Culiacán, Sin.- El cuartel de la Fiscalía General de la República (FGR) en Culiacán se convirtió este martes en el epicentro de un sismo político cuya réplica principal viene desde los tribunales de Estados Unidos.
En una jornada vertiginosa, las oficinas federales vieron pasar, uno a uno y en cuestión de horas, a los hombres que sostienen las riendas del poder político, la justicia y la seguridad en el estado.
No fue un trámite rutinario; fue un desfile simultáneo de una estructura bajo sospecha internacional que concentró este mismo día cinco piezas clave rindiendo cuentas ante el Ministerio Público Federal.
Las comparecencias, marcadas por un blindaje de hermetismo institucional, comenzaron a resquebrajar la habitual narrativa oficial conforme avanzaba la mañana de este martes y los nombres más pesados de la entidad descendían de sus camionetas para encarar las investigaciones federales.
Rocha Moya: El discurso de la dignidad desde el blindaje digital
El gobernador Rubén Rocha Moya optó por una estrategia de absoluto sigilo físico frente a la tormenta. Lejos de encarar los reflectores de la prensa a su llegada o salida de las oficinas federales, el mandatario ingresó de manera silenciosa al recinto; sin embargo, utilizó sus redes sociales este mismo mediodía para lanzar un mensaje político contundente, envuelto en la bandera de la legalidad y el proyecto federal. Tras responder el interrogatorio de la FGR, Rocha aseguró a través de su cuenta de X (antes Twitter) acudir “con la frente en alto” y con la firme determinación de atender cada llamado.
“Lo haré porque creo en el Sistema Judicial Mexicano, confío en nuestro Estado de Derecho y respeto a nuestras instituciones de justicia, que el movimiento de la Cuarta Transformación ha venido saneando y legitimando”, matizó el mandatario, buscando transformar su citatorio de hoy en un acto de congruencia partidista e institucional.
Damaso Castro: El peso de la reserva legal y la defensa
Fuera de la algarabía digital, la realidad en las calles de Culiacán se sintió mucho más densa este martes. La llegada de Dámaso Castro Saavedra a las instalaciones federales no pasó desapercibida. Quien a inicios de mayo tuvo que solicitar una licencia temporal como vicefiscal General del Estado para no interferir en el curso de las indagatorias, cruzó la aduana de los micrófonos de manera pausada, flanqueado muy de cerca por su abogado defensor.
A diferencia de la retirada apresurada de otros funcionarios, Castro Saavedra se detuvo ante la nube de reporteros que buscaban descifrar el estatus de su comparecencia. Con un tono medido, arrastrando la formalidad del viejo lenguaje ministerial, justificó su silencio con el peso de la ley:
“Ustedes saben que hay una reserva de ley en la cual yo estoy obligado a mantener, por la misma situación… se me citó en una condición y pues vengo acompañado de mi defensor”, explicó frente a los logotipos de los medios locales, marcando una distancia prudente pero tajante ante las preguntas.
Cuando se le cuestionó si su presencia respondía a una calidad de testigo o si la carpeta federal ya lo apuntaba desde otra trinchera jurídica, el exvicefiscal prefirió no abrir ninguna rendija por donde pudiera filtrarse la estrategia de la FGR:
“Eso me lo reservo en términos de la ley, no puedo dar esa información, les pido su comprensión”, remató de forma seca pero respetuosa, dejando claro que el juego formal apenas comienza y que la integración de la carpeta federal se mantendrá bajo llave en los escritorios ministeriales.
El día que “El Tucán” y el Senado cruzaron la puerta
La presión sobre el tablero local aumentó drásticamente con los últimos dos citados de esta jornada. Marco Antonio Almansa Avilés, conocido en los círculos policiacos como “El Tucán” y exdirector de la Policía de Investigación del Estado, rompió la inercia del silencio de manera contundente al ser atajado por los medios de comunicación que esperaban a las afueras de la fiscalía.
Al ser cuestionado sobre los motivos de su comparecencia y los detalles de las indagatorias, Almansa Avilés rompió el hermetismo y soltó con claridad:
“Se nos citó para el efecto de dar una declaración, una entrevista en la carpeta de investigación”, explicó el exjefe policial ante los micrófonos. Cuando los reporteros le preguntaron directamente bajo qué condición jurídica se presentaba ante la autoridad federal, si como testigo o como imputado, atajó de manera directa pero serena: “Como imputados… Vamos a esperar la integración de la carpeta de investigación”.
Por si quedaba alguna duda sobre su postura frente al caso que sacude a la estructura de seguridad del estado, Almansa Avilés recalcó que su presentación fue voluntaria, declarándose inocente de los señalamientos y asegurando que su trayectoria siempre se condujo dentro del marco legal, rematando con un tajante “el que nada debe, nada teme” antes de ingresar al recinto.
Casi al mismo tiempo, el alcalde de Culiacán, Juan de Dios Gámez Mendívil, prefirió saltarse las palabras. Su paso por la FGR terminó de forma abrupta este martes, abordando una camioneta blanca a toda prisa, escoltado y con el vidrio arriba, dejando atrás las preguntas de los reporteros que buscaban una reacción del líder de la capital sinaloense.
Pero la sorpresa del día la dio el Senado de la República. En una camioneta gris y sin mediar palabra con nadie, apareció el senador Enrique Inzunza. Su sola presencia este martes en la delegación federal elevó la temperatura política del caso; el legislador entró al recinto sin aclarar los motivos de su citatorio, pero dejando claro que la onda expansiva de la investigación ya tocó las altas esferas del legislativo federal.
El fondo del tablero
Con cinco figuras de este calibre sentadas el mismo día ante el Ministerio Público Federal, la atmósfera en Sinaloa es de una tensa expectativa. No se trata de incidentes aislados ni de la justicia local operando en su rutina; es la FGR concentrando en una sola jornada el armado de un rompecabezas cuyas piezas fueron entregadas por el Departamento de Justicia estadounidense. Mientras las carpetas de investigación se siguen llenando de testimonios bajo estricta reserva, Culiacán observa cómo el poder político y policial camina, en un solo desfile, hacia la aduana de la justicia federal.
Por Redacción/LaPared