Mazatlán, Sin.- Detrás de las paredes de un inmueble en el fraccionamiento Las Misiones, la violencia organizada acumulaba en silencio el peso del plomo. Un operativo conjunto entre la Fiscalía General de la República (FGR) y la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana (SSPC) irrumpió en la propiedad, dejando al descubierto la logística subterránea que alimenta el fuego en la región.
El despliegue federal no fue fortuito; respondía a un reporte recibido en el C4 que alertaba sobre detonaciones de arma de fuego en la zona. Al revisar el exterior del predio, los agentes ubicaron los primeros indicios, lo que liberó una orden de cateo inmediata.
Al cruzar el umbral, las fuerzas del orden no encontraron resistencia humana, sino el frío inventario de una guerra de baja intensidad: dos armas largas, una corta y los cargadores listos para abastecer la línea de fuego.
El conteo minucioso de los peritos percutió la cifra: más de 5,400 cartuchos útiles. Entre el decomiso, el hallazgo de dos casquillos percutidos en el suelo dejó la certeza de que el armamento había sido probado recientemente.
Sin embargo, el verdadero factor de alarma lo marcaron 20 artefactos explosivos ocultos en el lugar. La presencia de estas bombas obligó a los efectivos a activar protocolos especiales de manejo de materiales peligrosos, conscientes de la volatilidad del arsenal.
Afuera, en el área de la cochera, dos motocicletas que completaban la logística de movilidad de la célula delictiva quedaron bajo el resguardo de las autoridades.
El inmueble sellado, los miles de cartuchos y la carga explosiva quedaron a disposición del Ministerio Público de la Federación.
En los escritorios federales se inició de inmediato la integración de la carpeta de investigación, buscando los nombres detrás de este arsenal que hoy duerme en las bodegas de la Fiscalía.
Redacción/LaPared