De héroes y villanos
El reciente golpe contra Los Zetas, con la caída de Miguel Ángel Treviño Morales, el Z-40, puede en muchos sentidos reforzar la hipótesis que en el sexenio de Felipe Calderón fue la constante: el gobierno federal le limpia el camino a la hegemonía del cártel de Sinaloa como única empresa criminal dominante en el país.
No es gratuita esta idea. Se ha venido documentado cada vez más los beneficios que el grupo comandado por Joaquín Guzmán Loera e Ismael Zambada García han recibido de parte de las autoridades federales.
Por ejemplo, la guerra en Tijuana terminó y el cártel de Sinaloa salió fortalecido en sus operadores. En Mexicali, los testaferros de los sinaloenses viven la bonanza desde hace tiempo. El corredor de Sonora y Arizona, históricamente en manos de los hermanos Beltrán Leyva, quedó del lado del Chapo. Lo mismo Ciudad Juárez, frontera peleada con varios baños se sangre con Vicente Carrillo Fuentes, y que al parecer terminó con la repartición del territorio
Por eso no sorprende que el líder caído en desgracia sea uno de Los Zetas. Ya le había tocado a Heriberto Lazcano y, naturalmente, seguía el Z-40.
Pero resulta hasta lógico que los de Sinaloa estén escalando cada vez más posiciones: ellos han aprendido a negociar con los políticos, saben que el bajo perfil es parte de la clave del éxito de todo emporio criminal y, sobre todo, han aprendido para qué sirve el dinero. Repartir y corromper, hacer lazos sólidos de complicidad… hacer amigos aquí y allá, pues. Siempre y cuando no se entrometan en los negocios, la cobija para todos alcanza.
Es cierto que también el Chapo y el Mayo han recibido golpes contundentes en esta guerra, pero no todo es atribuido al Estado. A Guzmán le mataron un hijo en la creciente espiral de violencia, y a Zambada le detuvieron a su primogénito amado, aparentemente traicionado en el momento en que buscaba hacer tratos de inmunidad con la DEA.
Pero la empresa crece y se fortalece debido a las nuevas generaciones y a los nuevos liderazgos compartidos, sin olvidar quiénes son los que mandan.
Y es que el cártel funciona más como un monopolio al estilo de Slim o Televisa, lo que les permite tener negocios aquí, allá y acullá. Bisnes son bisnes, y cuando hay millones de por medio nadie interviene porque el beneficio es mutuo.
Sólo así se entiende que en la narcoguerra en Sinaloa de 2008 y 2009 no se tocaron para nada las millonarias inversiones de los Beltrán Leyva, que se extienden por ciertos ríos urbanizados. Se mataban entre ellos, pero el capital seguía fluyendo. Sigue.
Sólo así se entiende que por más que el Departamento del Tesoro de Estados Unidos fiche a empresas formalmente establecidas en el país, la Procuraduría General de la República no se mete con ellas. Al contrario, están pujantes y con la billetiza creciendo… y eso lo saben los del banco HSBC.
De modo que Los Zetas tienen más mala fama por hacer del secuestro y el homicidio un negocio, el cobro de piso, cuando debería ser más que instrumentos pragmáticos que lleven a un fin: aniquilar al enemigo, al malapaga, al que rompe las reglas del negocio. Y negocio es tráfico, no desestabilizar a la sociedad.
Mientras los sinaloenses sigan haciendo política y sabiendo para qué sirve la política, su sobrevivencia continuará. Ya Peña Nieto no necesita a un Chapo o Mayo para legitimarse en el poder. La maquinaría del PRI ya trabaja sin cesar, tan felices como siempre.
El mito de la captura del Chapo
Cada vez que le preguntan al secretario de la Defensa, Salvador Cienfuegos, o al mismo Peña Nieto, de puro trámite dicen la misma frase: la prioridad de capturar al Chapo. Y el Chapo por su casa.
Congreso clausurado
Lamentable lo ocurrió ayer en las afueras del Congreso del Estado, en donde se le prohibió la entrada a los maestros jubilados que en la víspera amenazaron con hacer plantón permanente.
Los diputados justificaron la decisión, y con ello justificar el motivo por el cual mandaron a hacerse una muralla. Mayor transparencia debería tener esta Legislatura, que en muchos sentidos ha sido una de las peorcitas que se recuerden.
Un general en su ocaso
El general Jesús Gutiérrez Rebollo parece estar en las últimas. Con él muchos secretos morirán, como la complicidad del Estado mexicano con la mafia.
Por Martín Durán