A la caza de los mapaches

EDITORIAL

 

A pocos días de que concluya el proceso electoral, la percepción sobre la campaña es que ya no cambiará de rumbo. Es posible que surgen expresiones como la de la guerra sucia, que se mantiene, es real, y es operada por ejércitos de especialistas en estos temas.

El último debate no dejó un buen sabor de boca, los ocho candidatos volvieron a reeditar sus mismas propuestas del primero, y los ataques se mantuvieron en la misma tónica: los enemigos a vencer fueron Héctor Melesio Cuen Ojeda, del PAS y Movimiento Ciudadano, y Quirino Ordaz Coppel, del PRI-PVEM-Nueva Alianza.

Pero de ambos, ninguno de los contrincantes políticos fue capaz de exhibir nada nuevo. Asistimos también a los mismos refritos. Al contrario, en el candidato independiente Francisco Frías Castro hubo un cansancio y un alejamiento con su público. En Martín Heredia hubo un intento por detonar el golpe contra Quirino, pero terminó en la lona. Mariano Gómez no convence con su estribillo que es el único que quitará la corrupción. Y el resto… ni qué decir. El duelo de enanos se quedó entre Jesús Estrada Ferreira de Morena y Leobardo Alcántara del Partido del Trabajo, que se exhibió como esquirol del Revolucionario Institucional.

El debate ya pasó. No habrá otro. Lo que se prepara ahora son esos ejércitos de mapaches que ya están en operación silente en Sinaloa. Al PRI le preocupa que Cuén Ojeda o Heredia den la sorpresa, y no pueda legitimarse con un cómodo margen, por ello mantienen a decenas de personas trabajando la estructura no inteligencia y golpeo.

Hay que recordar que las campañas no nada más se gana con buenas promesas e intenciones. Hay que ensuciarse un poco las manos, y para esto existen grupos que operan en la clandestinidad.

Desde luego, otro elemento esencial es la estructura política, en el sentido de contar con suficientes elementos en calles y colonias que puedan mover a otros, sobre todo aquellos que no acostumbran a emitir su voto. Solo el PRI cuenta con una estructura ya trabajada y aceitada; si bien el PAS construyó de forma meteórica una estructura, también es cierto que no le alcanzó el tiempo para dejarla bien aceitada. La del “tricolor” es así por su origen monolítico.

El hartazgo de la gente, se ha demostrado, no cambia el rumbo de las elecciones. Más bien anestesia, nos sitúa en una zona de confort en la que sufragar se convierte en una molestia, en una operación inútil y sin sentido. ¿Por qué levantarme a votar el domingo en la mañana?

Y es aquí donde la “operación mapache” suele rendir buenos frutos, dejando importantes dividendos. Salvo que sea una campaña de verdadero arrase, con un empuje ciudadano, no se requeriría el mapachismo.

Además, en este tema entra también no solo que un partido, digamos el PRI, tenga su estructura de operadores en el terreno, sino también que sus rivales tengan la forma de contrarrestar esta operación.

En el 2010 mientras el PRI tenía su operación, la gente de Malova no solo creó su operativo sino que además logró combatir la estructura de espionaje y mapacheo. Combatió con contrainteligencia esto, y los resultados ya se saben.

El 5 de junio el candidato que no tenga esto armado, le arrebatarán el triunfo, porque todo pinta para que sean unas elecciones bastante cerradas y con gran abstencionismo.

*Editorial de la edición impresa número 4 de LA PARED que circula en puestos de revista en Culiacán

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