procuraduría local). Y además, el testigo cooperante –que fue subalterno de Alfredo-, en una ocasión conversó con él sobre a quién más habría que sobornar.
Entonces pensaron en un general, quien en ese tiempo estaba a cargo de la Novena Zona Militar, es decir, el general Rolando Eugenio Hidalgo Eddy. Según el expediente, el ahora testigo fue con el mando castrense a ofrecerle 3 millones de dólares; un millón aportado por El Mochomo, otro por El Chapo Guzmán y el tercero por el Mayo Zambada. Pero el general se negó a recibir el dinero y El Mochomo empezó a idear como asesinarlo.
Se sabe que es Eddy debido a que él fue el general a quien le dejaron restos de perros destazados con mensajes intimidatorios, como señala el documento entregado a la Corte.
Pero el ahora testigo decidió hablar con Arturo para que evitara que su hermano Alfredo se metiera en problemas. El Barbas, ubicado en Cuernavaca, Morelos desde entonces, le dijo que no se preocupara, que él ya tenía en su nómina a un mando del Ejército con más influencia.

La cronología
Los hechos a los que se refiere el expediente en comento no ocurrieron durante el mandato de Juan Millán. Además del asunto del general Eddy y los caninos destazados, hay otros que competen al mandato aguilarista.
Por ejemplo, refiere el asesinato del Julión Beltrán ocurrido el 13 de julio de 2005 sobre la avenida Álvaro Obregón de Culiacán –tiempo de Aguilar. La muerte del capo suscitó un escándalo pues se descubrió que sus escoltas eran policías de Servicios de Protección, y ello terminó con la renuncia del entonces director Juan Manuel Zarco.
Al Julión lo mandó eliminar Arturo Beltrán debido a que tras perderse una carga de cocaína, descubrió aparentemente que su socio se había quedado con ella.
Otro dato interesante es que fue Alfredo Beltrán Leyva –según relata uno de los testigos- quien presenció el asesinato de Raúl Enríquez Parra, alias El Nueve o El Rolando, jefe de la célula sonorense de Los Números.
Dicha muerte ocurrió en noviembre de 2005. La narración señala que Arturo le pidió a su hermano invitar al jefe de los Números con el Chapo, el Mayo y El Mochomo.
Pero todo fue una engañifa. A Enríquez Parra lo sometieron y lo golpearon con un bat hasta la muerte.
(Después su cuerpo sería subido a una avioneta y arrojado en una comunidad cercana a Navojoa. Enríquez Parra, no hay que olvidarlo, fue el principal sospechoso de la desaparición del reportero Alfredo Jiménez Mota. De hecho, su asesinato pudo obedecer precisamente a la desaparición de Jiménez Mota, pero no porque El Barbas y El Mochomo le quisieran hacer justicia, más bien fue porque calentó la plaza de Sonora; el resto de Los Números también fueron eliminados.)
Además, luego de la muerte de Enríquez Parra, fue el ahora testigo quien tomó el control del corredor de Sonora, una plaza muy importante para el trasiego de drogas hacia Estados Unidos.
Nadie creerá tampoco que el ex gobernador priista de Sonora está embarrado de mierda por este caso, pues fue durante el mandato de Eduardo Bours Castelo que los Beltrán Leyva se empoderaron en Sonora, corrompiendo a toda la estructura de seguridad, como se supo luego de la desaparición de Jiménez Mota. Sonora, por decirlo así, era propiedad de los hermanos de La Palma.
Por último, el o los testigos que dice tener el gobierno gringo, también señalan las cientos de muertes que se perpetraron tras la captura de El Mochomo, convirtiendo sobre todo a Culiacán en un baño de sangre.
Hay que recordar que uno de los brazos armados de los Beltrán fueron Los Charritos, quienes ganaron impunidad en el gobierno aguilarista que nunca quiso detenerlos por nada.
Es decir, la moción presentada no es cualquier cosa. Demasiada pus puede brotar si el testigo cooperante llega a declarar, pero lo más seguro es que lo haga a puerta cerrada. La defensa de Beltrán Leyva se centra en que no puede ser acusado de otro delito más que aquel por el que fue extraditado.
Pero si uno empieza a revisar y verificar los datos de la moción con los hechos históricos, el lector se podrá dar cuenta que narran la historia reciente de la violencia en Sinaloa, cómo son las mismas corporaciones policiacas quienes escoltaban los cargamentos de drogas, de armas, se reunían con los capos, y un largo etcétera.
Ahora, ¿responderá Aguilar Padilla, por ser la cabeza más visible de toda esta historia de enredo, corrupción, sangre y dinero? Veremos.
Un último comentario: aquí dejamos el documento para que el hipotético lector de minucias lo expurgue.