De nuevo, la racha violenta en Sinaloa se desató en el mes de abril, mientras que en el estado los políticos festinan las campañas para renovar el Gobierno del Estado, el Congreso y las 18 alcaldías. En una entidad en donde las promesas no convencen, habla la bala, la ley del forajido impone su terror en las familias sinaloenses con un sello aterrador y particular, la tortura.
Una noche asesinan a mansalva a un joven estudiante de Medicina, al día siguiente levantan y asesinan a otro joven galeno cuando salía de su consultorio en Quilá; más tarde aparecen hasta cuatro cuerpos torturados envueltos en bolsas negras; luego un joven de nacionalidad hondureña, que apenas tenía un par de meses viviendo con su madre en la ciudad, es quemado en las viejas instalaciones del Palenque de la Feria Ganadera.
La impunidad como siempre se acumula en expedientes y averiguaciones sin salida, en tanto que en el ambiente flota la certeza que los cárteles mantienen sus pugnas internas, sus ajustes, con rumores como el que señala que Ismael Zambada García y Rafael Caro Quintero, los líderes fuertes del cártel de Sinaloa, ordenaron una limpia para meter orden en los narcomenudistas, ladrones, hombres con cuentas financieras pendientes, entre otros motivos.
Ha sido visible que los criminales están exhibiendo los cuerpos torturados de las víctimas ya sea para que sirvan de lección a los enemigos o atemoricen a la gente, es como decir: “Vean a mí no me tiembla la mano”.
Estas ejecuciones se están dando en un escenario desbocado, donde todos los límites han desaparecido, donde la tortura se manifiesta en un acto de venganza, o bien, un instrumento para sacar información al enemigo, en el contexto de la lucha por los mercados de la droga.
En la lucha entre los cárteles no funciona así. Es más bien: ‘Si tú le sacas un ojo a mi compañero, yo a ti te saco los dos y aparte te corto un brazo’. La respuesta es una tortura cada vez más atroz, una escalada de tormentos que no tienen fin.
Tan solo del 14 de abril al 21, se contabilizaron 22 asesinados en la geografía estatal, como el de un empresario minero que en pleno mediodía, frente a policías municipales que vigilaban el recién inaugurado par vial de la avenida Álvaro Obregón, fue herido de bala y arrastrado hasta una muerte segura.
O como el crimen de padre e hijo en el residencial Montecarlo, en donde los pistoleros irrumpieron mientras celebraban con un grupo norteño. O como la historia de los Chavira, cinco “levantones” que terminaron en cuatro homicidios, los cuales fuentes policiacas vinculan como parte de una misma serie criminal.
Aunque la pena de muerte sea prohibida en México por las legislaciones y aún más allá rechazada por la Iglesia con el “no matarás”. Eso son meras palabrerías pues la pena de muerte diariamente la aplica el crimen organizado. Aquí LA PARED narra la crónica de los últimos días.
Levantón y muerte de los Chavira
La última vez que los vieron, los cuatro se habían ido de pesca y luego a beber unas cervezas en una casa de la colonia Adolfo López Mateos, en Culiacán, Sinaloa; al menos eso supo la familia y fue lo que más tarde narraron a las autoridades.
De los cuatro que iban en ese automóvil Honda Acoord modelo 1999, eran los primos Michel Alonso Martínez Chavira y Jotsan Enrique Chavira Torres, los que tenían fama de desmadrosos y pendencieros. Los otros dos eran Diego Armando Martínez Chavira y Manuel Eduardo Valenzuela Montes, descritos como personas tranquilas.
De acuerdo con el reporte policial realizado a C-4, desde las 21:00 horas del domingo 17 de abril pasado ya no se supo de los cuatro jóvenes, ninguna llamada entraba a los celulares. Solo se sabía eso: que iban en un Honda y en una cuatrimoto Canam color amarrilla.
Cuando los agentes policiacos llegaron al día siguiente al domicilio de la calle Monte Piedad del fraccionamiento Valle de Encino para investigar, no encontraron a la persona que llamó y que notificó la desaparición de los cuatro jóvenes.
El lunes pasó sin novedad. Se hicieron las denuncias pertinentes, se tomaron los apuntes, pero al iniciar la madrugada del martes un comando integrado por sujetos armados irrumpió en el domicilio de Arnoldo Guadalupe Ramírez, un joven de 32 años. Le gritaron para que saliera.
Pero sabían que iban por él, por lo que trató de escapar corriendo por la avenida de Los Himalayas en el fraccionamiento Villa Bonita; las balas detuvieron su marcha ahí en la calle. Los vecinos reportaron los hechos a las 01:15 horas.
El cuerpo de Arnoldo quedó en un charco de sangre. Arnoldo contaba con antecedentes penales por robo armado.
Sucesos encadenados
Apenas habían ingresado el cadáver de Arnoldo al Servicio Médico Forense, cuando a las 06:30 de la mañana del martes ocurrió otro suceso relacionado con este serial, de acuerdo con fuentes de seguridad.
Fausto Chavira Torres se dirigía a su trabajo en las instalaciones de los tanques de Pemex, ubicadas en el mismo sector. Según el reporte oficial, esa mañana su esposa lo trasladaba a su empleo cuando fueron interceptados por hombres armados.
A ella la dejaron marcharse, pero no así a su marido. Fausto se convirtió en el quinto hombre privado de la libertad. Era hermano de Jotsan Enrique Chavira Torres. La esposa de Fausto interpuso el reporte del “levantón” esa mañana, pero un par de horas después aparecieron dos cuerpos en el patio delantero de una casa abandonada en la comunidad de El Batallón de San Pedro, perteneciente al municipio de Navolato.
Fausto Chavira. Era empleado de PEMEX
Las víctimas tenían huellas de tortura, estaban esposadas con las manos hacia atrás, y llevaban marcas de haber sido arrastradas y golpeadas duramente.
Más tarde se descubriría que eran Michel Alonso Martínez Chavira y Jotsan Chavira Torres.
Al no aparecer los otros dos primeros privados de la libertad, se temía lo peor. Para la noche, decididos a liberar a los tres familiares, los asesinos se los llevaron con rumbo a la Unidad de Servicios Especiales (USE) ubicadas en el Desarrollo Urbano Tres Ríos.
Todo parece indicar que en el camino se percataron que Fausto Chavira, tío de ellos, había fallecido a consecuencias de golpes contusos, por lo que el cadáver fue abandonado por la avenida Fray Marco de Niza, en la colonia San Rafael.
En cambio, a Manuel Eduardo Valenzuela Montes y a Diego Armando Martínez Chavira los liberaron en la USE.
Sobre los motivos de tanta violencia contra estas personas, las fuentes extraoficiales añadieron que posiblemente tengan la misma vinculación delincuencial. La Procuraduría no emitió comentario alguno sobre el asunto.
“Qué pedo, qué ven, putos, pónganse vergas”, gritaron los sicarios
CRÓNICA DE UN LEVANTÓN
Un testigo de la privación de Rogelio Leal Coronel, en plena avenida Álvaro Obregón, se atrevió a narrar con lujo de detalle lo ocurrido aquella tarde del lunes 18 de abril frente a policías.
Hecho criminal. Policías de palo
Estaba tratando de cruzar la pinche Obregón como a las 4 y media de la tarde. Era lunes y hacía un calorón. Había un trafical de la chingada, y tenía rato intentando cruzarme hasta que en una de esas me quedé paniqueado, volteé para el lado de la Farmacón que está en la esquina de la Ignacio Ramírez, y veo un chingo de gente mitotera en la esquina esa, otros más en la de la Coppel y el Telcel que están ahí se quedaban viendo al negocio ese donde rentan carros.
En eso mire una camioneta Hemi blanca y un carrito así tipo Bora; la verdad no te voy a mentir: no estoy seguro la verdad que era, pero lo que si vi que era color azul, había unos dos o tres malandros arriba del carro. Y en eso bajaron en chinga cuatro cabrones vestidos de negro, encapuchados, empecherados, armados hasta los dientes.
Hasta ese punto yo pensaba que los batos eran marinos, por eso intenté calmarme y no hacerla de tos.
Traían a un bato agarrado del cuello y lo arrastraban por la escalera, se le iba cayendo la camisa hasta que lo bajaron, le decían, “chingaste a tu madre, verga, por pendejo”, mientras la gente estaba viendo el mitote, voltearon los morros y les gritaron:
“Qué pedo, qué ven putos, póngase vergas”.
Cuando capté que era un levantón, miré que el pobre amigo iba chorreando un chingo de en sangre de una pata, lo traían a putazos esos malandros. La verdad que no se lo deseo a nadie.
La neta intenté ver las placas cuando se estaban yendo, pero arrancaron emputiza y no pude verlas, además que estaba paniqueado como ya te dije, sí me dio miedo, no se puede vivir tranquilo en esta ciudad, uno va caminando por ahí y le tocan estas cosas. Pero en las esquinas había tres municipales que se hicieron pendejos, mejor se voltearon, y todavía se toparon de frente una patrulla y en lugar de seguirlos le sacaron la vuelta los culeros.
A las horas un compa me dijo que vio los dos carros que pasaron en chinga por el cuartel militar, por aquel rumbo de la 5 de Mayo; de seguro que agarraron para la salida sur por la Calzada, pero eso es pensamiento mío, la verdad ni sé ni me interesa. Yo nomás vi eso que te acabo de contar.
El dato
Rogelio Leal Coronel, así fue identificada la víctima del levantón que esa tarde policías municipales vieron, según el testigo presencial de los hechos. Tenía su domicilio en la colonia Las Quintas, y ha sido relacionado con el ramo minero. Al día siguiente, martes 19 de abril, su cuerpo fue encontrado sobre una breca cercada a la comunidad de Ayuné, al oriente de la ciudad. Estaba envuelto en un cobertor a cuadros rojo y tenía profundar heridas. La Procuraduría General de Justicia no ha revelado el móvil del homicidio.
LAS TORTURAS
» En varios puntos de Culiacán y Navolato aparecieron cinco cuerpos torturados en distintos hechos envueltos en bolsas de plástico negras.
Degollados
»El 21 de abril fue encontrado un sujeto degollado bajo un puente de la maxipista Culiacán-Mazatlán. El cadáver también presentaba impactos de bala y esta atado de pies y manos.
Los mensajes
» Existen códigos mediante los cuales los narcotraficantes se envían mensajes entre sí.
» Sapos o dedos: se les corta o se les saca la lengua.
» Ladrones: les cortan los dedos.
» Testigos incómodos: les sacan los ojos o les cortan las orejas.
‘Ojo por ojo’
» La lucha entre los cárteles mexicanos y el crecimiento de la violencia en el país está superando a la Ley del Talión del “Ojo por ojo”; ahora los grupos criminales cada vez utilizan técnicas más salvajes para castigar a sus víctimas.
LOS DÍAS VIOLENTOS DE ABRIL
En abril, la violencia reptó de nuevo en la entidad, sobre todo en la zona centro. De acuerdo con fuentes extraoficiales de la Policía Ministerial, en algunos casos se trató de una “limpia” ordenada desde los altos mandos del cártel de Sinaloa, aunque oficialmente no hay una versión de parte del gobierno estatal.
Mientras que marzo terminó 52 homicidios, para el 21 de abril la cifra ya alcanzaban los 56, y aunque la estadística se había ido disminuyendo gradualmente, lo cierto es que en las últimas semanas los asesinatos sobre todo en la capital se desataron, sobre todo en los lugares públicos.
El recuento
Jorge Nava Covarruvias tenía 29 años y estudiaba en la Facultad de Medicina de la UAS. En los primeros minutos del 7 de abril se encontraba cenando en un puesto de tacos al pastor del bulevar Universitarios y Obregón, en Tierra Blanca, cuando llegó un desconocido y le disparó en repetidas ocasiones con una pistola calibre .9 milímetros. Acto seguido se retiró con toda tranquilidad del lugar del crimen sin ser identificado.
El día 13, el taxista de nombre Jerónimo Gómez, de 45 años, con domicilio en Villas del Real, fue “levantado” por hombres armados cuando circulaba por el libramiento Pedro Infante.
Su cuerpo apareció envuelto en plástico negro atado con cinta canela en un predio de la carretera La Costerita. Tenía huellas de tortura, y sería el primero de cuatro cadáveres envueltos con similar material plástico, y con distintos mensajes de advertencia.
Ese mismo día en Quilá el joven médico Rigoberto Bodart Araiza, quien era residente de la sindicatura de Eldorado, fue privado de su libertad cuando salía de su consultorio de la farmacia Farmex.
Rigoberto Bodart. Impune homicidio del galeno
Su cuerpo también fue localizado en las inmediaciones del residencial La Primavera, cerca de La Costerita, envuelto en plástico negro y con un mensaje.
Los otros dos cuerpos “embolsados” aparecieron al día siguiente, uno en Culiacán y otro en Navolato. Sin embargo, las autoridades no lograron conectar los cuatro asesinatos en ese momento.
Palenque de la muerte
El 14 al anochecer un joven de nacionalidad hondureña fue introducido en uno de los camerinos del antiguo Palenque de la Feria Ganadera, que permanece abandonado en la colonia Canco, y fue quemado por al menos cuatro hombres.
Según el reporte de la Policía Ministerial, al cuerpo de Renil Antonio Escobar Morazán, originario de La Ceiba, Honduras, lo rociaron de gasolina y le prendieron fuego.
Vecinos que observaron el fuego reportaron a la Policía. Al llegar se dieron cuenta que un cadáver había sido reducido a cenizas. Ni el personal forense ni su madre pudieron identificar los restos humanos quemados.
Palenque de la muerte
La Procuraduría General de Justicia realiza actualmente pruebas forenses para confirmar la identidad del joven.
Los asesinatos se fueron acumulando en tanto que las campañas se desataban en la entidad sin lograr entusiasmar el ánimo de la ciudadanía.
El sábado 16, campesinos de La Piedrera, sindicatura de Costa Rica, dieron la alerta de que en una brecha se encontraba el cuerpo de un hombre. Era un joven bien vestido, con camisa manga larga, zapatos negros y pantalón oscuro. En el rostro tenía varios disparos de arma de fuego.
Ese mismo día en la noche, a las 22:00 horas, sujetos armados que se identificaron como agentes de la Policía Ministerial del Estado intentaron “levantar” al joven Victor Manuel Coronel Ruiz, de 28 años, por una calle de la colonia Emiliano Zapata.
Los sicarios lograron ponerle las esposas pero el joven luchó por escapar, por lo que ahí fue asesinado con una ráfaga de fusil AR-15.
El 19 de abril la muerte se lució. Seis personas aparecieron torturadas y asesinadas: Arnoldo Guadalupe Ramírez, el caso de Villa Bonita relacionado con el levantón y asesinato de Michel Alonso Martínez Chavira y Jotsan Enrique Chavira Torres, cuyos cuerpos aparecieron en el Batallón de San Pedro, Navolato.
A la entrada principal de Alturas del Sur fue asesinado un joven que no fue identificado en el sitio, en Ayuné hallaron el cuerpo de Rogelio Leal Coronel, y por la noche el cuerpo de Fausto Chavira fue arrojado en la banqueta de la avenida Fray Marco de Niza, en la colonia San Rafael.
El clima violento no cesó. En el residencial Montercarlo, la familia Ovalles Silva tenían una fiesta cuando un comando de varias camionetas irrumpió, lo que hizo callar al conjunto norteño que amenizaba.
Al ubicar entre los presentes a Rigoberto Ovalles Díaz y a su hijo Rigoberto Ovalles Silva, los sicarios abrieron fuego con fusiles AK-47. Los hechos ocurrieron a las 03:00 horas del 20 de abril.
El día 21, el agricultor Rosario Urquiza Beltrán, de 50 años, de Acueducto, fue encontrado muerto en la caja de su camioneta Ford Lobo color oro. En la sindicatura de Villa Unión, Mazatlán, el cadáver de una muchacha fue encontrado calcinado en la cajuela de un automóvil abandonado sobre una brecha.
Ese mismo día en la tarde, entre La Platanera, Navolato y Culiancito, debajo de un puente de la autopista, fue localizado el cadáver salvajemente degollado de un hombre de aspecto indigente. Estaba desnudo sobre un montón de basura, y también le habían disparado con “cuerno de chivo”.
Al cierra de esta edición sumaban 56 homicidios en la entidad.
Nota publicada en la edición impresa No. 3 de La Pared.