Culiacán, Sin.- Las doce del mediodía en la capital. El cielo aplasta con un gris plomizo y la humedad se pega a la piel cuando las armas cortan el aire.
Un intercambio de fuego seco entre civiles y la tropa en las inmediaciones de La Conquista funcionó como el detonante definitivo; el último agarrón que terminó por atronicar la maquinaria de la guerra urbana en el sector norte.
Aquí no hacen falta tiroteos prolongados para mover las piezas; el mensaje se entendió a la primera.
El eco de los disparos aún flotaba en el ambiente cuando la respuesta oficial comenzó a rodar sobre el asfalto.
Cifras pesadas para una zona herida: trescientos elementos más del Ejército Mexicano entraron en convoy directo hacia la Unidad Deportiva del sector. El espacio público quedó anulado en minutos, convertido en un estacionamiento de camiones tácticos y botas que marchan al unísono.
La orden para estos trescientos militares es fría y concreta: plantarse en las colonias del norte, ahí donde los homicidios recientes ya no son estadística, sino marcas en el pavimento.
Con su llegada, el tablero operativo se eleva a ochocientos efectivos en la plaza. Trescientos que se suman a los quinientos que ya “taloneaban” los sectores calientes, intentando poner un cerrojo donde la violencia es un flujo constante.
Desde las ventanas de La Conquista, el vecindario observa el despliegue en silencio. Ochocientos fusiles no garantizan la paz, pero imponen un respiro forzado.
Mientras las nubes siguen bajas sobre la capital, el norte se satura de verde olivo, a la espera de ver si el peso del blindaje es suficiente para enfriar las calles.
Redacción/LaPared