La palabra “autismo” a últimas fechas se le ha prestado más atención pero todavía muchos no entendemos que es; sin embargo los estudiosos en la materia lo han denominado de varias maneras: Niños que se aíslan completamente y viven en su mundo; un trastorno evolutivo que afecta la comunicación y la interacción de una persona con los demás; que tienen una gran lentitud para el aprendizaje pero desarrollan una gran inteligencia en otras cosas.
Tampoco logran captar ni comprender los sentimientos de quienes los rodean y si lo hacen es sólo en forma muy limitada; pero algunos tienen un alto coeficiente intelectual. Otras de las características son problemas con la comunicación verbal y no verbal. Se cree que la incidencia va hacia arriba pero no está claro si eso se debe a un aumento real de casos o simplemente a un mayor número de diagnósticos. No es una enfermedad sino más bien un desorden de las funciones del cerebro permanente y profundo.
El autismo ataca cuatro veces más a los hombres que a las mujeres. Varía grandemente en severidad y se caracterizan por una completa ausencia del habla de por vida, comportamiento extremadamente repetitivo, no usual, a veces auto dañino y agresivo. Este comportamiento puede persistir por mucho tiempo y puede ser muy difícil de cambiar, siendo un reto enorme para aquéllos que deben convivir, tratar y educarlos. Existen personas autistas que carecen de habla pero pueden comunicarse por escrito muy elocuentemente.
Respecto a este tema, tengo varios testimonios de padres que entre otras cosas dicen sentir una gran emoción que no logran describir, que tener un niño autista es muy difícil y doloroso pero que los aman con toda el alma y jamás se rendirán. Otros dicen que les gustaría saber que piensan y sienten sus hijos. Que Dios les dé a los padres, fuerza, entendimiento, paciencia, tolerancia y todo el amor a las personas que están pasando por esta situación.