Versos entre celdas: la poesía ‘alterada’ de los jóvenes del CIPA

Rubén Rivera

El cielo relampaguea y las nubes huyen despavoridas. Son las dos de la tarde de un día cualquiera y empieza a chispitear.  Sin prisa me dirijo para esperar el camión que me conduzca al tutelar de menores para impartir el taller de poesía “La letra escarlata”.

La lluvia despeina a los árboles, los transeúntes se resguardan entre los edificios y las gotas que caen danzan entre el parabrisas. Al llegar al tutelar, recuerdo a Oscar Wilde cuando dijo: Las cárceles están construidas con los ladrillos de la infamia.

Un guardia me pregunta: ¿A quién busca?, le respondo que vengo a impartir el taller de poesía. Espéreme un momento, me dice y se va. Al rato regresa y me revisa mis cosas personales. Bien, todo en orden, dice.

Le pido unas plumas para los jóvenes del taller. Me dice, ¿Cuántas ocupa? Veinticinco plumas, le digo. Bien, cuéntelas compa, cuando las regrese que no falte ninguna, ya que las pueden usar como un arma, esa es su responsabilidad.

Le digo firmemente, con esa arma, jugarán un poco a matar el aburrimiento del encierro y el guardia guarda silencio, como diciendo: que chingados me dirá este cabrón.

Otro guardia me guía, abre el candado de la primera puerta, después abre otro candado de una segunda puerta  y por fin abre el tercer candado para llegar al lugar donde impartiré el taller. Todo esto me hace recordar a Frank Kafka en su libro “El Proceso”, un laberinto sin salida.

Al entrar con los jóvenes se hace un gran escándalo, gritos por todos lados, rempujones entre ellos, hasta que el guardia los ajusta y les pone un orden. Les dice que van a tener un taller y me pide que les hable de que se trata.

El guardia sale y cierra la reja.  La lluvia cae de las hojas de los árboles y el viento canta en el patio. Les digo: voy a impartirles un taller de poesía. Hablaremos del amor, del desamor, de la tristeza, del encierro. Hablaremos para qué sirve la poesía en estos tiempos que vivimos.

Unos jóvenes me dicen que vale verga todo eso, que lo que ocupan es un toque de mota y una buena nalga para estar al cien. Les digo que eso es maravilloso y que si trasladamos todo eso que se ha vivido a la página en blanco sería mejor, como cantarle al dolor, al placer, al amor y allí descargarían sus penas.

Los compas se rieron, pero otros dijeron que sería chingón empezar a trabajar. Sus dormitorios descansan en algunas literas y en el piso, almohadas recargadas en las paredes, sábanas de varios colores tiemblan en el viento, los abanicos giran espantando las moscas que se agrupan por todos lados.

El viento sigue cantando en el patio y me hace recordar a Nazim Hitmet cuando estaba encerrado y le llegaba la mierda hasta el cuello; a Bukowski, cuando se le subían las cucarachas recostado en el piso.

El guardia escucha nuestro diálogo y calla. Algunos me hablaban que querían cambiar, otros me hablaban de su tristeza, de lo bien que se siente estar libre como un pájaro.  Este fue mi primer acercamiento con estos jóvenes.

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El paso del tiempo

Cinco meses estuve viniendo a impartir este taller. En todo este tiempo comprendí que la poesía es necesaria para que tengan otra manera de ver y fraternizar con lo que les rodea.

Muchos de estos jóvenes son asesinos, ladrones, violadores, entre otras. Espero que con todo este tiempo de convivencia con la poesía se haya logrado salvar algo. Me siento alegre de que me hayan aceptado, ya que mi misión era fraternizar con ellos a través con las palabras y que ellos hicieran sus propios poemas de lo que sentían.

Hay les comparto su trabajo creativo, en donde los jóvenes dan cuenta de su soledad, de su tristeza tras la celda, y cómo recuperan sus vivencias y sentimientos a través de la luz, la noche, la luna, la lluvia. Los mismos elementos a los que siempre acude la humanidad para asirse de esta vida.

Poemas desde la cárcel para menores

*

Estoy acostado y la luz del sol me invade, pero estoy triste porque estoy aquí encerrado esperando que me caiga la visita. La noche y yo nos enredamos en el encierro esperando que amanezca, porque la luz de la luna nos pone a quemar cinta. Estoy borrándome por la luz del sol que entra por la ventana.

Noel Valverde

*

La noche es larga y calurosa, las moscas pican y los grillos pasan por mi cabeza y me despiertan. No es fácil vivir en este encierro, pero la luz de la luna me ayuda a seguir en este camino tormentoso que pronto se terminará. Solo me quedan 20 días para que estos días de tristeza se terminen y seguir viviendo libre y feliz.

Jesús Castro

*

La celda es un infierno. Las moscas no te dejan dormir. El guardia en las mañanas no te deja dormir, abre el candado y le pega a las rejas. Este encierro no se lo deseo a nadie. Hoy en este día es mi cumpleaños, me la voy a pasar encerrado, bien aguitado pensando en la libertad de allá afuera, pensando en los abrazos de mi madre que me daba en la casa.

Jean López

*

Cuando era libre me la pasaba quemando mota día y noche. Jamás imaginé que por eso iba a caer hasta el CIPA. No aguanto el desespero de estar encerrado. A veces viajo entre moscos y no me dejan dormir.

Kevin Peña

*

Un grillo estaba jugando con las moscas, cuando de repente se acercó el mariguano y lo mató. Las moscas se quedaron sin alguien con quien jugar.

Alejandro Villalba

*

Estoy aquí encerrado. Me he dado cuenta de lo mucho que brilla la luna en las noches de soledad y tristeza. Y ese gran brillo me hace sentir menos solo y menos triste.

Jesús Castro

*

El amor es como una enfermedad contagiosa

que se va expandiendo y no se puede aliviar.

Pero es algo muy bonito y nunca se acaba

ni con la muerte.

El amor es muy bonito cuando sabemos usarlo

el amor es una lágrima de sangre

que nos va persiguiendo toda la vida.

El amor a veces duele cuando jugamos con él.

¿Hasta dónde llega el amor?

El amor puede ser una rosa,

pero a veces te hace sangrar.

Ángel

*

Ayer estaba acostado,

miré unos grillos que volaban

y caían sobre mi cabeza.

Me levanté,

aplasté sus cuerpos.

Me reía al ver que sufrían

y volví a pensa.

Me asomé por la ventana

y miré una enorme pared blanca

que me hacía imaginar

paseando por las calles y disfrutando.

De repente me acosté

y todo se oscureció en mí

y que me quedé dormido.

Abel

*

Mi amor:

hoy te recuerdo entre la lluvia

que me tranquiliza

y que me hace pensar

qué estarás haciendo.

Y mientras llueve,

esa lluvia son las lágrimas

que me llevan a ti

y me reconfortan.

La lluvia me hace más liviana la vida

y este encierro pasa más rápido,

porque pensando en ti

las horas son más cortas.

Quisiera que este tiempo pasara

para volver estar contigo.

José

*

Estando aquí encerrado

me he dado cuenta

de lo mucho que brilla la luna

en las noches de soledad y tristeza.

Y ese gran brillo

me hace sentir menos solo

y menos triste

Jesús

*Del impreso de LA PARED número 5

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