Culiacán, Sin.- La tarde de ayer viernes, la violencia en el norte de la ciudad dejó de ser una cifra abstracta para tomar la identidad de un adolescente. Horas después de quedar tendido sobre el bulevar Elbert, el joven que permanecía como desconocido fue reclamado por su familia: era Carlos René, un menor de apenas 17 años que cursaba la preparatoria.
La confirmación de su nombre transformó el reporte policial en una tragedia con rostro y rutina. Mientras las autoridades realizaban los trámites en el Servicio Médico Forense para entregar el cuerpo, la noticia de su muerte comenzó a compartirse entre sus compañeros de aula, amigos y familiares, quienes asimilaban que el estudiante asesinado frente al parque recreativo era el joven que conocían.
En el lugar del ataque, entre las calles Tengri Kahn y Anapura, la escena del crimen reflejaba con crudeza su condición de menor de edad. A unos metros del cuerpo, cercados por la cinta amarilla de los peritos, quedaron esparcidos los objetos que cargaba esa tarde: su mochila negra de estudiante, un teléfono celular y un peluche color rosa.
Esas pertenencias, que horas antes formaban parte de su día a día escolar, terminaron sobre el pavimento como los testimonios más directos de una vida interrumpida a los 17 años.
Mientras el personal de la Fiscalía General del Estado realizaba el levantamiento de evidencias y recababa los casquillos percutidos, vecinos del sector observaban con impotencia los objetos que daban cuenta de la juventud de la víctima.
Hasta el momento, las investigaciones avanzan sin que se haya reportado la detención de presuntos responsables ni el móvil del ataque que terminó con la vida del estudiante de preparatoria.
Redacción/LaPared