Culiacán, Sin.-Cuando fueron a la guerra (así le llaman, a secas, contundente) contra las células de Los Mazatlecos y de Fausto Isidro Meza Flores, “el Chapo Isidro”, el gobierno de Mario López Valdez destacó su heroicidad, su valentía, y más de alguna vez se paró enfrente a las tropas para arengarlos, inyectarles optimismo.
“A mí una vez me dijo aquí a un lado: sigan así, muchachos, ganando la batalla contra la delincuencia… Y ahora nos corren. Ya no les servimos”, narra la voz del policía que optó por el anonimato.
Fueron tiempos difíciles, en los que se jugaron la vida, dice. “Casi me destrozan los malandrines las piernas, pero me salvó la carrocería de un Tiger”, cuenta el agente “Y”, como le pondremos a este ya ex agente ministerial para guardar su identidad.
Desde el sábado pasado, los mandos de la Procuraduría General de Justicia y de la Policía Ministerial del Estado empezaron a notificar a por lo menos 40 elementos que fueron dados de baja, en un oficio que no explica los motivos.
“Solo dice que se terminó la relación laboral, como si hubiéramos firmado un contrato, pero nosotros no firmamos nada”, comenta el policía con más de 15 años en las filas de la corporación.
Y señalan a dos posibles responsables: al subcomandate Martiniano Vizcarra Burgos, mano derecha del director Jesús Antonio Aguilar Íñiguez, “Chuy Toño”, y al procurador Marco Antonio Higuera Gómez.
“Martiniano fue el que hizo la lista, creemos que eligió a los que les caía mal; aquí en Culiacán nos dieron de baja a ocho, pero sabemos que la lista es de 40 elementos”, refiere.
Durante la mañana acudieron a Palacio de Gobierno, sin saber muy bien a qué, pero sabiendo que iban a pedir una audiencia con alguien que los escuche.
“Malandrines no somos, qué me hubiera costado de que me corrieran e irme a echar chingazos con los otros, agarrar el rifle a irme a matar gente, pero no se trata de eso, sino de que nosotros mantenemos a nuestras familias y trabajamos derecho”.
Cuenta “Y”:
En el 2008 nosotros aguantamos la violencia que había, mataron a muchos compañeros y muchos otros renunciaron. Nosotros nos quedamos. Y los que se fueron ahora regresaron y otros más andan metiendo papeles para reincorporarse.
En ese tiempo la Ministerial era la única que trabajaba. Los tránsitos, los estatales, los municipales, todos ellos se quedaban en sus cuarteles y nada más a nosotros nos mandaban a la calle, a patrullar, al matadero que era Culiacán en ese entonces.
Y después de aguantar tanto, también la guerra de Los Mochis y Guasave, el procurador nos corre. Ahora que ya las cosas están más calmadas ya no nos necesitan. Que dizque el procurador quiere las 40 plazas para dárselas a los nuevos…pero si ellos no saben ser policías.
Los jefes no nos dicen nada. No quisimos firmar nada. De los controles de confianza no nos han dicho nada, si los reprobamos o los pasamos, no nos dan los resultados, pero si es así, entonces se tendría que ir el comandante Chuy Toño y Martiniano, ¿a poco usted cree que pasaron? Claro que no pasaron. Y ahí los tiene el gobierno. No son parejos.
Cuando andábamos en Los Mochis yo me enfrenté con mi grupo a toda esa gente, nos agarrábamos a balazos. Allá por la termoeléctrica, una noche en que reportaron enfrentamiento entre Los Mazatlecos y municipales. Fuimos todos. Yo iban en un Tiger, esos carros blindados que apenas sirven para el rescate, pero no para el combate, son pesados, no puedes perseguir a nadie en él.
Llegamos al lugar y estaba la balacera. Había una casa de seguridad. Eran desde tres puntos de donde disparaban. Yo ubiqué a un pistolero cerca de un tamarindo y grité: 35 al frente… y tras tras tras solté tres disparos con mi rifle y el malandrín respondió con su cuerno de chivo. Y jaló y si no me tiró detrás del Tiger me mata. Ocho hoyitos le quedaron a la blindada. Ahí andaba el comandante Carrasco.
Del único que no tengo nada que decir es del comandante Carrasco, él sí sabía ser jefe, nunca dejó que los malandrines nos humillaran, se la rifaba con nosotros; no conozco a mejor policía que él.
A Carrasco si un malandrín quería asustarlo rápido tenía como hacerle frente. Hasta decían ellos mismos que cuando vieran una camioneta de este modo mejor le sacaran la vuelta si no iban a valer madre.
Pero sabemos que Carrasco nada más obedece órdenes. Él no nos puede ayudar, y del comandante Íñiguez no hablamos porque no lo hemos visto.
La verdad es que si nos dan de baja ya no queremos volver. Para qué, ahí nos van a mandar a donde sea para tomar represalias. Y no queremos eso. Queremos que nos pongan en otro lado. Que nos digan bien por qué nos dieron de baja. 15 años echados a la basura así como así, pues no.
Hay un compañero que tenía 22 años en la corporación, toda una vida, y no había hecho otra cosa más que ser policía. No es justo. Hay otro que hasta carrera universitaria tiene y también es parte de la lista.
Y yo he aprendido cosas de periciales. Sé más que un perito, porque sé dónde buscar. Nosotros la hemos hecho de investigadores y de peritos sin tener estudio, sabemos resguardar una escena del crimen, sabemos localizar casquillos… ¿para eso quiere gente nueva el gobierno? ¿Y la experiencia no cuenta?
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El agente que tengo frente a mí se explaya. Expulsa las quejas que hicieron erupción desde que hace tres días le llegó el oficio en donde decía que estaba dado de baja. El oficio es un documento foliado con sellos del despacho del procurador Marco Antonio Higuera Gómez, emitido por el área de Recursos Humanos de la dependencia.
Junto con “Y” vinieron otros tres compañeros en la misma situación. En Palacio dicen que se encontraron con los escoltas de Malova, quienes les comentaron que el gobernador nunca los recibiría. Que mejor se conformaran con lo que les dieran.
A los cuatro policías (o ex policías) se les hace imposible que los hayan despedido así sin más. Si fuera por el control de confianza así se hubiera estipulado en el acta, pero no.
Andan desarmados, y para demostrarlo se alzan la playera para dejar ver el cinturón donde sólo hay pegado un celular.
“El sábado a mediodía algunos de nosotros andábamos trabajando cuando llegó el oficio. Oficialmente dejamos de laborar, ¡y nosotros con las armas! Así nos podrían acusar de portarlas sin permiso”, refiere otro de los elementos presentes.
Esperan que alguien los reciba en Palacio, lo más probable sea que el director de Gobierno, Raúl Pérez Miranda hable con ellos.
Mientras tanto, cuentan las veces que entraron en combate, en lo que dan por llamar “guerra”. Y quizá no saben que fue la guerra personal de Malova contra los Beltrán Leyva.
Martín Durán/La Pared