Otra carta, el mismo grito: “El Chapo” insiste una vez más ante la justicia de EU contra su aislamiento

Nueva York.- En la celda de hormigón armado de la prisión de máxima seguridad ADX Florence, en las montañas de Colorado, el tiempo se mide de forma distinta. Allí no hay sol naciente ni el bullicio de las sierras de Sinaloa; solo hay luz artificial constante, el chasquido metálico de las puertas automáticas y el roce rasposo del papel.

Para Joaquín “El Chapo” Guzmán Loera, la pluma se ha convertido en su última trinchera.

En los últimos meses, el despacho del juez Brian M. Cogan en la Corte del Distrito Este de Nueva York se ha visto inundado por una incesante marea de correspondencia.

Más de una veintena de cartas firmadas por el capo han ingresado formalmente al sistema judicial estadounidense. Todas comparten un mismo tono de angustia y reclamo: la denuncia de un juicio que considera “injusto”, el clamor por la restitución de las visitas de su esposa e hijas y la protesta desesperada contra un régimen que lo mantiene recluido de 22 a 23 horas diarias en soledad, sin llamadas telefónicas ni contacto físico humano.

El verdadero enigma detrás de esta ráfaga de mensajes radica en los folios mismos. Se trata de manuscritos redactados en un inglés tropezado pero estructurado, donde se aboga por derechos de la Primera y Octava Enmienda de la Constitución estadounidense y se citan conceptos legales complejos.

Las sospechas no tardaron en llegar al propio equipo legal de Guzmán Loera, que ha llegado a desmarcarse públicamente de varios de estos escritos, sugiriendo la presencia de terceros en Estados Unidos que envían misivas en su nombre.

A pesar de las dudas, el juez Cogan ha tenido que tramitar y archivar cada pliego dentro del expediente, desechando la mayoría por considerarlos carentes de sustento jurídico.

La última carta, fechada el 20 de julio, no hace más que reconfirmar la fijación de un hombre que se rehúsa a aceptar su destino final.

Mientras afuera el mapa del narcotráfico se reconfigura tras las resoluciones dictadas en la misma corte para su antiguo socio, Ismael “El Mayo” Zambada, dentro de la “Alcatraz de las Montañas Rocosas” la realidad de Guzmán se reduce a cuatro paredes de concreto.

Esta insistencia casi compulsiva refleja el choque de dos mundos: el de un capo que durante décadas resolvió cualquier problema a través del poder o la evasión, y el de un sistema penitenciario diseñado para impedir que sus reclusos vuelvan a influir en el exterior. Cada nueva misiva que llega a Brooklyn es un recordatorio de esa impotencia.

Mientras el juez Cogan continúa acumulando los folios en la carpeta del caso, “El Chapo” sigue escribiendo desde la sombra, aferrado al papel como el único canal que le queda para gritar que sigue allí.

Redacción/LaPared

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