De héroes y villanos
Jesús Aguilar Padilla se ha convertido en el mejor abogado de su cuñado José Manuel Osuna Ochoa, casado con una de sus hermanas, y de su colaborador más fiel, Policarpo Infante Fierro, ambos en la mira de la Procuraduría General de Justicia por el desvío de millones de pesos del Colegio de Bachilleres del Estado de Sinaloa (Cobaes), cuando el primero era administrador y el segundo director general de la dependencia.
Hay quienes afirman al interior de esta institución educativa, saqueada hasta el hartazgo no sólo por estos dos personajillos, sino por otra tanta caterva de defraudadores del erario, que Infante Fierro y Osuna Ochoa cuentan ya con órdenes de aprehensión giradas por jueces penales luego de que la PGJE acreditara la extraña desaparición de 20 millones de pesos justo antes de la salida de Jesús Aguilar de la gobernatura; este presupuesto, afirman los que saben, era para la homologación de sueldos de los maestros afiliados a la sección 53 del SNTE, el ala al que pertenecen los maestros de Cobaes.
Si bien en este espacio no podemos ofrecer más pruebas de la existencia de dichas órdenes de aprehensión, más allá de la confianza en las fuentes informativas, ya ha sido más que confirmado la presencia de malversación de recursos en esta institución, con los casos de Lucina Godínez Bastidas, ex jefa del Departamento de Tesorería y María de Jesús Vidales Cárdenas, ex jefa de Contabilidad, las dos detenidas por el delito de peculado, tras obtener de manera indebida más de 8 millones de pesos con el cobro de 646 cheques.
Pero a diferencia de estas dos ex empleadas, Infante Fierro y Osuna Ochoa cuentan con el mejor aliado. Aguilar Padilla hizo hasta lo imposible -habló con Malova- para que a su gente no se le ejecutara sendos mandamientos judiciales.
Y más allá de la amistad y los lazos de parentesco, Aguilar Padilla quizá haya intercedido por estos dos hombres debido a que la sospecha que se mantiene es que esos 20 millones terminaron en a campaña de su delfín Jesús Vizcarra Calderón, por lo que es mejor enterrar el pasado. Total, hay más recursos del erario qué gastar.
Y mientras el gobernador en turno, Mario López Valdez, también tenga rastros que borrar una vez que deje su mandato, el acuerdo entre él y el subsecretario de Agricultura de no mover un dedo por detener a los saqueadores de Cobaes (sólo charalitos) se mantendrá en la balanza, guardando los equilibrios del poder en donde el que sale es denunciado sólo para beneficio político, y el que entra guarda las formas para no ser subido al patíbulo de la opinión pública.
Al final, los teatros y escenarios montados se derrumban. Ahí está la captura de “El Chapo” Guzmán, que vino a desnudar la imposibilidad de un gobierno que nunca pudo desmarcarse del narco, que tiene a todos sus capos viviendo a placer en mansiones y sierras y playas.
Ahí está la espada de la justicia, oxidada y sin ningún tipo de filo que sólo ha hecho de la Unidad de Transparencia y Rendición de Cuentas y su titular, Juan Pablo Yamuni Robles, objetos decorativos en el barco sin rumbo de la administración malovista. Y de la Auditoría Superior del Estado una institución para cacarear el incorrecto uso de los recursos… porque al fin y al cabos todos -vaya sorpresa- solventan las observaciones y los hurtos.
El diezmo
Le dicen “el Diezmo” y nadie sabe por qué, pero Armando Villarreal Ibarra, dicen, lo debe saber. Otra cosa que corre por los pasillos de Palacio, a manera de intriga, es que una vez que salga AVI del sexenio malovista ya no tendrá que trabajar de nueva cuenta. Lo bueno es que los sudarios no tienen bolsillos. (Perdón, McCoy).
El general Melo
Todavía no entendemos exactamente porqué Malova contrató al general en retiro Moisés Melo García. Si fue por su experiencia, pues ya tuvo un primer descalabro: no tenía ni un mes el divisionario cuando detuvieron al “Chapo” Guzmán en Mazaltán… Mazatlán, hay que recordarlo, es sede de la Tercera Región Militar, la casa de Melo, o mínimo el lugar donde despachó de enero de 2012 a enero de 2014.
Por Martín Durán