Culiacán, Sin.- La violencia en Culiacán sigue demostrando que no hay lugar seguro, ni siquiera en momentos de duelo. La noche de este sábado, un ataque a balazos frente a la funeraria San Martín, en el bulevar Emiliano Zapata casi esquina con Domingo Rubí, en la colonia Guadalupe, dejó como saldo un joven muerto y dos personas heridas, en un hecho que evidencia que la ciudad se encuentra al límite.
El fallecido fue identificado como Alan Gabriel G., de 21 años, quien murió minutos después de ingresar al hospital. Entre los heridos se encuentran Francisco, de 30 años, y María S., de 68 años, quien recibió impactos de bala en pierna y cadera, y cuyo estado de salud se reporta reservado.
Según testigos, los agresores, presuntamente a bordo de una motocicleta, dispararon sin piedad contra las personas que se encontraban en las escaleras de la funeraria, mientras que otro grupo en un vehículo compacto también abrió fuego, dejando claro que la violencia en Culiacán es coordinada y brutal.
A pesar de la presencia de cientos de soldados y policías en la capital sinaloense, la violencia parece desafiar cualquier esfuerzo de control. Ni un funeral, un lugar que debería ser sagrado, está a salvo, y los ciudadanos viven con la constante amenaza de que un hecho como este puede repetirse en cualquier momento, en cualquier lugar.
Paramédicos del Grupo GERUM Rescate y Salvamento, junto con elementos de distintas corporaciones policiacas, trasladaron a los heridos mientras en la escena quedaban decenas de casquillos percutidos, testimonio silencioso del terror vivido por los asistentes.
La Fiscalía General del Estado inició las investigaciones, pero para muchos ciudadanos, este tipo de hechos reflejan la cruda realidad de una ciudad donde la violencia parece no tener límites, y donde la protección de la vida parece depender más de la suerte que de las autoridades.