Culiacán, Sin.-Luego que familiares de personas desaparecidas denunciaron que la Procuraduría de Sinaloa no lleva un orden, ni una ficha de identificación sobre los cadáveres que se van a la fosa común, la fiscalía rechazó las acusaciones.
“Si se tiene un control de la averiguación previa erradicada cuando la persona no fue identificada y en la investigación existen datos del lugar del depósito de ese cuerpo que fue inhumado en esa averiguación”, afirmó Martin Robles Armenta, Subprocurador de Justicia del Estado.
Sin embargo ahí están 341 cadáveres en las fosas comunes de los panteones de toda la entidad, ninguna de las tumbas tiene lápidas y mucho menos, un nombre; en cada sección hay una cruz enterrada con diferentes números.
Y ante la falta de voluntad de las autoridades la única opción que le dejan a los familiares es hurgar ellos mismos entre los restos, como el caso de la señora Alma Rosa Rojo quien busca desde hace cuatro años entre los muertos olvidados a su hermano desaparecido del poblado Estación Obispo.
Y en este caso en particular, el funcionario refirió que los resultados de ADN que se han practicado no coinciden con el cadáver de su hermano.
“Ella señala en su momento que no se le practicó el examen de ADN a quien ella señaló que pudiera tener alguna relación con su familiar”, indicó.
-¿Porqué no se le practicó la prueba en ese momento?
– Si se le hizo, parece que sí…no fue de manera inmediata fue después.
Sin embargo en Sinaloa no existe un banco de ADN, ni los Servicios Médicos Forenses, ni la misma Procuraduría cuenta con el personal adecuado para dar tratamiento a este tipo de casos.
Pero en el discurso, hay voluntad de ayudar dice Robles Armenta.
“Si se está presentando con alguna situación de algún familiar que esté buscando a una persona fallecida o desaparecida, nosotros estamos en la disponibilidad de atenderlo y darle tratamiento de maneras personal, si alguien tiene una situación sobre ese tema que no se le esté ayudando o auxiliando lo ayudamos”, concluyó.
Sólo les queda a los familiares a resignarse a que las autoridades les entreguen sus cadáveres, ya ni decir de la posibilidad de encontrarlos vivos, ni que se garantice se castigue a los responsables.
Cynthia Valdez/La Pared