De héroes y villanos
Le lectura del “levantón” del agente estatal adscrito a la Ayudantía del Gobierno del Estado, que es el grupo que se encarga de la seguridad del gobernador y su familia, pude tener lecturas muy desastrosas en materia de seguridad.
Nadie podría dudar, en una zona como lo es Guasave, que este delito fue perpetrado por el grupo criminal que ha traído en jaque a las corporaciones estatales como la ministerial, que recientemente sufrió el ataque contra el jefe de la policía de Ahome, Jesús Carrasco Ruiz, a quien una célula de alrededor de cien sicarios intentó matar.
El cártel que comanda Fausto Isidro Meza Flores, “el Chapo” Isidro, y sus aliados de Ahome que antes conocíamos como Los Mazatlecos y hoy en día son La Mochomera, no está muy contentos por la guerra que, ellos mismos señalan, está dirigida hacia ellos, y pocas veces hacia los intereses del cártel de Sinaloa, intocados hasta el momento.
Lo cierto es que, al final de cuentas, uno como ciudadano no puede criticar al gobierno de esta guerra sesgada, porque entonces estaríamos defendiendo a los criminales y dándoles la razón de no combatirlos a ellos, aunque el argumento de los Beltrán Leyva en alianza con los Zetas es que se ataca a ellos, y al grupo del Chapo Guzmán no.
Desde luego, la parte afectada dirá que el gobierno no es parejo, y tal vez lo sea, pero lo están demostrando con una guerra de exterminio que ha causado bajas no sólo de civiles inocentes sino de policías que tenían una familia y dejaron huérfanos.
En todo caso, si el Chapo Isidro o La Mochomera reclama que al grupo de Guzmán Loera no se combate, pues entonces que se dediquen a otra cosa, donde nadie los pueda molestar.
La propaganda de un lado y otro está visible ahí en los panfletos arrojados desde avionetas, en atentados contra jefes policiacos, en narcomantas y en otros recursos que se dedican a difundir la idea de que Malova defiende al cártel de enfrente.
Sin embargo, quienes quedan en medio son los ciudadanos que lo único que piden es un estado en paz, sin sangre, alejados de los recursos de la violencia.
Por eso en Sinaloa, desde hace algunas semanas, tras el ataque al convoy de Carrasco, se ha estado librando una guerra de baja intensidad, poco ruidosa pero activa, desde los enfrentamientos en la región del Évora, en donde los soldados del general Pedro Felipe Gurrola ha retado al Cholo Iván, jefe de sicarios del Chapo Guzmán. Ya no es un pleito por la plaza, sino el intento de conservar un trozo de territorio dominable.
En realidad, aunque no se vea, para el gobierno en estos momentos es prioridad el tema de la seguridad, porque como en tiempos pasados, la violencia puede desatarse a niveles intolerables. Y no es deseable que las cosas se desborden, aunque en el norte del estado el clima de ha puesto muy caliente.
Ya tocaron la seguridad cercana al gobernador con el plagio de Frank Armenta, que aunque no es escolta personal del jefe del Ejecutivo, sí es parte de la logística de seguridad, y desde ayer las especulaciones van en el sentido en que podrían los criminales obtener información sensible de este elemento.
Pero en lo público, el tema pasará a segundo lugar, porque no es recomendable que el mediatismo termine por avasallar las portadas en los momentos en que se disputa una gran tajada política en las 18 alcaldías y el Congreso del Estado, que marcará la pauta para la gubernatura que se jugará en el 2016.
Campañas políticas
Ayer escuchaba una entrevista de radio del candidato Eduardo Ortiz Hernández, de la coalición Unidos Ganas Tú, y se me ocurrió un breve cuestionario, a la luz de un cartel que vi en su casa de campaña del bulevar Francisco I. Madero.
Eduardo ¿Qué se siente haber nacido en pañales de seda y abrazar a los niños pobrecitos de las barriadas de Culiacán, en donde nacen y mueren los jóvenes sicarios?
Suele ser contradictorio que los políticos sigan usando imágenes de gente pobre, por no decir jodida, cuando ellos viven en la opulencia. Y esto no es exclusivo del ex secretario de Desarrollo Económico. La escuela la enseñó el PRI, qué duda cabe, pero este partido sigue dando clases de simulación, pero no hay que ser adivino que las artes del “tricolor” todavía están muy en boga que hasta otros partidos le copian.
Sin novedad en el frente
Hasta ahora no hay ni un elemento que nos haga indicar que las campañas en Sinaloa tiene algo diferente a otras. Mucha estrategia por aquí, por allá, operación política de alto nivel, pero las mismas promesas. Me tocó escuchar a Gómer Monárrez Lara en la Escuela Libre de Derecho, y resulta inverosímil. No conecta con la gente, no tiene discurso. Al menos Sergio Torres tiene una historia que contar, que fue pobre, que fue barrendero, que estudió ya de casado, que fue ignorante igual que a la gente que pretende conquistar. En fin, el hombre superado. Eso le falta a otros candidatos: inventarse una historia.