Un módulo creado exprofeso para reos “peligrosos”, una historia repetida en sus sórdidas barracas, un relato de la muerte cotidiana, la de los reos que no tienen otro futuro más que el confinamiento… en Aguaruto resort and devil
Culiacán, Sin.-Para qué más que la verdad: aquí están los que tienen broncas, oiga, los del grupo contrario, los que estamos amenazados, en pocas palabras, los que salimos sobrando del resto.
La mayoría de los que estaban aquí eran de los Beltrán Leyva, pero hace más de un año se los llevaron, usted se acuerda, pues como no eran de aquí algunos los cambiaron, y otros más aunque fueran de Sinaloa eran de otro grupo contrario.
Pues resulta que ayer que fue la balacera yo estaba acostado en mi carraca, aunque no crea, sí hay carracas, está chico todo, pero al fondo está donde dormimos, el caso es que estaba acostado pensando cosas cuando escuché los balazos, se hizo el desmadre, pues, pero en esos casos aquí nadie ve nada porque no le conviene meterse en broncas.
Y así como la ve, oiga, entraron al rato los guardias y nos golpearon a todos, todos bien cinchados, andaban buscando la pistola, pues, y como no sabíamos quién la tenía, nos pegaron a todos los internos del módulo, ni uno se salvó, hasta quién sabe dónde la hallaron, ya nos dejaron en paz.
A los Beltrán se los llevaron de aquí, pero no a todos; les llamaban presos peligrosos, pero la verdad pa’ que le echo mentiras, si los peligrosos son otros, la neta que estaban aquí en el 22 pa’ que no los mataran, como a mí que nomás estuve en los patios un tiempo y ya me querían cinchar. Ya ve, puros malos entendidos. Y mejor uno se queda por estos rumbos. Aunque no lo crea es más seguro.
Pero como ya vio no todos están seguros, y pues no anuncian cuando alguien va a sacar un arma y le va a disparar a otro. Dicen que por riña o discusión y nada; ya la muerte está cantada.
Como la vez del Tinoco, ¿se acuerda? El que mató a su mujer, la trabajadora social, en el módulo 9. Ese hombre sacó una .45 y le disparó a la cara cuando estaban en su carraca.
Se hizo grande el mitote, y al Tinoco lo enviaron aquí al 22 como castigo, cuando estaban todos los Beltranes que había detenido el Gobierno en el norte, pues raza de Los Mazatlecos y el Chapito Isidro.
Alguien le abrió la puerta al Tinoco para que saliera y matara a uno que había secuestrado a una mujer que era familiar de un pesado. ¿Que si quién le abrió la puerta? No pos ya se sabe quién tiene la llave de las puertas, ¿no?
Si hasta recuerdo la foto que vi en el periódico que le tomaron a José Ramón Aispuro Medina, que según era exmilitar y que estuvo guardado un año en el Otro Lado. Se la tomaron aquí mismo afuera de la peni los de antisecuestros.
Cuando le Tinoco salió al módulo 2 a matarlo, con la pistola en la mano, el Aispuro estaba con su madre platicando. Ya ni la muela. Se las hubiera cobrado en un día que no es de visita, pero tenía que ser delante de la madrecita que no tiene la culpa de lo que era su hijo.
Se escucharon los balazos y los gritos de la señora, que le vio la cara al asesino de su hijo. Pobrecita jefa.
Pues lo demás es historia conocida, al Tinoco se lo llevaron a Los Mochis para que ya no matara gente aquí. Pero no se crea, matones en el penal sobran.
Después de eso como que se calmó el penal, andaban tranquilas las cosas hasta que ayer se escucharon los balazos de nuevo.
Ni cinco meses tenía el muertito de ayer encerrado. Hace poco había sido cambiado a este módulo, junto con su primo. Varios de ellos han sido detenidos por el Gobierno por la muerte de los Vega Lindoro en Badiraguato.
Se pone cabrona la cosa cada que matan a uno, oiga, pues uno que no andan ni con un grupo ni con otro se cuida de que no lo relacionen.
¿Pero le digo cuándo se pone más tenso adentro de la peni? Cuando hay una balacera en las calles. Aquí uno se entera más rápido que afuera quienes y quienes se matan. Y cuando los grupos se enfrentan, aquí repercute macizo, la gente anda nerviosa por todos lados nomás desconfiando.
Como la vez de la balacera de El Vallado, que eran se tramaron la gente del Macho Prieto y la del 50, usted mejor que yo lo sabe. Mientras el desmadre con los guachos estaba allá afuera, aquí adentro ya se sabía el mitote. Y pues la gente de cada bando, aunque sean del mismo cártel, se tensaron.
Se veían las caras nomás, disimuladamente, como que nada pasaba, y lo sé tan bien porque estaban por contratarme para atender una tiendita en el Golfo, y nomás miré la desconfianza en los ojos de la raza mejor le dije al dueño: “Sabe que, compa, yo mejor me retacho pa’ mi módulo, estos andan como leones y si hay una balacera no quiero que me toque”.
Miré mochilas debajo las mesas y bancas, ¿y qué cree que había en las mochilas? Usted imagíneselo. Aquí las armas pasan por el pórtico y todos las miran sin verlas, lo único que se ve es el billete y el miedo.
Y yo antes tenía miedo, y orita lo único que me cargo son las pinches ganas de salir, de que el juez me resuelva pa’ irme, y que no me tengan en esta espera, en este cuarto abandonado en el que batallé para acostumbrarme a la soledad, a la oscuridad y al temor de que me encajaran un cuchillo en la panza, pues ya ve que a mi me trajeron para acá porque me querían matar en los patios.
Pero ni modo, así son las cosas, antes no lo aceptaba y hoy en día mejor me aguanto, chingado, ya sé que vendrán buenos tiempos, y por lo pronto mejor me aplaco.
Por Martín Durán